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El sistema nacional de salud se aleja de las farmacias

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Poco a poco se está limitando la prestación farmacéutica a través de las oficinas de farmacia tal y como venía siendo, para dar ese servicio desde hospitales públicos a través de múltiples iniciativas. Todo con el fin oficial de ahorrarse un dinero, y centralizar la negociación con los fabricantes.

En el caso de los medicamentos caros, la Administración consigue pagar cada vez menos en medicamentos de pacientes a través de las farmacias, pero aumenta la factura en medicamentos de pacientes ambulantes dispensados en hospitales. Desde su punto de vista, se están ahorrando el margen de la farmacia, que constituye la retribución para toda la red de farmacias instaladas a lo largo del territorio nacional. Para un paciente, la farmacia de su pueblo o la que tiene debajo de su casa o del trabajo, el hecho de que no le puedan dispensar una parte de la medicación que necesita (la más cara), es un grave inconveniente, y le obliga a desplazarse hasta un hospital público.

Una buena parte de estos medicamentos no requieren ningún tipo de monitorización. La farmacia de hospital se limita a adquirirlos y dispensarlos en una función que no le es propia, ya que su función primordial es la atención a los pacientes ingresados.. Por lo tanto, las condiciones de acceso de un ciudadano normal han empeorado enormemente. Pierde tiempo en horario de jornada de trabajo, y se desplaza muchos kilómetros. Recientemente, un informe de la consultora IMS para la patronal de mayoristas de medicamentos ya valorada en 54 millones el ahorro, en el mejor de los casos, que se logra para la administración con este sistema, sin contar las nuevas necesidades de estructura de las farmacias de hospital.

En el caso de las residencias de mayores, las distintas administraciones buscan centralizar la prestación de los residentes igualmente desde hospitales públicos, en detrimento de las farmacias que se han especializado en servir los medicamentos a los usuarios de las residencias. El ahorro todavía no se ha concretado, aunque se habla de una prestación farmacéutica de más nivel. Sin embargo el Consejo General de Colegios de Farmacéuticos, representando a toda la profesión, se ha posicionado defendiendo la capacidad profesional y asistencial de la red de farmacias para atender centros sociosanitarios y residencias en las mismas condiciones que las que se piensan para los servicios de los hospitales.

Pero en realidad el espejismo está en la negociación con los fabricantes y conseguir un precio por debajo de la media de los países de nuestro entorno, algo que no siempre se consigue, porque la centralización en la Administración exprime proporcionalmente muy poco el recorrido del precio. En realidad el ahorro es nimio frente a la decisión de perjudicar la accesibilidad del servicio farmacéutico para los pacientes. Lo que subyace de todo esto es un pensamiento ideológico que no contempla las casi 23.000 farmacias como parte del SNS y más concretamente del sistema de atención primaria, porque son todas privadas y concertadas, en vez de públicas, como los servicios hospitalarios.

Las Administraciones que están modificando los criterios tradicionales, que no son todas, se equivocan en dos cosas: en no potenciar la atención primaria, en la que se encuentran las farmacias, como factor imprescindible de mejora de salud y eficiencia económica,  y en el coste global que van a pagar, tarde o temprano, en su afán de asistencia especializada y hospitalaria.
..Luis de Palacio Guerrero. Presidente de la Federación Empresarial de Farmacéuticos Españoles (FEFE)