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¡No quiero hablar de igualdad!

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No, no quiero hablar de igualdad, porque no soy igual, porque considero más importante aprovechar que somos distintas. Lo que quiero es igualdad de oportunidades, para poder aportar, con nuestras diferencias, los beneficios de la diversidad.

Hace apenas unos días leíamos que la Sociedad Europea de Oncología Médica hacía pública su preocupación por la infrarrepresentación de mujeres liderando equipos de investigación oncológica (por debajo del 40%) o su escasa presencia en congresos internacionales (por debajo del 30%). Apenas unos días antes se hacía público cómo la Comisión Central de Deontología, Derecho Médico y Visado quedaba sin representación femenina (12 hombres para debatir sobre aspectos relacionados con la ética y la deontología de una profesión mayoritariamente femenina). También hemos atendido atónitos a cómo la última foto del Foro de las Profesiones Sanitarias no mostraba representación femenina alguna. Sigue siendo frecuente ver conferencias, debates, entrevistas en medios de comunicación en las que sólo participan representantes masculinos para hablar desde el futuro de las profesiones sanitarias, hasta el de la sanidad en general. Y sin embargo, la realidad de las profesiones sanitarias es bien distinta.

No pretendo abrir un debate sobre la igualdad de méritos y capacidades, sobre los motivos que nos llevan a la desigualdad de representación, ni tan siquiera sobre si esto es percibido por los profesionales, los pacientes, la población como una realidad o incluso un problema (la propia sociedad de oncología realizó una encuesta sobre si los profesionales consideraban que existía igualdad de oportunidades, y, mientras el 77% de los hombres consideraban que sí la había, esto sólo fue percibido como tal por el 35% de las mujeres). No pretendo nada más que exponer una realidad que, aunque incómoda, sigue siendo la que es… Porque no olvidemos que “la vida no es como debería ser, es como es”.

Lo que sí me gustaría es abrir los ojos más allá, mirar y ver qué pasa a nuestro alrededor. Sí, a realidades que están más allá del ámbito sanitario.

Es nuestra responsabilidad impregnarnos del conocimiento ajeno, ese que, más allá de la enfermedad que trae a los pacientes a nuestro sistema, convive en la sociedad global. Necesitamos contagiarnos de la complejidad real de ese mundo, que parece impenetrable en nuestros despachos, nuestras instituciones y así, a través de la diversidad que inunda la realidad, ser capaces de dar una respuesta más adecuada a las necesidades que hoy nos demanda esa sociedad real, la del otro lado de nuestros muros.

Empecemos por considerar que lo frecuente no siempre tiene por qué ser normal, que si hay algo que puede mejorarse debe de intentarse mejorar, que hay vida más allá de la conveniencia o los años de permanencia, que la diversidad, aunque resulte más incómoda que la homogeneidad de opiniones, es fuente de visiones, experiencias e ideas que mejoran la visión de las estrategias o los problemas, porque dan una visión más real.

Es nuestra responsabilidad intentar construir un lugar donde la suma de todos sea más importante que la suma de las partes y que, lejos de buscar en la similitud la excusa, busque en la diversidad su estrategia.

¡Feliz semana!
..Dra. Patricia Alonso Fernandez. @patriciaafdez