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Llega el intrusismo político en la profesión sanitaria

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El Código Penal considera intruso a “El que ejerciere actos propios de una profesión sin poseer el correspondiente título académico expedido o reconocido en España de acuerdo con la legislación vigente, incurrirá en la pena de multa de seis a doce meses. Si la actividad profesional desarrollada exigiere un título oficial que acredite la capacitación necesaria y habilite legalmente para su ejercicio, y no se estuviere en posesión de dicho título, se impondrá la pena de multa de tres a cinco meses. Si el culpable, además, se atribuyese públicamente la cualidad de profesional amparada por el título referido, se le impondrá la pena de prisión de seis meses a dos años”.

Este párrafo en si definitorio debería ser, un texto de cabecera para los gestores de la Administración Sanitaria, en algunas de nuestras Comunidades Autónomas, yo diría que en todas en mayor o menor medida.

Cuando veo la noticia, comprobada, de que en una agenda de un médico de primaria se le cita a un paciente cada minuto, no puedo como profesional nada más que demostrar no solo rechazo , sino impotencia de cómo la situación empeora , a pesar de los supuestos remedios y progresos que supuestamente se nos vendo a la sociedad.

Cuando un médico tiene en la agenda una cita por minuto me surge el rechazo y la impotencia

Receta electrónica, sistemas informáticos de ayuda a la prescripción, mejora de las condiciones laborales, conciliación de la vida familiar y profesional… mentira, todo mentira, al profesional sanitario en general no solo no se le facilita su ejercicio profesional, sino que todas estas modernizaciones que nos deberían proporcionar más tiempo para dedicarlo al paciente, y facilitar y estimular un trabajo de servicio público, vocacional y exigente en cuanto a la seguridad clínica y calidad asistencial en el compromiso con el paciente, auténtico fin de las profesiones sanitarias, se ve alterado por los criterios políticos, economicistas de gestores no profesionales que son correa de transmisión lacaya de quien gobierna.

Este incremento en la tecnología que se aplica a las diferentes enfermedades: hay mejores y más complejos sistemas de diagnóstico y de tratamiento. Ello no debería llevarnos en absoluto a prestar una menor atención a la relación entre el paciente y los profesionales, ni a disminuir su valor. Se trata de compaginar la tecnología con la atención a los aspectos más humanos de la atención sanitaria.

Es patogonomónico y enfermizo ese desorbitado interés en gestionar y organizar la asistencia sanitaria de espaldas a los profesionales, a los trabajadores y sus representantes y con los pacientes, en la fusión hospitalaria de Granada tenemos el último ejemplo.

También se atreve a gestionar la agenda de un profesional, a romper esa relación, basada en confianza y seguridad, ¿nos extrañamos de las agresiones? Cuando es la administración la que ha convertido al profesional altamente cualificado en un burócrata atado de pies y manos. Se programa el tiempo, se limita en primaria la petición de pruebas diagnósticas, se racionalizan al máximo los botiquines de urgencias en las urgencias, y se burocratiza tanto administrativamente al profesional que parece más un funcionario conservador de estructura que un solventador de problemas. Hay que fomentar esa relación que se comienza a crear desde el primer contacto que se da entre ellos: ya en ese momento se produce un intercambio de mensajes no verbales (a través de la mirada, la sonrisa), y verbales (como los saludos informales). La relación irá creciendo, manteniéndose y en algunos casos variando, a lo largo del periodo que dure la atención sanitaria. Hay que dar autoridad al profesional, confiar en su quehacer, formarlo en sus competencias más deficitarias y por supuesto facilitar su trabajo en el resto de aspectos.

Es importante generar un respeto y una confianza mutuos entre el paciente, trabajadores y los profesionales. También el que estos hagan ver que toman los problemas de los pacientes seriamente, mostrando interés por cómo se encuentran, cómo viven su enfermedad y tratamiento, humanizar en definitiva. Es bueno que en las conversaciones entre los profesionales y pacientes el profesional ayude a que el paciente se encuentre relajado y que facilite el que hable abiertamente sobre los temas que le interesen, haga preguntas o exprese comentarios y emociones. Esto necesita tiempo, habrá consultas burocráticas, eliminémoslas en lo posible, quizá cada paciente se tiene que gestionar su botiquín o su consumo de medicinas. Es bueno para la relación entre profesional y paciente, exista una comprensión mutua del papel de cada uno de ellos.

Pacientes, profesionales y trabajadores sanitarios, son personas y por ello comparten sentimientos, necesidades y otros aspectos, es bueno que el profesional se presente como una persona segura y con dominio de las técnicas de diagnóstico y tratamiento que está empleando. Respetando la autonomía del paciente a la hora de tomar decisiones.

Desde siempre, uno de los deseos que más suelen indicar los profesionales sanitarios, es el de disponer de más tiempo para hablar con los pacientes, desde la creación de la Plataforma Diez Minutos en la que se reclamaba como mínimo diez minutos, hasta hoy donde te imponen un minuto. Disponer de tiempo para que el profesional solo dedique el espacio suficiente en la consulta para hablar con el paciente, para que este la haga preguntas y las pueda contestar. Pero también incluimos el que el profesional dentro de su horario pueda estar disponible para hablar con el paciente si este lo solicita, o con que disponga de tiempo (y por lo tanto lo haga) para acercarse sin ser necesariamente llamado por el paciente, y le pregunte por cómo se encuentra, y por si necesitara alguna ayuda.

Comencemos algún día a actuar con un mínimo sentido común.
..Dr Francisco M Toquero de la Torre