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Acoso laboral en entornos sanitarios

3 de mayo, 2016
Acoso laboral

La revista BMC Medical Education se ha hecho eco recientemente del problema que supone el acoso laboral en los centros sanitarios, en concreto en el ámbito de la formación especializada. H. B. Leisy y B. Ahmad, del Departamento de Oftalmología de la Facultad de Medicina de Nueva York, en el artículo “Transformando las actitudes para la educación de residentes en el lugar de trabajo: descubriendo soluciones para el acoso laboral de residentes médicos a través de una revisión de la literatura“, han realizado una revisión de las publicaciones en torno al tema y han resumido dicha revisión en una serie de contenidos claros y concretos. Se trata de un tema de tanto interés en nuestro medio que intentamos resumir a continuación los contenidos más importantes de dicha revisión, aunque recomendamos su detallada lectura.

Comienzan recogiendo varias definiciones, de las que se desprende que el bullying es un conjunto de actuaciones dirigidas, deliberadamente o no, contra uno o más trabajadores que no las desean, causándoles humillaciones, ofensas y distrés, y que pueden interferir en su actividad laboral o causar entornos de trabajo desagradables. Esas actuaciones pueden consistir en intentos de desprestigiar o controlar injustificadamente la actividad de una persona, humillarla públicamente, abusar de acciones disciplinarias, emitir amenazas o bromas vejatorias, agresiones físicas o psicológicas o daños contra la propiedad, exclusión de los grupos de trabajo, de sus estructuras de liderazgo o de sus cauces de información y comunicación, presiones exageradas sobre aumentos de productividad… Mecanismos todos ellos desgraciadamente presentes también en nuestro medio, que llegan a afectar a un número importante de profesionales, que alcanza en algunos países a más del 90% de los mismos.

Entre los factores desencadenantes de estas situaciones, los autores recogen la existencia de regímenes muy jerarquizados (típicos en muchos entornos hospitalarios), los silencios cómplices o asustados ante la posibilidad de represalias (muy significativo el título de uno de los artículos que citan, “El silencio mata: siete conversaciones cruciales en Sanidad”), la mala interpretación del proceso formativo como un proceso de sacrificio que lleva a aceptar comportamientos inaceptables en otros entornos, el desconocimiento de los cauces de comunicación y denuncia, el miedo a represalias, la negación por parte de muchos profesionales, los comportamientos heredados.

Todo ello puede llevar a efectos indeseables en la salud y autoestima de los profesionales afectados, en su compromiso profesional y en la calidad de la atención que prestan, pero por si fuera poco todo ello puede además incidir negativamente en la calidad o en los costes de la atención sanitaria, reduciendo la seguridad de los procesos asistenciales. De ahí que la prestigiosa Joint Comission, entidad norteamericana acreditadora y certificadora de asistencia sanitaria, haya tomado clara postura pública en torno a este problema.

Menos mal, y aquí viene la buena noticia, que existen mecanismos para prevenir las situaciones de acoso y abuso laboral, y aquí tenemos una gran tarea por delante. En primer lugar, considerar que todo acoso laboral es prevenible, y no negar la existencia a una realidad tan presente en las instituciones sanitarias. Es fundamental una actitud de tolerancia cero ante el abuso, una adecuada formación a los profesionales, una mentalidad de trabajo en equipo, un liderazgo que promueva un ambiente laboral saludable y el diseño de intervenciones y mecanismos que contribuyan a una resolución adecuada de los conflictos que puedan surgir en la actividad profesional. Para los residentes, en concreto, también se proponen una adecuada supervisión/mentorización de su proceso docente, una formación adecuada en habilidades sociales y el desarrollo de cauces que garanticen la seguridad de cualquier denuncia de comportamientos de acoso.

Es intolerable que en cualquier institución, y en particular en las instituciones sanitarias, este tipo de comportamientos de abuso puedan estar tan extendidos como sugiere el artículo y como, por otra parte, vamos conociendo del día a día de nuestro sistema sanitario. En primer lugar, por lo que supone de falta de respeto básico a los derechos humanos de cualquier trabajador, de cualquier profesional; en segundo, por lo que supone de silencio tolerante o cómplice del entorno en que ocurren.

Tenemos que ponernos seriamente a trabajar en asuntos como éste, que pueden dañar tan seriamente la salud personal y laboral de cualquiera de nuestros profesionales. Contra los abusos, tolerancia cero. Vengan de donde vengan.
..AMYTS