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Los ignorantes y la filantropía

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Veo con sorpresa y estupor el debate originado a raíz de la donación de la Fundación Amancio Ortega, para la compra de equipos de diagnostico del cáncer. Debate, por cierto “cainita y demagógico”, de unos supuestos defensores de la sanidad pública, que con sus gritos demuestran la ignorancia y falta de argumentos en un tema tan antiguo, como novedoso quizás para nuestro país, como es la filantropía y el mecenazgo.

Desde hace décadas, grandes familias empresariales (Botín, March Koplovitz, Gamazo, Masaveu, etc) han primado en sus fundaciones particulares los programas culturales o científicos. Resentidos también por la virulencia de la crisis de los años 2007 a 2012 fundamentalmente, vivida en España desde 2008, con centenares de miles de familias sin un solo ingreso, ha acabado por alterar las prioridades y casi todas estas instituciones se han decantado hacia programas de ayuda directa a los colectivos más desfavorecidos.

Este cambio ha sido paradigmático en la Fundación Amancio Ortega, creada en 2001. Si bien empezó trabajando en tareas educativas, se ha ido adentrando en programas sociales. “El 83% del gasto de nuestra fundación va al área social y solo el 17% a la educativa”. En 2014 la fundación del propietario de Inditex inauguró una nueva sede para la Institución Benéfico Social Padre Rubinos en A Coruña, con una inversión de 30 millones de euros. Además, dispone de comedor y habitaciones para transeúntes sin recursos, una residencia de mayores con 146 plazas y una escuela infantil con 100 plazas. Entre 2013 y 2015 ha destinado 15 millones de euros a la construcción de escuelas.

Sin embargo, la aportación más mediática de Ortega fue la entrega de una donación de 20 millones de euros a Caritas.

Las mismas hermanas Koplowitz, Alicia y Esther, fueron las pioneras en preocuparse por la sanidad, la investigación médica y la ayuda a los desfavorecidos. Junto con un extenso programa social de atención a desfavorecidos y discapacitados de 18 años sin respaldo familiar, patrocinan el Centro de Esclerosis Múltiple de la Comunidad de Madrid Alicia Koplowitz, una fuerte actividad en residencias para personas de la tercera edad y asistencia psicosanitaria a menores, enfermos y discapacitados. Ambas financian proyectos de investigación biomédica, donaron el robot Da Vinci en Madrid, y crearon el Centro de de Investigación Medica Aplicada de Navarra
Ahora unas CCAA como Aragón o Canarias rechazan el dinero para tratar a enfermos de cáncer porque viene de un rico. Claro, dignidad ante todo… Estos ataques de orgullo mal entendido, tan habituales recientemente en nuestro querido país, son la definición perfecta de sectarismo ideológico, de la mediocridad intelectual de algunos de nuestros dirigentes, y de las excrecencias ideológicas a las que se acogen.

Este es el problema de creerse en posesión de la verdad y con el juicio claro para discernir lo que está bien de lo que está mal. Posiblemente sean donaciones bien recibidas si lo son para los propios partidos políticos, o en pos de la igualdad cultural y religiosa de confesiones muy minoritarias,

Esa donación finalista para equipos oncológicos ¿qué tiene de malo? Los hospitales tienen equipos viejos, y los pacientes los necesitan nuevos, la administración no tiene dinero y un hombre, que sí, lo dona para bien de muchas personas. Claro que no sean finalistas para que en otro alarde de buena gestión de evaporen esos fondos sin saber donde han ido a parar

25 empresas que conforman el Patronato de la Fundación Alimentum han entregado 200.000 kilos de alimentos y bebidas a los 55 bancos de alimentos que hay en España. Se beneficiaron 1.511.805 personas. ¿Nos lo planteamos igual? Sería algo parecido: “¡Pero quién quiere la ayuda, la lástima, la compasión, la indulgencia de los que pueden comer todos los días! ¡Oye, la dignidad de millón y medio de personas es lo primero, que se devuelva toda esta comida porque España no necesita la caridad de nadie!”. ¿Se imaginan la memez?

Nuestro parque tecnológico es muy obsoleto, equipos con más de 18 años cuando no deberían superar los 6 u 8. Administraciones, como la de Andalucía, por ejemplo, empezaron a solicitar dinero a donantes. Amancio Ortega ya donó 40 millones de euros el año pasado para esta renovación tecnológica.

Otras administraciones ya dijeron ese famoso “¿y yo, qué?”. La Fundación Amancio Ortega se lo planteó bien y estudió el coste por comunidades de la renovación mínima del parque tecnológico para reducir la obsolescencia.

Ortega ha venido a resolver algo que las comunidades necesitaban, que el Estado no podía pagar, y que ellas mismas en una gestión desastrosa , más política que profesional , no han sabido preveer

Estas donaciones, deben ser y son complementarias, transparentes y nunca deben, ni lo harán, sustituir la financiación del SNS, que depende de los Presupuestos Generales del Estado”, bien gestionados, de manera profesional y racional, primando su vocación de servicio público, sin lastras políticas y de “merchandising”.

Con toda seguridad, el futuro de la Sanidad pública nunca quedará al albur de una filantropía sanitaria. Mañana puede que no haya donaciones, algo no descartable si seguimos siendo un pueblo que, además de desagradecido, critica y menosprecia a quien quiere hacer algo bueno. Como decía el escritor Arturo Graf “La sabiduría y la razón hablan, la ignorancia y el error gritan”.
Dr. Francisco Toquero de la Torre ex Vicepresidente de UEMO Europa