“El uso del antibiótico por si acaso en consultas masificadas no ahorra tiempo a largo plazo: genera reconsultas”

Dr. José Luis Ramón Trapero, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria en el Centro de Salud Haro (La Rioja) y miembro del grupo de trabajo de Enfermedades Infecciosas de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (Semfyc)

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J.L.G. / J.P.R.
La mayoría de los casos de ojo rojo en adultos tienen un origen vírico, alérgico o irritativo, por lo que los colirios antibióticos no aportan ningún beneficio. El Dr. José Luis Ramón Trapero, especialista en medicina familiar y comunitaria en el Centro de Salud Haro (La Rioja) y miembro del grupo de trabajo de Enfermedades Infecciosas de la Semfyc, advierte sobre la sobreprescripción de estos fármacos y reivindica una anamnesis dirigida y una exploración básica que permitan evitar tratamientos innecesarios, detectar señales de alarma y reducir las reconsultas.

Pone el foco sobre el consumo abusivo de colirios antibióticos como tratamiento para el ojo rojo. ¿Cuál es la situación actual en nuestro país? ¿Hasta qué punto se sobreindica antibioterapia en un diagnóstico por ojo rojo?
La situación actual en España refleja una inercia terapéutica profundamente arraigada. En nuestro entorno, el ojo rojo representa entre un 1% y un 6% de las consultas de medicina familiar y comunitaria, y sigue existiendo la tendencia asumida por profesionales y pacientes de que «ante un ojo rojo o con legañas, lo correcto es mandar un colirio antibiótico».

“La inmensa mayoría de las conjuntivitis en adultos son de causa vírica o alérgicas/irritativas, donde el antibiótico no aporta ningún beneficio”

La realidad científica es muy distinta: la inmensa mayoría de las conjuntivitis en adultos son de causa vírica (hasta un 90% de las infecciosas) o alérgicas/irritativas, donde el antibiótico no aporta ningún beneficio. Es más, incluso en las conjuntivitis bacterianas no complicadas, un elevado porcentaje se resuelve de forma espontánea. La sobreindicación es innegable: estamos tratando de forma masiva con antibióticos patologías benignas y autolimitadas. Esto no solo genera costes e inconvenientes innecesarios, sino que nos expone a efectos adversos y alimenta de forma directa el gran problema global de la resistencia a los antimicrobianos.

Recuerda que no es recomendable el tratamiento antibiótico tópico oftálmico en todos los casos. ¿Cuándo no se aconseja indicarlo?
No se recomienda en la inmensa mayoría de los escenarios de ojo rojo que no presenten signos claros de infección bacteriana. Por un lado, en la conjuntivitis víricas y alérgicas, donde el pilar del tratamiento son las lágrimas artificiales, las compresas frías, los antihistamínicos tópicos y las medidas de higiene. Por otro, en las entidades benignas no infecciosas, como el hiposfagma (el típico «derrame» o hemorragia subconjuntival), la epiescleritis o la hiperemia de exposición (por sequedad, ambiental o mal cierre palpebral), donde el uso de colirio antibiótico carece de sentido. En cuanto a las conjuntivitis bacterianas leves no complicadas de entrada, en las que la estrategia de prescripción diferida o el manejo sintomático inicial de 24-48 horas es la conducta más prudente y basada en la evidencia.

“En las conjuntivitis bacterianas leves no complicadas de entrada, la estrategia de prescripción diferida o el manejo sintomático inicial de 24-48 horas es la conducta más prudente”

Solo debemos indicar antibiótico si hay alta probabilidad de etiología bacteriana (secreción purulenta abundante junto a ausencia de picor y pestañas pegadas) o en escenarios de riesgo específicos, como los usuarios de lentes de contacto.

Las soluciones que propone en el documento del ciclo APDay, como una correcta anamnesis y la explotación de las capacidades diagnósticas básicas de la consulta, ¿hasta qué punto son posibles en un contexto de una atención primaria sobrepasada por los cupos y la carga asistencial?
Es una objeción muy real y pertinente. Sin embargo, el paradigma de precisión que defendemos no requiere explorar durante media hora ni disponer de tecnología compleja; al contrario, es una herramienta para ganar eficiencia en consultas saturadas. Manejar el ojo rojo en atención primaria de forma precisa exige apenas cinco o seis minutos si se estructura bien. Consiste en hacer dos preguntas clave iniciales (dolor y agudeza visual), iluminar con una linterna focalizada para ver el patrón de la hiperemia. y aplicar una tira de fluoresceína si hay sospecha de lesión corneal.

El uso del antibiótico por si acaso o para salir del paso en consultas masificadas no ahorra tiempo a largo plazo: genera reconsultas por falta de mejoría, incertidumbre diagnóstica y efectos secundarios. Hacer una anamnesis dirigida y una exploración básica de un par de minutos aporta una rentabilidad clínica enorme, da seguridad al médico y evita visitas repetidas.

“Confundir una queratitis incipiente o una uveítis con una ‘conjuntivitis banal’ y tratarla con un colirio (peor aún si lleva corticoides) retrasa un diagnóstico crítico”

¿Qué síntomas o señales de alarma exigen derivación a oftalmología? ¿Suele confundirse la sintomatología de conjuntivitis leve o moderada con la grave, lo que retrasaría el diagnóstico?
Las principales señales de alarma (red flags) que obligan a derivación urgente o inmediata al segundo nivel son dolor ocular moderado a intenso (no la simple molestia, picor o sensación de arena), pérdida o disminución de la agudeza visual, inyección ciliar o perilimbar (enrojecimiento concentrado alrededor de la córnea, violáceo, que indica afectación de estructuras profundas), alteraciones en la pupila (miosis en la uveítis o midriasis arreactiva en el glaucoma agudo), opacidad corneal o tinción positiva con fluoresceína (queratitis o úlcera) y uso de lentes de contacto con síntomas de agravamiento (riesgo de queratitis por Pseudomonas).

¿Se confunden? Sí, desafortunadamente ocurre cuando la consulta se limita a mirar de lejos el ojo sin discriminar el tipo de hiperemia ni evaluar la agudeza visual. Confundir una queratitis incipiente o una uveítis con una “conjuntivitis banal” y tratarla con un colirio (peor aún si lleva corticoides) retrasa un diagnóstico crítico y puede poner en riesgo la visión del paciente.

“Existe la falsa creencia de que las legañas o el ojo rojo siempre se curan con gotas de antibiótico”

¿Hasta qué punto la educación sanitaria al paciente permitiría reducir la prevalencia de ojo rojo y el consumo de antibióticos tópicos?
Es un pilar absolutamente determinante. En nuestro entorno social existe la falsa creencia de que las legañas o el ojo rojo siempre se curan con gotas de antibiótico. El paciente acude con frecuencia a la consulta o a la farmacia exigiendo esa prescripción.

Educarle en aspectos básicos es fundamental. En primer lugar, debemos detallarle que la mayoría de los cuadros son virales o irritativos y que los antibióticos no aceleran la curación en esos casos. Tenemos que explicarle, en segundo término, el concepto de prescripción diferida: darle las pautas de higiene y el manejo sintomático, indicándole cuándo y cómo usar la receta solo si el cuadro no mejora o empeora en 48 horas. Por último, enseñarle medidas preventivas básicas: lavado frecuente de manos, evitar frotarse los ojos, no compartir toallas en cuadros víricos y mantener un uso e higiene estrictos en las lentes de contacto.

“Reivindicar la exploración básica y el uso racional del medicamento es la mejor forma de proteger la salud visual de nuestros pacientes”

Cuando el paciente comprende el porqué de la decisión y entiende que “más fármaco no significa mejor tratamiento”, la presión asistencial y el consumo innecesario caen drásticamente.

¿Quiere añadir algo más?
Me gustaría enfatizar que la campaña “No todo se cura con antibiótico” del programa APDay de Semfyc no pretende fiscalizar la prescripción, sino empoderar al médico de familia. En el primer nivel asistencial tenemos las herramientas clínicas, el conocimiento y la capacidad para manejar de forma excelente el 90% de la patología ocular banal sin sobremedicar, identificando con total precisión ese 10% que sí requiere atención especial u oftalmológica urgente. Reivindicar la exploración básica y el uso racional del medicamento es la mejor forma de proteger la salud visual de nuestros pacientes y la eficacia de nuestros fármacos a futuro.

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