Inicio ASP Tratamiento de la sordera súbita con IGF-1

Tratamiento de la sordera súbita con IGF-1

Compartir

Según las doctoras Teresa Rivera e Isabel Varela-Nieto, en las últimas décadas se ha producido un incremento significativo en la prevalencia de algunas enfermedades relacionadas con la audición, debido al aumento de la edad media de la población. Los estudios epidemiológicos demuestran que el grupo de población mayor de 60 años ha aumentado notablemente y se calcula que puede constituir el 40% de la población en la segunda década del siglo XXI.

La presbiacusia o pérdida auditiva relacionada con la edad es la causa más común de hipoacusia, así como también la enfermedad neurodegenerativa predominante en la población mayor de 65 años que hoy afecta ya , aproximadamente, al 40% de la misma. La presbiacusia repercute notablemente en la calidad de vida de las personas que la padecen. Por estas razones, su diagnóstico y tratamiento está adquiriendo cada vez una mayor importancia en la salud pública.

Muchos son los factores que contribuyen a la pérdida auditiva en relación con la edad. Entre ellos se encuentran los genéticos y los ambientales. La forma más común de esta dolencia está causada por las alteraciones que se producen en el oído interno, pero también puede darse como resultado de los cambios en el oído medio o de otros más complejos que se pueden producir a través de las vías nerviosas que conducen al cerebro. La pérdida auditiva asociada con presbiacusia ha sido generalmente mayor para los sonidos de tono alto en todas las especies estudiadas. Los realizados recientemente sobre la histopatología y genética molecular de la hipoacusia en el hombre apoyan la utilidad de los realizados también en cierto tipo de animales para avanzar en el conocimiento de la presbiacusia, especialmente el ratón por sus características genéticas (Los síntomas vestibulares están presentes en más de la mitad de las personas ancianas, ya que el equilibrio depende de los sistemas vestibular, visual y sensorial periférico, que generalmente se suelen degenerar al mismo tiempo, que al disminuir su función en uno o más de estos sistemas facilitan que se produzcan alteraciones del equilibrio, además de la hipoacusia).

La presbiacusia tiene una gran repercusión en las personas mayores, ya que disminuye su capacidad de comunicación y autonomía, dando lugar con ello a que se limiten las oportunidades de ser un miembro activo en la sociedad. Esta dolencia lleva aparejado un coste económico elevado para el paciente y para el Sistema de Salud. Los efectos secundarios de esta carencia sensorial incluyen cambios en la percepción, en la personalidad y, sobre todo, en una fuerte introversión y aislamiento social.

El grupo de la Dra. Isabel Varela-Nieto, del IIB Alberto Sols, que trabaja sobre modelos animales deficientes en IGF-1, cuya carencia está relacionada con un tipo de hipoacusia neurosensorial, ha unido sus experiencias a los realizados por el grupo del Dr. Luis Lassaletta, del Hospital La Paz, para quienes una futura terapia para combatir esta dolencia podría basarse en el empleo de inyecciones intratimpánicas de IGF-1.

La Dra. Isabel Varela-Nieto lleva ya dos décadas estudiando la implicación del factor IGF-1 en el desarrollo del oído interno. En los años 80 descubrió el primer caso de hipoacusia por mutación en IGF-1, que desembocó concretamente en una sordera neurosensorial sindrómica acompañada de retraso en el crecimiento.

Se trata de una enfermedad rara de la que, afortunadamente, todavía hay muy pocos afectados. Aun cuando hoy los casos de alteraciones en las dos coclias se pueden contar en la literatura científica con los dedos de las manos, los afectados heterocigotos representan un número algo mayor dentro de su poca incidencia, pero pueden resultar clave para conocer mejor esta patología. La inyección de IGF-1 se considera, de momento, como una primera solución a la hipoacusia neurosensorial.

Actualmente se conocen cinco mutaciones diferenciadas en IGF-1, la última de ellas no produce sordera total porque la secreción del factor no es suficientemente significativa. Durante los últimos diez años, el grupo de Varela, perteneciente al Laboratorio de Neurobiología de la Audición en el Centro de Investigaciones Biomédicas Alberto Sols de Madrid, se ha valido de modelos de ratones deficientes en IGF-1 para desentrañar la relación concreta entre el factor y la hipoacusia.

Homeostasis coclear
Su grupo, al que pertenecen también los doctores Silvia Murillo, María Rodríguez, Guadalupe Camarero, Lourdes Rodríguez y Raquel Martínez, ha estudiado esta deficiencia en relación al envejecimiento y ha comprobado que la sordera se debe a una pérdida neuronal por apoptosis: “La cóclea no mantiene la homeostasis, hay más estrés oxidativo y aparece la hipoacusia con alteraciones metabólicas asociadas al estrés vascular“.

En uno de sus hallazgos más recientes, Varela-Nieto ha incluido un nuevo agente de estudio, la retina, y ha descubierto que la carencia de IGF-1, junto con el envejecimiento, acelera la pérdida de visión, provocando casos de sordoceguera. Estos resultados están vinculados con modelos de estudio que cuentan con la primera de las mutaciones descubiertas en IGF-1, en concreto una detección en el exón 3, que mantiene niveles nulos de factor circulante.

¿Por qué afecta específicamente al oído la falta de IGF-1? Un análisis por microarrays ha desvelado que son numerosos los genes implicados, algunos relacionados con el desarrollo retiniano. Varela-Nieto destaca la relevancia del factor de transcripción MEF2, que hasta ahora no se había vinculado con el oído interno, y la de factores de la familia forehead, concretamente el FOXM1, que compensa en parte los efectos de IGF-1.

En definitiva, IGF-1 es fundamental para el funcionamiento neuronal y para la homeostasis coclear, lo que abre la puerta a una terapia, “quizá como apoyo a los implantes cocleares, que tendría más posibilidades en el sentido de protección que en el de regeneración“. Un grupo japonés ya ha dado uno de los primeros pasos y ha inyectado con éxito de forma transtimpánica IGF-1 en casos de personas afectadas de sordera súbita. Se trata del equipo del Dr. Takayuki Nakagawa, perteneciente a la Universidad de Kyoto.

Inyección intratimpánica
En este nuevo escenario, el clínico, ha entrado también en contacto el Dr. Luis Lassaletta, del Hospital La Paz, de Madrid, que ha empezado a colaborar con Varela. Según ha explicado, el tratamiento estándar en este tipo de problemas son los corticoides intravenosos, “que suelen responder con la regla del tercio: uno de cada tres afectados mejora sensiblemente, uno de cada tres no, y en el último tercio hay algunas mejoras pero escasas“.

Ante esta situación, el estudio del IGF-1 sugiere la idea de que, “una vez comprobada la utilidad de la inyección intratimpánica de corticoides, sustituir ésta por la inyección de IGF-1” con objeto de observar sus resultados. Lassaletta confía en llevar a cabo un ensayo con afectados en los que los corticoides intravenosos no les han resultado útiles. Serán dos grupos: uno tratado con corticoides intratimpánicos y otro con inyección de IGF-1.

La estatura podría estar vinculada con la hipoacusia y los déficits de IGF-1
Lassaletta y Varela-Nieto han destacado la necesidad de localizar, en primer lugar y de estudiar después , a los pocos pacientes conocidos que tengan hipoacusia y deficiencias de IGF-1, especialmente a los que sufren una deficiencia parcial, más fáciles de localizar porque su número es algo mayor. Según han explicado, combinar los análisis de audición con técnicas de imagen del oído interno es una de las posibilidades, a las que deben añadirse estudios sensoriales más complejos que incluyan los ámbitos vestibular y visual, pero sus investigadores quieren ir más allá; Lassaletta introduce la posibilidad de que los niveles de audición estén relacionados con la talla de las personas, de forma que “a menos estatura podría haber una mayor hipoacusia a lo largo de la vida“. Realizar ensayos con personas sordas y de poca estatura podría ayudar a desentrañar si, como el médico del Hospital La Paz sugiere, “una menor altura puede estar relacionada con deficiencias de IGF-1“. Por su parte, Varela-Nieto señala que, dado que cualquier ayuda puede ser útil, se está empezando a estudiar la relación que existe entre nutrición y audición.
..Redacción