No se pierda

Cuando los médicos violamos el deber de confraternidad, o nos hacemos cómplices de ello

20 de octubre, 2015
Miguel Angel Garcia AMYTS

Un reciente informe publicado por el Colegio Real de Cirujanos de Australasia (RACS en sus siglas en inglés) ha revelado que un elevado porcentaje de sus miembros ha sufrido, a lo largo de su carrera, episodios de discriminación, bullying o incluso abuso sexual. Pero lejos de acotar el problema a sus repercusiones presumiblemente más graves, aquéllas que se generan en las víctimas, el informe extiende el efecto de tan negativo comportamiento incluso al funcionamiento “de los equipos sanitarios que lo conocen o son parte del mismo”, lo que puede llegar a afectar incluso a la salud de los pacientes. Si ya son graves las repercusiones que cualquier tipo de abuso sobre las víctimas, no podemos perder de vista que se trata de un problema estructural e institucional que puede afectar a la calidad de la asistencia que se presta.

El informe es una respuesta del Colegio a las acusaciones recibidas por su inacción tras hacerse público que Gabrielle McMullin, cirujana australiana, había comunicado por escrito a dicho Colegio, ya en 2008, varios casos de abusos de poder con implicaciones sexuales de las que habían sido víctimas tres jóvenes residentes de la especialidad. En sus comunicaciones, la cirujana reflejaba cómo dicha práctica y sus consecuencias estaban hasta cierto punto internalizada en los entornos australianos de formación en Cirugía y cómo incluso compañeros varones le desaconsejaron el iniciar un proceso de reclamación ante los organismos oportunos.

En la investigación, encargada a un Grupo Asesor Experto y que se realizó a través de diferentes modalidades de entrevistas y encuestas, se encontró que un 49% de los cirujanos australianos (incluyendo a los médicos en formación y a los de origen extranjero -que ostentan un estatus específico hasta que consiguen la nacionalidad-) había sufrido alguna vez en su carrera discriminación (18%), bullying (39%), humillación en el puesto de trabajo (19%) o abuso sexual (7%), habiéndose denunciado al menos un caso en los últimos cinco años en más del 70% de hospitales. En el caso del bullying, se considera que “es nuclear en la cultura quirúrgica”, existiendo consenso en que los casos más graves son orquestados intencionalmente y perpetrados por un reducido grupo de personas que abusan de su posición de poder; de la discriminación por sexo también se dice que es habitual en la especialidad. El colectivo más expuesto a este tipo de comportamientos es el de los médicos con título extranjero, sobre quienes la discriminación racista es muy frecuente.

Entre los problemas que parecen contribuir a que esta situación se mantenga en el tiempo se señalan la existencia de una cultura del miedo que lleva a no denunciar, la escasa utilidad de los procesos de reclamación existentes, la transmisión de este tipo de comportamientos de una generación a la siguiente, la falta de capacidades docentes en quienes tutorizan la formación de residentes y la falta de escrutinio externo del proceso de evaluación, el silencio de los compañeros y la excesiva jerarquización profesional; se habla incluso de que algunos de los perpetradores de bullying son “intocables”, personas sobre las que no se puede actuar debido a sus múltiples influencias. Pero también se hace referencia a una cultura organizacional y profesional tóxica, con frecuentes abusos de poder y la creación de ambientes “cómplices” en los que el miedo a las represalias y el silencio de los compañeros envenenan el ambiente de algunos equipos sanitarios y contribuyen al hundimiento personal y profesional de quienes son víctimas de este tipo de comportamientos.

El documento, asumido por el Colegio Real, acaba haciendo una serie de propuestas para el cambio en las áreas de liderazgo profesional, formación especializada y gestión de las quejas, y proclama alto y claro su compromiso contra la discriminación, el bullying y el abuso sexual:

Es (un comportamiento) malvado, antiprofesional y que puede tener terribles consecuencias adversas en las personas que lo sufren… Degradan a la persona y le impiden alcanzar su verdadero potencial, siendo responsable de la pérdida de un talento profesional valioso. Todos perdemos con la discriminación, el bullying y el abuso sexual, y todos somos responsables de prevenirlo”.

Puede parecer extraño que nos hagamos eco de esta situación en estas páginas, pero tiene todo su sentido. Cierto que nuestra lucha, la de AMYTS, para defender al médico, al facultativo y a su ejercicio profesional, suele tener enfrente a la Administración, o a jefes con un papel delegado de la estructura sanitaria, pero también es cierto que, con frecuencia, nos encontramos que son precisamente médicos quienes, en algunas ocasiones, cometen abusos de poder contra otros médicos. Y que, tal y como dice el informe que hemos traído a colación, se nos hace muy difícil defender al médico víctima del abuso porque quien lo comete está en una situación un poco intocable, y/o porque los compañeros, que ven y saben, prefieren callar y no arriesgarse, y/o porque también contribuimos a mantener una estructura laboral con cierta toxicidad que se transmite de tutores a residentes, manteniendo algunas filosofías nada basadas en el respeto y apoyo entre compañeros, al fin y al cabo entre personas… El propio caso que presentamos muestra bien a las claras cómo ese tipo de situaciones, cuando no se les pone remedio, envenenan el ambiente colectivo y acaban dando pie a comportamientos consentidores, o que asumen los abusos como parte del estatus-quo, o que incluso hasta los justifican…

No podemos consentir estas situaciones, que desmotivan, desmoralizan e incluso destruyen al compañero que las sufre, y que desmotivan, desmoralizan e incluso destruyen equipos y ambientes profesionales. No podemos estar indiferentes a este tipo de corruptelas que se dan en nuestro entorno, aunque nosotros nos libremos y sean otros compañeros quienes las sufren. Tenemos que ser capaces de hacer de los centros sanitarios unos centros de realización personal y profesional de los facultativos, de todo el personal sanitario, y unos centros de servicio auténtico a la población desde lo mejor que aquéllos pueden dar. Con unos profesionales bien reconocidos y bien motivados por las condiciones de ejercicio de la institución, pero también por el trato fraterno (la confraternidad a la que se refiere el art. 37 de nuestro Código Deontológico), amistoso, constructivo y positivo entre profesionales. Trabajemos juntos (syn-) por construir esa “justicia” (diké), y hagamos de la profesión un auténtico sin-dicato. Ese reto sí está en nuestras manos, y no depende de ninguna mesa de negociación.
..Miguel Ángel García Pérez. AMYTS