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Lecciones aprendidas de la crisis del ébola en España

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..Juan Pablo Ramírez.
Hace ya cuatro años que el Gobierno español decidió repatriar al misionero español Miguel Pajares contagiado de ébola en Liberia. Un mes después decidía traer a Madrid a un segundo misionero, Manuel García-Viejo, también afectado por el virus, aunque esta vez el contagio se produjo en Sierra Leona. La llegada de ambos pacientes produjo un debate intenso sobre la conveniencia o no de tratarlos en suelo español o si resultaba menos arriesgado llevar a cabo el tratamiento sobre el terreno. La polémica llegó a su culmen cuando se conoció que la auxiliar de enfermería Teresa Romero se había contagiado de la enfermedad tras estar en contacto con los enfermos.

Estas tres personas recibieron tratamiento en el Carlos III, que depende del Hospital Universitario La Paz. Durante estos cuatro años, no solo el centro hospitalario, sino todo el Sistema Nacional de Salud ha llevado a cabo una serie de reformas para poder asistir a estos pacientes y minimizar los riesgos. “En 2014, no teníamos ninguna unidad de aislamiento de alto nivel en España. Desde esa crisis, contamos con siete unidades. Si tuviéramos que atender algún repatriado o a algún paciente conocemos mejor la enfermedad y las maneras de hacer una asistencia segura dentro del hospital“, destaca el Dr. José Ramón Arribas, jefe de Sección de Enfermedades Infecciosas de La Paz y responsable de esta unidad de aislamiento situada en el Carlos III.

Dr. Arribas: “En 2014, no teníamos ninguna unidad de aislamiento de alto nivel en España. Desde esa crisis, contamos con siete unidades”

Además de las instalaciones del Carlos III, se han puesto en marcha unidades de aislamiento de alto nivel en el Hospital General de la Defensa Gómez Ulla, en el Clínic de Barcelona, en el Hospital de Donosti, en La Fe de Valencia, en el Virgen del Rocío de Sevilla, y en el Virgen de la Candelaria de Canarias.

Nuevo brote
El pasado mayo vivimos un nuevo brote de ébola en República Democrática del Congo. Durante los primeros días de agosto este virus volvió a hacer su aparición en el mismo país. Durante estos cuatro años, son muchas las lecciones aprendidas. “La gran diferencia entre 2014 con lo que está ocurriendo ahora es que inmediatamente se ha ido sobre el terreno para poner los medios y evitar esto se disemine. Si no queremos que nos salpiquen estas epidemias en casa, hay que actuar sobre el terreno a controlar la epidemia“, subraya el Dr. Arribas.

El responsable de la Unidad de Aislamiento de Alto Nivel de La Paz-Carlos III destaca una segunda lección. “Por primera vez desde 1974 que se describió el primer brote vamos a hacer algo diferente de aislar a los pacientes, seguir a los contactos y hacer prácticas seguras de entrenamiento. Vamos a utilizar una vacuna y esto es histórico en la lucha contra el ébola“, añade el especialista. La vacuna ya se ha probado en más de 10.000 personas y puede ser una opción interesante para frenar la epidemia.

Dr. Arribas: “Estas unidades tienen que dar la mejor asistencia, pero a la vez se debe garantizar la seguridad del personal sanitario”

Tras el paso de los dos misioneros y de la auxiliar de enfermería, La Paz-Carlos III modernizó sus instalaciones para poner en marcha una unidad de aislamiento de alto nivel. “Estas unidades tienen que estar organizadas para poder dar la mejor asistencia posible al paciente con una de estas infecciones, pero a la vez se debe garantizar la seguridad del personal sanitario. Al mismo tiempo tienen que asegurar que el virus que entra no va a escapar“, afirma el Dr. Arribas.

La unidad de bioconetición cuenta con “habitaciones de presión negativa“, explica. Las puertas son automáticas, estancas y están preparadas con sistemas de enclavamiento y seguridad para garantizar el hermetismo de los recintos. Los aseos de las habitaciones están equipadas con sistemas de desinfección con dosificación y de una ducha de descontaminación ubicada en la esclusa de salida y apta para los trajes de aislamiento ventilados. Existe un alto control de los profesionales que acceden a las habitaciones. Todos los recintos están dotados de videocámaras que permiten el control visual permanente.

Una de las imágenes que quedó grabadas en la memoria fue la de los equipamientos de los profesionales que trasladaban a los misioneros. “Utilizamos en esta unidad un equipo de protección individual que estaba por encima de lo que recomendaba el Centers for Disease Control and Prevention americana (CDC, por sus siglas en inglés). Al principio no recomendaba equipos que cubrieran toda la piel, pero nosotros sí lo utilizábamos“, recuerda el Dr. Arribas.

Los equipos ventilados “sirven para procesos de larga duración, puesto que tiene una autonomía de seis horas” y los no ventilados se usan “para procedimientos de corta duración, de media hora como máximo”, aclara la Dra. Concepción Núñez

Existen en la actualidad dos tipos de equipos de protección individual (EPI): ventilados y no ventilados. El primero “sirve para procesos de larga duración, puesto que tiene una autonomía de seis horas” y el segundo se usa “para procedimientos de corta duración, de media hora como máximo“, aclara la Dra. Concepción Núñez, jefa del Servicio de Protección de Riesgos Laborales.

Formación y seguimiento de los profesionales
Tanto el Dr. Arribas como la Dra. Núñez coinciden en la importancia del entrenamiento de los profesionales. En el Servicio de Protección de Riesgos Laborales “formamos a formadores clave de la unidad de aislamiento y estos reentrenan a su vez a los trabajadores de la unidad. Ese entrenamiento lo hacemos cada seis meses y ellos lo hacen cada tres o cuatro meses“, destaca la jefa del Servicio de Protección de Riesgos Laborales.

Los dos casos de Crimea-Congo en España en 2016 sirvieron para poner en valor la formación impartida a los profesionales. “El personal está muy entrenado, todos los trabajadores pasan un examen de salud específico, tienen que estar en condiciones idóneas y los equipos de protección son los mismos que se utilizan en el ébola, porque ya están evaluados, cumplen los criterios y están indicados para la fiebre Crimea-Congo”, subraya la Dra. Núñez.

Además estos profesionales que atienden a pacientes con enfermedades como el ébola o el Crimea-Congo están sometidos a seguimientos médicos que permitan poder actuar en caso de accidente. “Hacemos un seguimiento en el Servicio de Prevención de todos los trabajadores que entran en esas habitaciones desde el primer día que ingresan al paciente, el tiempo que está ingresado y 21 días después. Vemos si el trabajador tiene síntomas, fiebre, si ha tenido algún incidente… Se trata de un control de temperatura,  ver la sintomatología que presenta y si ha sufrido algún incidente. Así nos lo indica Salud Pública“, subraya la Dra. Núñez. En caso de incidente se comunica “con carácter urgente a Salud Pública“.