Redacción
La Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (Semfyc) ha emitido un comunicado denunciando el “grave conflicto de interés” en el que entra la Universidad de Extremadura al anunciar la creación de la Cátedra de Investigación en Reducción de Daño Cardiovascular de Extremadura, impulsada por la Facultad de Medicina de esta universidad mediante un modelo de cofinanciación con la empresa tabaquera Philip Morris.
“Diversas entidades del ámbito sanitario y de salud pública han alertado ya de que esta iniciativa constituye un grave conflicto de interés y una amenaza directa para la independencia científica, al estar financiada por una industria vinculada a una de las principales causas evitables de enfermedad y muerte a nivel global”, ha alertado la sociedad científica en un texto firmado junto al Grupo de Trabajo de Abordaje al Tabaquismo (GAT) y el Programa de Actividades Preventivas y de Promoción de la Salud (PAPPS).
Por los perjuicios que implicaría ante el “riesgo significativo de que la cátedra opere como un instrumento de legitimación indirecta de estrategias corporativas orientadas a mantener o redefinir el mercado del tabaco, especialmente bajo el paraguas del concepto de ‘reducción de daño”, desde la Semfyc instan a la Universidad de Extremadura a que reconsidere la iniciativa.
La creación de una cátedra bajo condiciones de cofinanciación con la industria tabaquera “podría introducir distorsiones en el ecosistema académico, con implicaciones a medio y largo plazo tanto para la investigación como para la formación de profesionales sanitarios”
E insisten en que normalizar estos modelos de financiación como estrategia de lobby multifocal “podría introducir distorsiones en el ecosistema académico, con implicaciones a medio y largo plazo tanto para la investigación como para la formación de profesionales sanitarios”.
Asimismo, ponen de manifiesto que iniciativas como esta resultan incompatibles “con los principios de salud pública” a la vez que contradicen “las recomendaciones del Convenio Marco para el Control del Tabaco de la OMS, que insta a proteger las políticas sanitarias frente a los intereses comerciales de la industria tabacalera”.
En paralelo, la creación de cátedras bajo estas condiciones de colaboración acaban comprometiendo “uno de los pilares esenciales de la universidad: la independencia en la generación y transmisión del conocimiento”.
Dimensión “crítica” con futuros profesionales sanitarios
Por otro lado, la Semfyc recuerda que si el riesgo de que una empresa tabaquera busque colaboraciones con instituciones académicas para impulsar estudios sobre salud, lo es todavía más que lo haga en el ámbito universitario, “donde se forman los futuros y futuras profesionales sanitarios”.
“La Semfyc subraya que la educación médica debe desarrollarse en entornos libres de influencias comerciales susceptibles de distorsionar tanto la percepción del riesgo como las estrategias de prevención y abordaje clínico”, añaden.
Estrategias de “blanqueamiento”
Por último, centran su denuncia en el riesgo de que este tipo de iniciativas funcionen como mecanismos de legitimación reputacional, otorgando credibilidad social a una industria con un largo historial de interferencias en políticas de protección de la salud, algo de lo que ya han advertido organizaciones como el Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo.
Dicha financiación puede condicionar indirectamente, recuerdan, las prioridades científicas, los enfoques metodológicos y la difusión de resultados, especialmente en áreas sensibles como la prevención del tabaquismo o la salud cardiovascular. De ahí que, concluye la sociedad científica, “la coherencia entre los principios de salud pública y las fuentes de financiación no es opcional: es un requisito imprescindible para preservar la integridad y la credibilidad de las instituciones académicas”.









