Anuario iSanidadental 2025
Dr. Jesús Frieyro, presidente del Ilustre Colegio Oficial de Odontólogos y Estomatólogos de Asturias (Codes)
En los últimos años, la comunidad científica ha reforzado una idea que, desde la profesión odontológica, llevamos tiempo defendiendo: la salud bucodental no es un compartimento estanco, sino una pieza esencial del estado general de las personas. Cada vez resulta más evidente que la relación entre la boca y el organismo es profunda, bidireccional y clínicamente relevante.
Las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la primera causa de mortalidad en Europa y en España. Su origen es multifactorial, y entre sus desencadenantes participan factores clásicos como la hipertensión, la diabetes o el tabaquismo. Sin embargo, desde hace décadas, la literatura científica ha ido señalando otro factor que merece atención: la presencia de inflamación crónica derivada de enfermedades de las encías.
La periodontitis, una patología que afecta a millones de personas, se relaciona con una respuesta inflamatoria sistémica que puede favorecer procesos como la aterosclerosis. Aunque esta asociación no implica causalidad directa, sí establece un vínculo sólido que debe ser tenido en cuenta.
La boca puede, efectivamente, hablar al corazón. Y lo hace de múltiples maneras. Por ejemplo, se ha observado que las bacterias periodontopatógenas pueden acceder al torrente sanguíneo durante episodios de inflamación gingival y contribuir a la formación de placas ateromatosas. A ello se suma la liberación constante de mediadores inflamatorios derivados de la periodontitis, que pueden amplificar procesos sistémicos ya presentes en pacientes de riesgo.
Muchos pacientes desconocen que pueden mejorar su salud cardiovascular cuidando su boca
No se trata de alarmar, sino de comprender que una encía inflamada no es solamente un problema local, sino un reflejo de un desequilibrio que puede tener repercusiones más allá de la cavidad oral. Y no solo la periodontitis: la caries avanzada y sus complicaciones (infecciones pulpares y periapicales) también pueden actuar como focos infecciosos, con potencial de inflamación sistémica y bacteriemias. En pacientes vulnerables, ese contexto refuerza la necesidad de diagnóstico, tratamiento y seguimiento.
Por eso, los dentistas colegiados debemos reivindicar nuestro papel como agentes activos en la prevención de enfermedades cardiovasculares. No sustituimos al cardiólogo ni nos convertimos en especialistas en medicina interna; pero sí asumimos la responsabilidad de detectar, tratar y explicar al paciente que una buena salud bucodental forma parte de su bienestar integral.
En consulta, observamos diariamente signos que pueden ser el primer indicador de un problema más amplio: inflamación crónica, sangrado persistente o movilidad dental son señales de que el organismo está reaccionando a un desafío inflamatorio. Ignorarlas sería una renuncia a la esencia de la odontología moderna: prevenir para curar antes de que sea tarde.
Además, nuestra labor implica educar. Muchos pacientes desconocen que pueden mejorar su salud cardiovascular cuidando su boca. Explicarles que su dentista y su cardiólogo pueden trabajar, cada uno desde su disciplina, en beneficio de su pronóstico, es parte de nuestra responsabilidad. Un paciente informado es un paciente que se cuida más y mejor.
En este sentido, el Colegio Oficial de Odontólogos y Estomatólogos de Asturias (Codes) actúa como garante del ejercicio profesional responsable, promueve formación continuada basada en la evidencia y campañas de divulgación dirigidas a la población. El Colegio promueve la atención de calidad y una odontología alineada con los estándares científicos y éticos que la sociedad merece.
Solo un dentista colegiado está capacitado para diagnosticar, tratar y seguir clínicamente a un paciente, especialmente si presenta factores de riesgo cardiovascular o de cualquier otro tipo
Hoy, más que nunca, proliferan ofertas de tratamientos sin supervisión profesional, plataformas que prometen soluciones dentales sin diagnóstico y servicios que reducen la salud oral a un producto comercial. Frente a ello, recordamos que solo un dentista colegiado está capacitado para diagnosticar, tratar y seguir clínicamente a un paciente, especialmente si presenta factores de riesgo cardiovascular o de cualquier otro tipo.
En definitiva, la relación entre la salud bucodental y la cardiología es un recordatorio de que la odontología es una disciplina sanitaria plena. Nuestro trabajo no se limita a resolver caries o diseñar rehabilitaciones estéticas; somos parte de la red asistencial que ayuda a prevenir enfermedades graves que comprometen la vida de nuestros pacientes.
Si la boca puede hablar al corazón, los dentistas debemos aprender a escucharla y actuar en consecuencia. Desde el Codes seguiremos impulsando la formación rigurosa, la investigación de calidad y la divulgación responsable, porque estamos convencidos de que una población informada y atendida por profesionales colegiados es siempre una población más sana, más segura y más protegida.










