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El incremento de las operaciones quirúrgicas, nuevo desafío para el manejo del dolor agudo postoperatorio

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El aumento de la esperanza de vida y la mejora en los avances científicos está incrementando el número y la complejidad de los procedimientos quirúrgicos. Un ejemplo son los casos de cirugía ortopédica, que se estima que aumenten de manera exponencial. “Se espera que en 2030, la mitad de las prótesis se colocaran a personas de menos de 65 años”, explica el doctor Christian Drüsteler, miembro de la Unidad de Tratamiento del Dolor del Servicio de Anestesiología, Reanimación y Terapia del Dolor del Hospital Clinic de Barcelona y coordinador de la I Jornada de actualización en el Dolor Agudo Postoperatorio: Calidad y Seguridad, organizada en Barcelona por el Hospital Clinic, con el apoyo de la Societat Catalana de Dolor y la Societat Catalana de Qualitat Asistencial, y la colaboración de Grünenthal. Teniendo en cuenta esta realidad, este incremento supondrá un reto para los gestores de salud y “el adecuado manejo del dolor agudo postoperatorio será un desafío”, señala el doctor Drüsteler.

El objetivo de esta jornada es reunir a profesionales sanitarios, gestores y responsables de las administraciones públicas y crear un foro de debate sobre futuros proyectos para mejorar la calidad de vida de los pacientes con dolor. “Queremos compartir la importancia que tiene el manejo del Dolor Agudo Postoperatorio (DAP), enfocado desde la calidad asistencial y la seguridad de los pacientes”, señala el doctor Manel Santiñà, Presidente de la Sociedad Española de Calidad Asistencial, responsable del Área de Atención a la Ciudadanía de la Dirección de Calidad del Hospital Clinic y co-coordinador de la jornada.

Los profesionales coinciden en que los pacientes intervenidos sufren en mayor o menor medida este tipo de dolor, “ya sea tras una cirugía mayor (operación más compleja, que a menudo implica intervenir dentro de una cavidad como el abdomen o el tórax), o tras la cirugía de sustitución articular, por ejemplo prótesis de rodilla o de cadera, que es el más difícil de controlar”, explica el doctor Drüsteler. El DAP es una de las causas más habituales de insatisfacción, limitación funcional, retraso en la recuperación, prolongación de la estancia hospitalaria y complicaciones postquirúrgicas, y los últimos estudios revelan que hasta el 40 % de los pacientes sometidos a una intervención sufre dolor intenso en algún momento tras la operación1-2.

El manejo del dolor como indicador de calidad asistencial
“El dolor es un parámetro clave para la buena calidad de vida de cualquier persona. Si un paciente sufre dolor tras una operación no percibirá mejoría en su salud y lo asociará a la idea de que la intervención no ha ido bien”, explica el Dr. Santiñà, quien añade que también es un indicador de la calidad de la atención sanitaria, ya que los profesionales disponen de suficientes herramientas terapéuticas para aliviar la algesia.

En este sentido, el Dr. Santiñà apunta que trabajar con la perspectiva de la calidad asistencial facilita alcanzar este objetivo, al poner el foco en la necesidad y percepción del paciente. “Para poder conseguir un abordaje correcto los profesionales tenemos que tener en cuenta las diferentes dimensiones que engloba la calidad a la hora de enfocar el abordaje del manejo del DAP: en concreto la efectividad, la eficiencia, la continuidad, la adecuación, la satisfacción, la accesibilidad, la aceptabilidad, la comunicación y la seguridad”.

Asimismo, los profesionales reunidos comparten la idea de que el abordaje del DAP requiere del trabajo coordinado de los diferentes servicios, estamentos y especialidades que intervienen en la atención a un paciente quirúrgico, durante su estancia en el hospital y durante su periodo de recuperación.