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“La casa de Bernarda Alba”, estreno mundial como ópera de cámara en castellano, en el Teatro de la Zarzuela

..Redacción.
Como preámbulo al año lorquiano madrileño y apoyo a la celebración granadina con el mismo carácter, el Teatro Nacional de la Zarzuela presenta el estreno mundial en castellano de esta versión operística del conocidísimo título de García Lorca La casa de Bernarda Alba, recientemente convertido en ópera en tres actos por el compositor Miguel Ortega, basada en el libreto de su asiduo colaborador, Julio Ramos, más conocido por su seudónimo, Bruno Broch.

Para dar vida a esta clásica obra del escritor granadino, La Zarzuela ha seleccionado a un experimentado equipo artístico constituido por voces tan acreditadas como Nancy Fabiola Herrera , Carmen Romeu , Marifé Nogales, Belén Elvira y Luis Cansino, entre otros, a los que se ha unido la dilatada experiencia teatral de Julieta Serrano y la de Ezio Frigerio como escenógrafo, el propio compositor Miguel Ortega al frente de la dirección musical y Rubén Fernández que además de colaborar en la parcela musical de dirección interviene en los solos de piano, con Bárbara Lluch al frente de la dirección de escena

La casa de Bernarda Alba ha recorrido ya con altísima nota casi todas las disciplinas artísticas. Además del teatro en la mayoría de los países, ha pasado también por el cine, el ballet, los musicales y, ahora, por la ópera de cámara, de la mano del compositor Miguel Ortega, que ha tenido un largo periodo de gestación en el que. además de contar con su propia iniciativa y deseo, su antecedente más directo comienza con la versión en inglés – Bernarda Alba Haus del compositor alemán Aribert Reiman. Los antecedentes en español se remontan al año 2007 con el estreno en el Teatro de la Ópera de Brasov (Rumanía) en versión sinfónica, para culminar definitivamente su actual estructura en el año 2009 con el estreno en los Festivales de Santander y Perelada.

Según comenta el propio compositor Miguel Ortega, en la obra de Lorca, musicalmente reveindica el uso de la atonalidad, no del dodecafonismo, estilos tan frecuentes actualmente en el género operístico que tanto le distancian del público. Ha optado por la utilización pura del recitativo sinfónico que le va mejor al desarrollo dramático del contenido de la obra en la que el autor acude a los conceptos clásicos de religión, virginidad, obediencia paterno-materna, socialmente vividos con una hipocresía exacerbante y agobiante rodeado, por si fuera poco, de una auténtica sensación de claustrofobia en la que la música, acertadamente, al caminar siempre muy paralela con el texto, juega un importante papel, lo mismo que el color , la luz y la simplicidad escénica. Una obra que por la similitud con otros grandes títulos del verismo, ya consagrados, el la considera como neo-verista. No en vano el autor refleja en ella el lenguaje y la ideología naturales del mundo rural propias de la época.

Puesta en escena
A pesar de su sencillez, la escenografía de Ezio Frigerio y Riccardo Massironi , resulta muy práctica y efectista, a la que Bárbara Lluch le ha sacado un enorme partido para su dirección escénica incluso en los momentos de las alusiones a personajes que, a pesar de estar en el texto, no aparecen nunca en escena, como el caso del repetido Pepe Romano, del que todas las hermanas están enamoradas, porque como dice Ana Vega Toscano en el programa de mano “El teatro es la poesía que se levanta del libro y se hace humana”. La iluminación De Vinicio Cheli colabora también a la belleza escénica general de la obra, especialmente en los momentos finales, como el suicidio de Adela.

El elenco vocal, esencialmente femenino como es preceptivo, salvo la presencia del barítono Luis Cansino, que fue una Poncia ideal por la rigurosidad de sus gestos y formas que no cayeron nunca en las fáciles y cómodas posturas femeninas. Fue siempre una mujer más y muy bien elegido el timbre de su voz para darle más carácter a la obra. Julieta Serrano desplegó como siempre su entrañable y atractiva forma de dar vida a un personaje de ficción que sirvió para aportar un poco de ternura a la tensión y dureza con que Lorca ha construido el verismo de su obra. El resto del elenco ha llevado muy bien tanto la parte dramática como la musical, salvo en los agudos que, en diversos momentos, han resultado algo subidos de tono.

Muy bien acompasada la dirección musical del propio compositor Miguel Ortega, que, como es obvio, nadie como él conoce los difíciles entresijos de su partitura, así como la pequeña orquesta – solo quince instrumentos extraidos de la titular del Teatro- que se han visto obligados a actuar de una forma extremadamente versátil.

En definitiva, una obra muy agradable de ver y escuchar con la que el aficionado podrá disfrutar muchísimo.