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Medicina y enfermería; trabajo en equipo: sí o sí

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Ahora que acabamos de celebrar un Congreso Internacional de Enfermería, en Barcelona, con indudable éxito, ahora que se vislumbra dialogo en la peleada prescripción enfermera, ahora que la sanidad española y su calidad, ganada en años de éxitos y buen funcionamiento, y ahora que con la crisis, recortes y desidia de los políticos que solo la han usado en el debate electoral ignorándola al poco tiempo, hay que volver a reivindicar el esfuerzo de todo el personal de todas las categorías que con su profesionalidad, han conseguido minimizar los efectos y consecuencias que sobre los pacientes se perciben cada día
La inteligencia del hombre de forma individual es mucho más débil que la inteligencia colectiva de un grupo humano. De hecho, el ser humano no hubiera podido sobrevivir sin su carácter gregario. Por ello, la importancia de los grupos y los vínculos que se establecen dentro de ellos, forma parte de la historia misma de la humanidad.

Por esto, uno de los papeles más trascendentes en todo este avatar, es la importancia de trabajar en equipo, además de reflexionar acerca de los conceptos equivocados que a veces tenemos acerca de esta idea, y el valor añadido que aporta esta forma de trabajar, tanto en los profesionales como en la empresa a la que pertenecen.

Un equipo de trabajo es un conjunto de personas que interactúan entre sí intensamente de forma que cada una influye en las demás y éstas influyen en ella, para conseguir un objetivo o satisfacer ciertas necesidades. Referido esto al mundo sanitario, este objetivo común no es otro que la salud y bienestar del paciente.
Entre los numerosos los factores que determinan el éxito de un equipo:

  • Competencia técnica y científica de los miembros del equipo
  • Establecimiento de una relación empática profunda que favorezca la fluidez comunicativa y la autocrítica
  • Liderazgo reconocido y aceptado por todos los miembros del equipo
  • Delimitación adecuada del campo competencial de cada uno de los integrantes del equipo
  • Normas comunes, objetivos interdependientes y un objetivo común

Una de las principales ventajas del trabajo en equipo es que nos permite obtener sinergias, es decir, el todo es superior que la suma de sus partes (se obtienen mejores resultados trabajando en común que si cada uno de los miembros trabajara por separado y posteriormente se reunieran con sus resultados individuales). Esta sinergia viene determinada por la interdependencia de las tareas de sus miembros, que pueden ser de diversos tipos:

  • Tareas aditivas
  • Tareas disyuntivas
  • Tareas conjuntivas

Las relaciones profesionales entre colectivos, en el caso que nos atañe, podemos distinguir entre enfermería y medicina, sean cada vez más horizontales y menos verticales, para ello necesitamos un líder que gestione adecuadamente. Emociones tóxicas como puede ser la envidia, o positivas como el entusiasmo, el compromiso o el sentido de pertenencia al grupo, son vitales para el devenir del equipo, y su adecuada gestión determina en gran medida el éxito o fracaso del equipo.

En nuestro ámbito sanitario, el campo competencial de cada uno de los miembros dentro del grupo suele estar muy delimitado, por el simple hecho de tratarse de personas procedentes de diferentes disciplinas (enfermeras, médicos, TCAE, psicólogos, trabajadores sociales, etc.) y como hemos comentado anteriormente, esta es una de las características que ha de cumplir un equipo de trabajo. Pero es a la vez, una de los problemas que surgen a la hora de trabajar, pues en ocasiones esta delimitación y especialización de tareas (esto es tuyo, esto es mío) deriva en individualismos, donde olvidamos que nuestro objetivo común es el paciente, y no que nuestra labor individual sea excelente.

Hemos de ser conscientes y valorar lo que aporta cada disciplina, como valor único, y centrar todos los esfuerzos en un objetivo común, el paciente. No es ser excelentes de manera individual, o ser la especialidad o profesión “estrella” epicentro de todo lo demás; es al contrario, unir esfuerzos, puntos de vista, y competencias científicas para lograr una adecuada atención, que abarque todas las esferas que componen el ser humano, como un todo indisoluble.
Los gestores sanitarios son responsables , en la medida en que la organización cambie, como lo hace también la sociedad y las circunstancias, y estructure las organizaciones acorde al tiempo que vivimos; estrategias de abordaje del paciente crónico, gestión por procesos, gestión clínica, protocolos y guías de práctica clínica flexibles, menos hospitalocentrismo, etc

Debemos saber mejorar y cambiar, pero lo más importante, y quizás lo más difícil, por otra parte, sea cambiar nuestra mentalidad como profesional y , desechar paradigmas y estereotipos del pasado, formas de trabajar obsoletas, e impregnar el sistema nacional de salud con un espíritu real de equipo y colaboración.
Necesitamos un liderazgo profesional global e interprofesional, tenemos constituida “la asociación no jerarquizada”, conocemos nuestras funciones, estamos sensibilizados sobre la necesidad del trabajo en equipo… entonces, ¿por qué no trabajamos en equipo? ¿Qué es lo que falla?

Ese liderazgo, ha de ser un liderazgo efectivo, un miembro del equipo que conozca las aptitudes (capacidad, suficiencia e idoneidad) de cada miembro y que lo ejerza con unas actitudes (disposición de ánimo, dar y recibir, y, sobre todo, escuchar) adecuadas. Pero también es necesario que todos los miembros del equipo compartan la misma idea y fines (identidad de grupo) y que sigan la misma filosofía de trabajo, el liderazgo ha de proporcionar garantías de éxito, con unos objetivos claros (sin perder el norte, nuestro compromiso diario con el paciente), unos procedimientos y herramientas de trabajo clínico y administrativo adecuados para cumplir esos objetivos y una apropiada y efectiva división del trabajo (designación de roles y seguimiento del desempeño de los mismos). No debemos olvidar tampoco el papel de una formación adecuada para cumplir esos roles, ni la importancia de una comunicación real y fructífera entre los miembros del equipo.
En sanidad, todo es complejo, complejo sí; difícil no. Tengamos las cosas claras. Basta con saber todo lo que cada uno de nosotros puede aportar, estar dispuestos a ser complementarios, a converger en pos de un objetivo común, a coordinar nuestro trabajo de una forma organizada y comunicándonos con los demás de una forma abierta. Todo esto sobre unas bases sólidas: confianza en nosotros mismos y en el equipo y compromiso de dar lo mejor de sí mismo y en anteponer el éxito del equipo al propio. Restauraremos otra vez una “joya de la corona” como la sanidad pública y universal de calidad.
..Dr Francisco M Toquero de la Torre