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“La difícil tarea de gestionar lo común”

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Que existe “lo común” es algo que está fuera de toda duda, porque hay bienes que no son privativos de nadie (el medioambiente es un buen ejemplo de ello); pero lo cierto es que no solemos tratarlos con suficiente interés, como ya ha quedado dicho en estas páginas. Sin embargo, lo común merece ser tratado con interés, y con un interés bien dirigido, pues ha de beneficiar a todos. Y ese es uno de los problemas que tiene “lo común”, que no siempre es gestionado con un interés bien dirigido.

En primer lugar, habría que ver quién es responsable de la gestión de lo común. Y la primera respuesta debería ser clara y tajante: TODOS debemos ser responsables de esa gestión. TODOS deberíamos preocuparnos de la protección y del buen aprovechamiento de los recursos comunes, puestos a disposición de todos los ciudadanos. Todos podemos hacer algo para mejorarlo, todos podemos hacer por no deteriorarlo…

Pero gestionar algo entre muchos puede resultar tremendamente complicado. De ahí que existan procesos para delegar y concentrar las tareas de la gestión de lo comùn en personas e instituciones concretas, que asuman, EN EL NOMBRE DE TODOS, esas tareas. No en nombre propio; no para vanagloria propia, sino al servicio del conjunto de los ciudadanos. Gestionar lo común no es un privilegio, es un servicio que se rinde a la comunidad. Y sólo por ahí, a uno mismo.

Y aquí empieza lo difícil de la gestión de lo común: saber gestionarlo, saber gobernarlo, en el nombre de todos. No en nombre propio, no en nombre de intereses particulares, por muy poderosos que estos sean; no en nombre de una parte de la ciudadanía. ¡NO! Hay que hacerlo en el nombre de todos. Y, por tanto, atendiendo, en la medida de lo posible, al criterio de todos.

Gestionar lo común precisaría, por tanto, de unas cualidades un tanto especiales, entre las que destacaría el ser consciente de la importancia del interés común y el saber cómo operativizarlo, a la vez que comprender su prioridad sobre el bien particular de quien lo gestiona. Hace falta, por tanto, un cierto desapego de lo propio para poder gestionar adecuadamente lo que es común; y no sólo en económico o material, sino también en lo ideológico-conceptual, porque si no se incurriría (como vemos que ocurre a diario por doquier) en una dictadura sobre lo común que echaría al traste su sentido más fundamental: ser de, y servir a, toda la comunidad.

Y vemos que esto falta por todos lados. Son frecuentes las ocasiones en que el interés propio personal de quien gestiona, se pone por delante del interés comùn, e incluso pone este último al servicio del primero. Llamamos a esto corrupción, pero no somos conscientes de que no sólo afecta a nuestros gobernantes, sino que también existe corrupción cuando un particular “del montón”, sin responsabilidades de gestión, utiliza lo que puede de lo común para su propio interés. No saldrá en los periódicos, pero quedará retratado lo que este ciudadano haría en caso de tener alguna responsabilidad sobre lo común.

Y dictadores podemos ser todos, si pretendemos que lo común se gestione únicamente de acuerdo a nuestros criterios, despreciando por completo no sólo los criterios distintos de otras personas, sino a esas mismas personas por tener criterios distintos. Si quien hace esto es alguien con responsabilidad de gestión, se incurrirá, como decíamos antes, en una especie de dictadura sobre lo común, pero si así se comportan cientos de particulares, como pequeños dictadores en potencia, el caos y el enfrentamento colectivo estará servido. Y a río revuelto, ganancia de…

El sistema sanitario de que disponemos es un buen ejemplo de todo lo que hemos dicho: un bien no siempre respetado por los propios ciudadanos, un no siempre bien gestionado por sus responsables, que incluso pretenden que sirva a intereses privados / particulares; un bien que, sin embargo, seguimos construyendo entre todos, con el esfuerzo destacado de muchos profesionales al frente, que permiten que, en la escasez y la precariedad, tantas veces sea prestado un servicio de calidad.

Respetar y valorar lo común, y gestionarlo adecuadamente, requieren algo más que un triunfo electoral. Requieren, fundamentalmente, de un cambio de mentalidad hacia lo común, hacia lo verdaderamente público, que llevará tiempo hacerlo posible. Requiere responsabilizarnos, TODOS Y CADA UNO, de lo común, de lo compartido, de lo público. Y requiere poner su gestión en manos desintersadas y sin ánimo de vanagloria. Difícil, cierto, pero no imposible.

Hay que trabajar por ese cambio, si no queremos que los conflictos entre intereses particulares acaben con lo común. Y sin lo común, lo privado se tambalearía, perdería su referencia y se caería. ¿Quién nos levantaría después?
..Miguel Ángel García Pérez. AMYTS