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El Real estrena”Díe Soldaten” de Zimmermann, en versión de Calixto Bieito

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..Redacción.
El Teatro Real, con gran valentía y acierto, ha abordado por primera vez la presentación en su escenario y en España este emblemático título del autor alemán considerado como el primer compositor postmoderno, Bernd Alois Zimmermann (1918/1970), basado en la obra del mismo título del escritor Jacob Michael Reinhold Lenz, estrenada en la Opernhaus de Colonia el 15 de agosto de 1965, con una nueva producción propia, creada originalmente por la Operhaus de Zurich (septiembre de 2013) y la Komische Oper de Berlín (junio/julio de 2014)

Por sus planteamientos “Díe Soldaten” es considerada como una obra de obligada referencia en la historia de este género del siglo XX y un auténtico desafío para cualquier teatro. En principio se consideró que, tal y como estaba concebida, necesitaba siete directores musicales. El español Calixto Bieito vuelve de nuevo para presentar este título basado en la idea del escritor Reinhold Lenz concebida hace poco más de dos siglos (1776) como una auténtica premonición al lanzar un fuerte grito contra el horror que supone la degeneración de la mujer que, por las circunstancias actuales de todos conocidas, confrontan al espectador con el sinsentido, la abyección, el horror típico de los tiempos de guerra describiendo a ese tipo de público que solo busca oportunidades para divertirse a costa de lo que sea y sin depararen medios, entre los que, como es habitual, la degradación de la mujer, es uno de sus principales objetivos, sin importarle partir de una inocencia que pronto será pisoteada llegando a la más degradante violencia de la violación que, en el fondo, es la línea que envuelve su desarrollo.

Según el director musical, Pablo Heras, por su estructura musical y producción escénica, es la obra más original y de mayor dificultad con la que se puede encontrar un profesional. El libreto de Rehinholz Lenz describe una situación social tan abrumadora y realista que refleja con fuerte crudeza el estado sicológico por el que atraviesa la sociedad actual en todo el mundo. Una obra que, encargada por la Ópera de Colonia, se diseñó en principio de tal forma que esta misma Institución la rechazó por considerarla irrepresentable. En ella se ofrecen multiplicidad de acciones presentadas a través de significativas imágenes -especialmente las relativas a la protagonista, Maríe, anexas y atomizadas, que se ofrecen como una sucesión de fragmentos que en unos momentos representan el pasado y en otros el futuro. como sucede en una plataforma circular. En líneas generales la obra es un trabajo osado, imprescindible y radical para entender de alguna manera a la sociedad actual en la que los defectos de hombres y mujeres los podemos encontrar en todos los lugares y en cualquier fecha, pero que a la hora de la verdad, los personajes que los sufren son personas inocentes reducidas a la nada. Según su autor, en ella no se cuenta una historia concreta, solo se expone una situación real o, más bien, deja constancia de una circunstancia cuyo origen se encuentra en el futuro, pero que amenaza igualmente al pasado. Su principal protagonista femenino, Maríe, es un personaje puramente naif que, casi empujada por su padre, en su afán por medrar en estas difíciles circunstancias, experimenta una contínua transformación a lo largo de la obra debido a las permanentes humillaciones de que es objeto y ser denigrada hasta el extremo de convertirse en un simple elemento de deseo, sufriendo una dura violación, llevada a cabo por parte de un grupo de omnipotentes y descreídos soldados, pero cuyos autores, en realidad, podríamos haber sido cualquiera de nosotros, representando este acto la degradación, el decaimiento, la muerte y el principio de la desaparición de la humanidad. Con ello, didácticamente, se está dando cuerpo al mismo tiempo a ese mal, catártico y preventivo para que no vuelva a suceder. Esa es la verdadera naturaleza y el mérito de la obra. ¿Por qué tiene tanto interés en estos momentos? Porque pone de relieve esa maldad y brutalidad que hoy se da en la sociedad y porque pinta con claridad la destrucción de las personas que se presentan a través de un collage de imágenes que van apareciendo en sintonía progresiva con la melodía de Zimmermann sin restarle importancia, ante lo cual no procede cerrar los ojos a su paso.

Musicalmente su gran protagonista es la orquesta que, subida en una especie de carro de combate, lanza a través de su luminosa y ostentosa orquestación contínuos disparos a través de su nutrida percusión -constituida por más de 15 timbales y otros tantos elementos de viento- para masacrar a los cantantes protagonistas. De hecho los miembros de la orquesta, para que la acción cobre un mayor realismo, están vestidos con uniformes militares y, según comentó en la presentación Heras Casado, su melodía goza de una estructura ambivalente y ecléctica sobre estilos históricos como pueden ser el canto gregoriano y el barroco de J.S. Bach. Su melodía, concebida como es natural dentro de una arquitectura orquestal totalmente modernista, goza de un gran línea espiritual, similar a la que Alban Berg utilizó en la adaptación lírica del Woyzeck de Georg Büchner. De ahí la aparente semejanza de ambas obras.

 

Puesta en escena:

 Como ya se ha indicado, El Real ha optado con valentía por una obra que encierra una gran dificultad para todos; equipo artístico, vocal e instrumental. Bieito ha realizado un señalado trabajo en su concepción escénica, sencilla pero plagada de recursos y variedades técnicas y orquestales divididas en siete planos fijos y otros móviles bastante problemáticos a la hora de ensamblarlos, donde todo ha funcionado con la precisión del mejor cronómetro suizo. La dirección de Pablo Heras -que se crece ante las dificultades-, el eficaz apoyo del director apuntador, Vladimir Junyent, la escenografía de Rebeca Rings, la iluminación de Franc Evin, que en algunos momentos clavó sus dagas luminosas en los espectadores, el joven elenco elegido para esta ocasión, entre los que cabe destacar las hermosas voces de la soprano Susanne Elmark como Maríe y Pavel Daniluk como Wesener, su padre, así como la reforzada orquesta adecuadamente preparada y conjuntada.

Ahora lo que es de desear es que el aficionado, en general, sepa engullir, valorar y disfrutar adecuadamente de esta también para él dura obra de Zimmermann que, como indica el crítico José Luis Tellez con su formalismo barroco se somete a los intérpretes a una crispación incesante y agotadora, dado que los hechos que se describen en el título original de Lenz tienen la virtud de suceder ayer, hoy y mañana. Todo a un tiempo.
..Fotografia. Javier del Real