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La tecnología no puede sustituir la Atención Primaria en las cárceles estadounidenses

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..Flor Cid.
Según un reciente artículo publicado en El Español, la salud de los reclusos en las cárceles estadounidenses está en juego, en función de la proximidad o lejanía de un hospital y de los recursos de los que disponga la cárcel para controlar y garantizar la atención médica a los pacientes presos, muchas veces privatizada. El panorama es variable entre estados y condados, existiendo presidios federales, estatales y correccionales de condados, entre otros.

Un dato es claro: la mayor parte de los fallecimientos se dan en las prisiones estatales, donde se encuentra casi la mitad de la población reclusa del país. En ellas, el cáncer es la primera causa de muerte, seguida de los problemas coronarios. En los centros locales, el principal motivo de muerte es el suicidio y otros problemas de salud.

En las prisiones federales, el cáncer es la principal causa de muerte, seguida de los problemas coronarios

Nuevas tecnologías: aliadas perfectas para el ahorro de costes. El caso de Arizona
Es ampliamente conocido que el derecho a la sanidad en Estados Unidos supone un problema a nivel poblacional general, máxime cuando se trata de lo que sucede con la que se encuentra recluida en los centros penitenciarios. Por su parte, la tecnología es el aliado perfecto para la reducción de gastos y la promoción de la telemedicina, por ejemplo vía Skype, hecho que está siendo aprovechado por muchos de los mencionados centros para hacer tratamientos y diagnósticos, en ocasiones basados en una dudosa calidad asistencial.

La tecnología es el aliado perfecto para la reducción de gastos y la promoción de la telemedicina

La situación más evidente es la que se vive en Arizona. En 2012, hasta 33.000 presos presentaron una demanda contra este estado, que se resolvió con un acuerdo entre las partes. Recientemente, entre otras acusaciones, se ha abierto una investigación judicial por la denuncia de una doctora exempleada de una empresa responsable de la prestación sanitaria a los presos. Según la experta, la política de reducción de costes aplicada se tradujo en una retención intencionada de tratamientos y medicinas para los pacientes que los precisaban.

En Arizona, en 2012, hasta 33.000 presos presentaron una demanda contra este estado, que se resolvió con un acuerdo entre las partes

En una entrevista radiofónica realizada a un recluso de una cárcel de Arizona, éste ha denunciado la administración incorrecta del tratamiento que precisaba, además de no haber tenido acceso a un especialista durante varios meses. La falta de personal y de especialistas es un problema cuya responsabilidad reside en la empresa adjudicataria, que no desempeña adecuadamente sus funciones.

La falta de personal y de especialistas es un problema cuya responsabilidad reside en la empresa adjudicataria, que no desempeña adecuadamente sus funciones

Problemática derivada de la ubicación en áreas rurales alejadas de los hospitales
En muchas ocasiones, la problemática plasmada reside en el coste derivado de la ubicación de las cárceles en áreas rurales alejadas de los hospitales donde están los especialistas. La responsabilidad al respecto por parte de las administraciones penitenciarias reside en invertir fondos tanto en personal médico como en recursos sanitarios.

Volviendo a la tecnología, ésta podría ser la gran aliada para hacer frente a estas situaciones, mejorando los servicios sanitarios a bajo coste. Tal es el caso de las videoconferencias, especialmente útiles en los casos de pacientes con enfermedades mentales. Según una encuesta llevada a cabo por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades sobre la atención médica en la prisión en 2011, en 30 estados ya se usaba esta técnica, sobre todo en psiquiatría, con un 62,2%. En segundo lugar, se empleaba en cardiología, con un 26,6% (según la investigación publicada en 2016).

Las videoconferencias resultan especialmente útiles en los casos de pacientes con enfermedades mentales

No obstante, el uso y la aplicación de la telemedicina ofrece resultados no homogéneos. En el caso de Florida, primer estado que puso en marcha esta tecnología en sus centros penitenciarios estatales a finales de los 80, resultó ser un sistema poco útil y no salió adelante. En lo que respecta a Texas, en los 90, los resultados fueron parecidos, dado el escaso desarrollo tecnológico, que proporcionaba imágenes no útiles para realizar diagnósticos correctos. No obstante, este último es el estado con la mayor población carcelaria del país, con más de 150.000 reclusos y donde más se emplea la telemedicina, con más de 125.000 consultas anuales.

La telemedicina no puede sustituir la Atención Primaria
Hoy se baraja el uso de una unidad de telemedicina estándar que tiene un coste inferior a los 2.000 dólares y que permite la correcta transmisión de imágenes. El proceso es el siguiente: el médico de prisión realiza un examen presencial al paciente, identifica una afección y se la comunica al especialista vía videoconferencia. Tras la sesión, donde el doctor de atención primaria se encuentra junto al preso enfermo, el especialista decide si es precisa una prueba presencial y se programa. Según sostienen algunos expertos, en estos procesos la tecnología es un complemento, y no un sustituto, de la labor médica presencial. Por ello, los profesionales que emplean esta tecnología en sus centros afirman que la telemedicina no puede sustituir la Atención Primaria.

Los profesionales que emplean esta tecnología en sus centros afirman que la telemedicina no puede sustituir la atención primaria

Por su parte, algunas asociaciones sin ánimo de lucro de apoyo a los presos, como La Fortune Society, alertan que el uso de la telemedicina produce un aislamiento de los pacientes presos, pese a que ayude a la reducción de costes. También advierte de una reducción en el nivel de compromiso del profesional, al realizar un diagnóstico a distancia al paciente.

Opinión similar es la que manifiesta el Centro para la Salud de los Presos y los Derechos Humanos, donde afirman que la telemedicina no es la aliada que necesitan las cárceles para resolver sus problemas cotidianos en atención primaria y seguimiento de pacientes. De ahí que pongan el foco en que el ahorro de costes se redirija a propiciar un mejor acceso a la medicación y a los servicios terapéuticos.