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Hay que insistir en que Atención Primaria sigue necesitando más inteligencia

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Leo en este medio que se ha publicado un estudio realizado por las vocalías Atención Primaria de la OMC en colaboración con la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM), que da a conocer la situación del Médico de Atención Primaria en España durante 2016. Este estudio viene a reforzar mi tesis que ya escribí en este mismo medio: primero invertir más en inteligencia, lo del dinero viene después.

En el estudio que nos ocupa, se aportan datos interesantes, tanto que me han inspirado esta reflexión. Quisiera exponer mi interpretación de los mismos:

  • En situaciones normales, casi el 54% de los médicos atienden diariamente a más de 35 pacientes, lo que significa que el 46% restante están por debajo de los 35 pacientes.
  • Las demoras se incrementan en períodos vacacionales y afectan al 69% de facultativos de Atención Primaria, lo que quiere decir que el 30% restantes no lo sufren.
  • De los médicos de Atención Primaria con cupo asignado (3.079 de los encuestados) el 42,9% aseguran tener más de 1.501 tarjetas individuales asignadas. Lo que significa que la mayoría no llegan a esas 1.500 tarjetas. De ellos, en situaciones normales, el 74,5% atienden a más de 35 pacientes al día. Lo que significa que 1 de cada 4 con más de 1.500 tarjetas asignadas no llegan a las 35 consultas diarias.
  • El 44,3% reconoce que tiene demoras en su consulta en condiciones normales, lo que quiere decirse que la mayoría de los médicos en situaciones normales no experimentan demoras en consulta.

Conclusión: El principal problema es el desequilibrio entre la oferta y la demanda, teoría económica que vale para esto también, pues no deja de ser una cuestión de utilizar eficientemente los recursos reorganizando las capacidades de cualquier organización para dar respuestas a las demandas de su público.

Como ya comenté en dicha reflexión, hay que meter inteligencia organizativa, es decir, de negocio. Pues si existen prestadores de servicios con sobrecarga y otros más ociosos (sería interesante conocer el dato, por cierto) habría que reequilibrar el sistema, Y después buscar mayores eficiencias en la prestación y, finalmente, si aún se estima oportuno, más presupuesto. Pero en este orden, pues más dinero no es igual a mejor sanidad ni más eficiencia.

Ya sé que aplicar esto es imposible en un marco de rigidez laboral y basado en plazas en propiedad que impiden tanto la movilidad como una remuneración más justa en función del desempeño (no pagar sólo por hacer más). Habría que transformar un modelo asistencial rígido en otro más flexible. De lo contrario, como pronostica el estudio que nos ocupa, ”En menos de 10 años el SNS, tal como lo conocemos, habrá dejado de existir”… O al menos seguirá con los mismos problemas arrastrándose, pues estimo que el servicio público amortiguará sus ineficiencias buscando el ciudadano la alternativa de la oferta de la mal llamada asistencia privada. Es cierto que la misma aporta a la sanidad de este país mucho más que una via de escape, aunque también juegue ese papel… pero eso es “harina de otro costal”…
..Antonio Burgueño Jerez