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Javier López de la Morena: “El sistema salarial por el que se rige el actual sistema sanitario requiere una reforma en profundidad”

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¿Qué le piden los médicos a los nuevos consejeros de sanidad? El Dr. Javier López de la Morena, Médico intensivista del Hospital Ramón y Cajal, miembro destacado de AMYTS, compromisario y miembro de la Comisión para la Reforma de los Estatutos del Colegio de Médicos de Madrid, pero por encima de todo una persona con mucho carácter y una dilatada experiencia institucional y de defensa de los médicos ha explicado lo que él le pediría a los nuevos consejeros que inicialmente ha resumido en:

  1. Transformar el Consejo Interterritorial en un órgano de decisión estatal, con el propósito de emitir normas vinculantes para todo el territorio nacional.
  2. Potenciar la libre circulación de profesionales por todo el territorio español, sin trabas administrativas ni políticas.
  3. Modelo único de pruebas selectivas para selección y provisión de plazas médicas en todo el Estado.
  4. Promover un pacto político para dotar al país de un modelo sanitario común.
  5. Apartar la Sanidad de la confrontación política.
  6. Crear un organismo de Salud Pública a nivel nacional que afronte todas las alarmas sanitarias.

¿Son las privatizaciones más importantes para la prensa o para los médicos?, ¿en qué afecta al médico?
Durante estos últimos años hemos padecido una insistente demonización de los servicios sanitarios públicos por parte de los encargados de gestionarlos. Al mismo tiempo, ensalzaban la gestión privada como la mejor solución para salvar el SNS, manteniendo la asistencia sanitaria gratuita y universal. Antes de denostar el sistema público sanitario por parte de las autoridades sanitarias llamadas a preservarlo (a veces con intereses ajenos al puesto para el que fueron nombradas), les faltó un análisis profundo de la situación y una utilización de los recursos existentes más racional y eficiente.

La implantación de la gestión privada en la asistencia hospitalaria pública, estimada sobre un precio por cápita menor que el generado en los centros públicos, datos realizados con muy poco rigor y sin los estudios comparativos necesarios, ha obviado que, ante el fracaso económico de las empresas encargadas de su gestión, el coste económico repercutiría en las arcas del Estado, con el consiguiente perjuicio para el sector público y escaso riego para los inversores.

Es evidente que las diversas opiniones que surgen a raíz de este tema, satisfacen más a la prensa y demás medios de comunicación, pues les permiten abrir un debate en el que se mezclan política, sostenibilidad y búsqueda de un modelo sanitario común.

Sin embargo, para los médicos el concepto de privatización entendida como gestión de recursos ajenos al sistema público, que dan cobertura a la población protegida por la Sanidad Pública, introduce un factor perverso de desigualdad en las contrataciones (dependientes en este caso de las empresas concesionarias privadas), salarios y condiciones de trabajo que se manejan al albur por dichas concesionarias. Nada que ver con las empresas privadas que ofrecen sus servicios a los ciudadanos sin dependencia del sistema sanitario público.

¿Qué le ofrece el sistema sanitario a un médico profesionalmente?
El sistema sanitario público ha aportado al quehacer médico la oportunidad de desarrollar en libertad todo el potencial científico y técnico de la profesión médica, poniendo a su disposición una red sanitaria modélica que a lo largo de los años, ha hecho de la Medicina española un referente europeo. En este sistema el médico encontró estabilidad, proyección, libertad para aplicar sus conocimientos científico y un esfuerzo continuado para mejorar la atención a sus pacientes, gracias a mantener unos salarios bastante ajustados. Pero a raíz del traspaso de las competencias sanitarias a las CCAA y tras drásticas reducciones en las inversiones, derroches financieros con objetivos más políticos que sanitarios y la falta de criterio de algunos gestores han llevado a los profesionales sanitarios a una grave situación de inestabilidad en el empleo y muy escasa proyección profesional para el futuro, acompañado de menores ingresos económicos. Todo ello repercute en la atención sanitaria a los ciudadanos con el consiguiente deterioro de la asistencia. El aumento de las listas de espera, las desviaciones de pacientes a centros privados, cierres de camas en centros de probado prestigio, las aglomeraciones en urgencias, etc., son algunas de sus consecuencias.

En los centros públicos la repercusión de la crisis en las nóminas de los profesionales sanitarios ha supuesto una reducción de alrededor del 40%, que junto con una importante pérdida de efectivos, ha producido un aumento considerablemente en la presión asistencial que ya venía siendo insoportable.

En cuanto a los centros de gestión privada, la presión economicista ejercida por las concesionarias, ha conllevado como consecuencia, drásticas reducciones de plantilla e importantes reducciones salariales para poder cumplir con su objetivo prioritario: la obtención de dividendos (no hay que olvidar que las mayores aportaciones dinerarias suelen corresponder a fondos de inversión).

¿Está la carrera y la actividad profesional marcada por los problemas financieros de las CCAA?
La respuesta no genera dudas, efectivamente la situación financiera de las CCAA marcan el desarrollo de la actividad profesional y todos los emolumentos que se derivan de ella. Pero con ser un grave problema, no parece el más importante. El traspaso de la Sanidad a las diferentes Comunidades, ha convertido el SNS en 17 sistemas sanitarios diferentes e incapaces de interconectarse entre sí, generando agravios comparativos en cuanto a salarios, incentivos, carrera profesional e incluso condiciones de trabajo. No cabe duda de que el sistema salarial por el que se rige el actual sistema sanitario requiere una reforma en profundidad que contemple la estabilidad y la proyección de una profesión para la que se exige más de 10 años de formación y que en el momento actual, solo ofrece un puesto de trabajo precario y con escaso futuro.

Sin embargo lo que crea mayor incertidumbre en los médicos es la repercusión que este sistema sanitario autonómico tiene sobre los pacientes, a quienes se les impide la asistencia en centros limítrofes entre Comunidades, con consecuencias trágicas en algunas ocasiones.

Todos los estamentos profesionales coinciden en que la Atención Primaria es la base de todo el Sistema de Salud. ¿Qué se puede hacer para potenciarlo?
La declaración de Alma-Ata, aprobada por “Conferencia Internacional sobre Atención Primaria” que se convocó por la OMS en 1978, define la AP como: “La asistencia sanitaria esencial basada en métodos y tecnologías prácticos, científicamente fundados y socialmente aceptables, puesta al alcance de todos los individuos y familias de la comunidad mediante su plena participación y a un costo que la comunidad y el país puedan soportar, en todas y cada una de las etapas de su desarrollo con espíritu de responsabilidad y autodeterminación. La AP forma parte integrante tanto del SNS, del que constituye la función central y el núcleo principal, como del desarrollo social y económico global de la comunidad”.

La AP representa el primer nivel de atención, garantiza su continuidad a lo largo de la vida del paciente y comprende acciones de salud pública tanto de diagnóstico, como de prevención, curación y rehabilitación.

Para potenciar un mejor desarrollo de la AP habría que incidir en varios niveles, comenzando por implantar su enseñanza en las Facultades de Medicina, despertando su enorme interés entre los estudiantes, dotándola de medios estructurales y económicos suficientes, mejorando las condiciones de trabajo de sus médicos, apostando por una formación continuada de calidad y favoreciendo y financiando proyectos de investigación.

La necesidad de aportar más y mejores recursos es un deber ineludible para los nuevos Consejeros sanitarios.

¿Hay alguna institución que “realmente” esté representando al médico y sus intereses profesionales?
Las instituciones representativas de los médicos abarcan varios aspectos: profesionales, laborales y científicas. Las Sociedades Científicas, los Sindicatos Profesionales y los Colegios de Médicos son buena prueba de ello. Pero tradicionalmente el profesional médico se siente bastante alejado de ellas, tal vez con la única excepción de las Sociedades Científicas.

Creo que es un error no potenciar y aprovechar las instituciones de defensa de los intereses económicos y profesionales médicos, ya que cumplen con la importante misión de defender a la profesión médica, sus condiciones laborales y el ineludible reto de conseguirles un salario digno.

¿Por qué no terminan los representantes de los médicos de ser “motores” del cambio del SNS?
Solo se explica desde dos puntos de vista: la falta de interés de los propios médicos y el poco interés de las administraciones públicas. Una representación fuerte y unida de los médicos supondría un freno a las arbitrariedades cometidas por las administraciones públicas. Sirva de ejemplo la resistencia del colectivo médico frente al intento de “privatización” de algunos hospitales públicos.
..Alfonso González