Anuario iSanidadental 2025
Dr. Lluís Giner Tarrida, decano de la Facultad de Odontología de la Universidad Internacional de Cataluña
La inteligencia artificial (IA) se ha consolidado como una herramienta de apoyo con impacto creciente en numerosos ámbitos de nuestra vida profesional y cotidiana. Desde una perspectiva personal y profesional, considero que su utilización resulta claramente beneficiosa, siempre que el conocimiento que aporta se contraste con prudencia y espíritu crítico, y que se emplee para reforzar —no sustituir— el criterio clínico y científico del profesional.
Así, cuando planteamos a la IA cuáles son los retos actuales y futuros de la odontología, las respuestas obtenidas coinciden notablemente con los debates que desde hace años aparecen de manera recurrente en foros académicos, institucionales y profesionales. Entre los aspectos señalados destacan: el acceso a la atención dental; la relación entre salud bucal y enfermedades sistémicas: la tecnología y digitalización; la educación y prevención; la sostenibilidad y medio ambiente; los aspectos psicológicos del paciente y la empatía; y el aumento de la competencia profesional.
A pesar de que la IA adquiere y reorganiza información a una velocidad extraordinaria —lo que provoca que los matices de las respuestas puedan variar incluso entre consultas consecutivas—, resulta evidente que existe una constante: la necesidad de situar a la persona en el centro de la atención. La IA apunta insistentemente hacia un enfoque integral del paciente, capaz de superar una visión reducida a la enfermedad o patología concreta, y orientado a preservar tanto la salud bucal como la salud sistémica.
Esta orientación coincide con una línea de pensamiento que desde hace tiempo defienden distintos ámbitos comprometidos con la odontología, y evidencia que solo mediante una implicación personal, colectiva y, por supuesto, política, será posible abordar las enfermedades bucales como auténticos problemas de salud de gran trascendencia, equiparándolos a otras patologías médicas. Para ello, es imprescindible proporcionar los recursos públicos y privados necesarios que garanticen la atención odontológica del conjunto de la sociedad y permitan avanzar hacia una cobertura básica universal, tal como ocurre en otros ámbitos de la salud.
Diecisiete años después de la implementación del proyecto Bolonia y la consolidación del grado en Odontología dentro del marco normativo europeo de 2005, nos encontramos ante la necesidad ineludible de actualizar los planes académicos
En este contexto, es pertinente analizar la formación que se imparte en las distintas facultades de odontología de España. En el marco universitario, España cuenta actualmente con treinta y una facultades y escuelas de odontología —de titularidad pública, fundacional o privada— cuya actividad docente se sustenta sobre un marco normativo vigente desde 2008: la Orden CIN, emitida por el Ministerio de Universidades y basada en la Directiva 2005/36/CE del Parlamento Europeo y del Consejo.
Esta orden definió los requisitos formativos para la profesión regulada de dentista y fue elaborada gracias a un proceso de participación conjunta de los responsables académicos de todas las facultades españolas. Bajo la coordinación del Dr. Mariano Sanz — entonces decano de la facultad de odontología de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y presidente de la Conferencia de Decanos—, la propuesta se fundamentó en las directrices europeas y en las experiencias piloto impulsadas por varias facultades dentro del Espacio Europeo de Educación Superior, bajo la supervisión de una comisión de la Association for Dental Education in Europe (ADEE).
El resultado fue un marco legal que garantizaba una formación competencial homogénea y adecuada para la práctica profesional, respetando al mismo tiempo la autonomía universitaria para incluir competencias propias y enfoques estratégicos particulares. Aquel trabajo, desarrollado con rigor, consenso y profundo conocimiento de la realidad educativa del momento, permitió diseñar un marco suficientemente flexible como para adaptarse a los cambios que la odontología ha experimentado posteriormente, cambios cada vez más rápidos, profundos y globales.
Sin embargo, diecisiete años después de la implementación del proyecto Bolonia y la consolidación del grado en Odontología dentro del marco normativo europeo de 2005, nos encontramos ante la necesidad ineludible de actualizar los planes académicos. Esta actualización viene impulsada tanto por cambios recientes — como la Directiva Europea /782 y el Real Decreto 2021/822— como por la evolución del conocimiento científico, tecnológico y clínico, además de una nueva dimensión en la oferta universitaria del grado.
En este contexto, la Comisión Permanente de la Conferencia de Decanos y Directores Académicos de las Facultades de Odontología de España (Crado), con la coordinación del Dr. David Herrera y del equipo decanal de la Facultad de Odontología de la UCM, está trabajando en la redacción de una propuesta dirigida a la Secretaría General de Universidades. Esta iniciativa pretende actualizar la Orden CIN de 2008 y alinearla con los criterios establecidos por las nuevas directrices europeas, lo que dará lugar a la transición hacia la nueva Orden CNU (Consejo Nacional de Universidades). El proceso incorpora no solo el marco normativo comunitario, sino también la valoración comparada de los planes de estudio actualizados de diversas facultades europeas y un análisis profundo del nivel actual de conocimiento.
En la nueva propuesta formativa se está buscando un equilibrio actualizado entre la formación técnica, académica y basada en habilidades, y una formación humanista que refuerce la relación clínica y el trato integral hacia el paciente
Los indicadores internacionales confirman el avance de la formación odontológica en España. En los rankings más prestigiosos, especialmente en el QS Ranking, cinco facultades españolas se sitúan entre las 120 mejores del mundo, con la Facultad de Odontología de la UCM destacando en la posición 14.
Determinar el número exacto de facultades de odontología en el mundo es complejo; según estimaciones consultadas a través de ChatGPT, superan las 1.300 y continúan creciendo a gran velocidad. Un ejemplo significativo es el caso de Brasil, que pasó de 600 facultades a finales de 2024 a 696 hace tan solo una semana. En este panorama global de expansión acelerada y, quizás, desenfrenada, la odontología española puede sentirse razonablemente satisfecha del rigor, la calidad y la profesionalidad con la que se desarrolla la formación universitaria en nuestro país.
En la nueva propuesta formativa se está buscando un equilibrio actualizado entre la formación técnica, académica y basada en habilidades, y una formación humanista que refuerce la relación clínica y el trato integral hacia el paciente, integrada plenamente en el contexto global de las ciencias de la salud. La Conferencia de Decanos mantiene su compromiso con la excelencia educativa, el rigor y la transparencia, principios que se vuelven aún más relevantes ante el notable incremento de la oferta académica a escala nacional e internacional.
Como señalábamos al inicio, la odontología afronta una multiplicidad de retos. Algunos de ellos requieren respuestas desde el ámbito formativo, y están siendo abordados con responsabilidad, profesionalidad y transparencia. Otros, ligados directamente al ejercicio profesional, solo podrán enfrentarse con una visión decidida orientada hacia la excelencia en todos los niveles, especialmente en la formación del criterio clínico y del profesionalismo de los futuros egresados, pilares imprescindibles para el progreso de la profesión.










