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Los beneficios de las pastillas inteligentes

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Hay colectivos de pacientes con enfermedades crónicas que por su edad, tipo de vida o personalidad no llevan bien lo de seguir un tratamiento. Se les olvida cuántos fármacos y con qué frecuencia tomarlos. O peor: se confunden y toman los que no deben. Las consecuencias son ilustrativas: sólo en Estados Unidos se calcula que este problema causa 125 mil muertes al año y el 10% de las admisiones hospitalarias. Para minimizar este problema, la compañía Redwood City patentó Proteus Discover, considerada como la primera pastilla inteligente. Aprobada por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA), esta píldora incluye un sensor comestible que reacciona con el ácido estomacal para enviar una señal eléctrica a una banda pegada en la piel del paciente. Esta señal es descodificada por una aplicación, para ser luego monitorizada por el paciente y el doctor.

La experiencia ha dado muy buenos resultados

Proteus Discover no sólo controla cuándo se ingiere un fármaco, sino que también registra patrones de sueño y actividad física. Este pastilla inteligente fue utilizada por primera vez en California, donde se usó para hacer un seguimiento a pacientes con hipertensión no controlada y comórbida. Y en el pasado congreso del Colegio Americano de Cardiología se presentó un estudio sobre el uso de esta pastilla inteligente en 96 pacientes con hipertensión no controlada y diabetes tipo 2. Los resultados mostraron que la mayoría de los participantes que ingirieron Proteus Discover alcanzaron el objetivo de presión arterial en la cuarta semana de tratamiento.

La última aplicación hospitalaria de esta pastilla inteligente se localiza en Dallas, donde se está usando en el marco de un proyecto de salud con adolescentes trasplantados, colectivo en el que los olvidos en la ingesta de fármacos es más habitual. La experiencia ha dado muy buenos resultados. Dos ejemplos personalizados: el sistema alertó a los doctores de que una chica de 16 años no había aumentado la dosis cuando se suponía que debía hacerlo y que un joven de 18 años sólo estaba tomando un medicamento una vez al día en lugar de dos, como se le había prescrito.

El reto de la batería

También el Massachussets Institute of Technology (MIT) apuesta por el uso de pastillas inteligentes para que, por ejemplo, el paciente se tome un comprimido una única vez y luego el medicamento se vaya liberando de forma gradual en las dosis prescritas. En este sentido, el reto a superar es siempre el mismo: la fuente de alimentación, pues algo que uno ingiere no puede estar conectado a la corriente. El objetivo es por tanto diseñar una batería que se pueda tragar sin causar daños y que tenga suficiente autonomía.

El propio ácido del estómago recarga los sensores y les da autonomía

El MIT, al igual que ya ocurre con Proteus Discover, apuesta por el propio ácido del estómago para recargar los sensores y darles autonomía. De hecho, durante mucho tiempo, el ácido se ha utilizado para desplazar electrones de un metal a otro y generar corriente. Y siguiendo esta premisa, los investigadores del MIT han diseñado una batería de zinc y cobre que genera corriente eléctrica al entrar en contacto con el ácido estomacal. Tras implementar la batería en una pastilla inteligente, la probaron con cerdos y comprobaron que el sensor era capaz de enviar datos a un ordenador cada 12 segundos de forma continuada.

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