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La ética de la gobernanza en lo público

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Para abordar la relación entre la ética y la política con la gobernanza de instituciones públicas es necesario partir del origen mismo, de los fundamentos originales entre ambas disciplinas. Ya en las antiguas civilizaciones se encuentran referencias sobre la formación en valores para los gobernantes antes de que asumieran su cargo. De esta manera ejercitarían la política contando con principios éticos que respaldarían cada una de sus decisiones. En la antigüedad aquel que quería participar en los asuntos públicos tenía que pasar por esta disciplina de la ética, la cual era considerada como una rama de la política. Era el filtro para hacer que los hombres que llegaran a ocupar los cargos públicos obraran bien. Las antiguas culturas nos dejaron testimonios muy valiosos en esta materia. El Código de Hammurabi, rey de Babilonia y unificador de toda Mesopotamia en el siglo XVIII a. c. es un documento histórico que señala los principios que debían guardar los ocupantes de cargos públicos. De la antigua China (siglo V a. c.) nos han llegado los cuatro grandes libros del sabio Confucio, de los que se derivan Los principios chinos sobre conducta pública. De los antiguos griegos (siglo IV a. c.) existen las obras de Ética que escribiera Aristóteles o Las obras morales de Plutarco. De la India (siglo III a. c.) existen Los principios del Rey Asoka. De la época de los romanos (siglo I a. c. y siglo I d. c.) contamos con el tratado Sobre los deberes de Cicerón así como Los Tratados Morales de Séneca. “Desde antiguo los seres humanos se percatan de que para vivir bien es imposible dejarse llevar por todas las pasiones que les inducen a obrar, y de ahí que también desde antiguo surja la idea de introducir un orden tal entre las pasiones que unas dominen sobre otras, unas sean dominadoras de las otras” (Cortina, 1998, 64). De esta manera quien ocupaba un cargo lo honraba.

Quien ocupaba un cargo lo honraba

Desde entonces se advertía sobre los riesgos y consecuencias de dejar que personas sin ética gobernaran. “Incitados por el placer y al no ser capaces de dominar sus impulsos los gobernantes obran mal” escribió Aristóteles. De ahí la importancia de que quienes asuman cargos de autoridad pública controlen severamente sus acciones a fin de actuar acertadamente en todo momento. En caso contrario contribuyen a provocar la ruina del Estado.

Pensar en uno mismo y no en los otros es la característica del individuo moderno

Hoy día por el contrario, resurge “la ley de la selva” donde impera el más fuerte y “el hombre se convierte en un lobo para el hombre” como decía Hobbes. Se reavivan confusiones respecto a sí una situación es correcta o no, incluso existe cierto rechazo a las normas éticas ya que éstas son menos atractivas o estimulantes que los principios individuales. El disfrute individual del dinero y los bienes materiales sin duda atrae mucho más que el goce colectivo de los mismos. Pensar en uno mismo y no en los otros es la característica del individuo moderno. Una sociedad sin recursos éticos genera una transformación en la conducta de sus miembros basada en antivalores. Lo que es antiético e inmoral, al extenderse en su práctica diaria, se torna normal e incluso es visto positivamente. La inmoralidad atrae actos inmorales.

Se rechaza la ética son: porque existen intereses económicos bien definidos o una ambición por la riqueza; porque existen compromisos de grupo; porque se práctica la corrupción; porque quienes ocupan los cargos no son políticos de vocación; porque se anhela el poder a costa de lo que sea.

La ética en la vida pública es un producto de primera necesidad

La ética en la vida pública es un producto de primera necesidad. “sin ella no funcionarían las grandes instituciones del mundo moderno y posmoderno, es decir, el Estado, la economía y la empresas, las actividades profesionales y del “tercer sector” o “sector social”. (Cortina, 1998, 98). Las actividades de las instituciones públicas tienen una dimensión ética en tanto que afectan y a las personas y sirven al desarrollo humano.

Si se quiere recuperar la confianza en las instituciones, hay que conocer y abordar cuales son las causas por las que ésta se ha perdido. En general, hay desconfianza porque se pierde la credibilidad. Cuando se miente, se promete y no se cumple, cuando existen necesidades que nunca son satisfechas el ciudadano deja de confiar

Hay desconfianza porque se pierde la credibilidad

La Ética aplicada a la función pública implica servicio a la ciudadanía, es además un importante mecanismo de control de la arbitrariedad en el uso del poder público, un elemento clave para la creación y el mantenimiento de la confianza en la administración y sus instituciones al elevar la calidad de la administración pública mediante la conducta honesta, eficiente, objetiva e íntegra de los funcionarios en la gestión de los asuntos públicos. En tanto no se logre un cambio verdadero y profundo en el pensamiento no se podrá recuperar la confianza en el servicio público.

Prestigiemos por tanto nuestras instituciones y la vida pública; hay que ser modélico en propuestas, pero también en comportamientos; hay que saber estar, pero también hay que saber irse. Dejemos los intereses espurios al margen, y demos ejemplo a generaciones venideras. Será la forma de sembrar las semillas del cambio y no a perpetuar y degenerar lo que por costumbrismo decayó.
..Dr. Francisco M Toquero de la Torre