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“Don Carlo” abre la nueva temporada de Ópera del Teatro Real

La obra más extensa de Verdi y la que ha sufrido mayor número de revisiones

Fotografía: Javier del Real

..Redacción.
La temporada 2019/20 de Ópera del Teatro Real, 23ª desde su reapertura, presidida por SS. MM. los Reyes Felipe VI y Leticia, se inicia con este gran título verdiano, 23º de su extenso catálogo de 26 obras, que desarrolla un tema netamente español creado originalmente por el escritor inglés Friedrich Schiller sobre cuyo texto Joseph Méry y Camille du Loche realizaron el libreto basado en la traducción al italiano realizada por los escritores Achille de Lauzièrs y Angelo Zanardini. Verdi preparó una primera versión en cinco actos, que por su extensión y la presión de los teatros se vio obligado a reducir a cuatro, realizando también -debido a su extremado sentido crítico- hasta siete revisiones entre los años 1867 y 1886.

La versión original en francés se estrenó en la Ópera de París el 11 de marzo de 1867 y en el Teatro alla scala de Milán el 10 de enero de 1884 la reducida en italiano. El Teatro Real la presentó por primera vez el 20 de febrero de 1912. En esta ocasión la repone con una producción de la Ópera de Frankfurt y la Goteborg Ópera realizada a partir de la preparada en cinco actos en Italia, estrenada el 26 de diciembre de 1886 en el Teatro Municipal de Módena.

El largo recorrido de su acción tiene lugar en Francia (acto primero) y en España durante los actos II al V, sobre 1560. Según se detalla en el programa de mano, para el escritor Anthony Arblaster, “Don Carlo” es la obra maestra de Verdi en lo que al tratamiento de temas se refiere, (…) en ella los personajes se encuentran implicados en un abanico amplio de conflictos que son a la vez políticos, privados y públicos.

La ópera cuenta con un pasaje de especial belleza escénica conocido con el nombre del “Auto de la fe”, situado al final del acto III. Es el momento en el que los condenados por la Inquisición pasan a disposición de las autoridades laicas para su ejecución. Un momento que Verdi abordó con una extraordinaria brillantez sonora a través de toda la orquesta a la que se le une el atractivo del coro con toda su fuerza y una participación especial de los metales y la percusión.

La ópera cuenta con un pasaje de especial belleza escénica conocido con el nombre del “Auto de la fe”, situado al final del acto III

A pesar de que en ella musicalmente Verdi refleja de forma plena su clásico estilo de composición, según un criterio bastante extendido, no deja de apreciarse en su partitura un cierto reflejo de los estilos de Meyerbeer y Wagner. Su composición se debió a un encargo oficial realizado para dar mayor relieve a los numerosos actos con que fue concebida la gran Exposición Universal de París de 1867, además de que las fantasías políticas de Schiller tuvieron siempre un poderoso atractivo para Verdi, que le sirvieron para realizar siete títulos, entre ellos Il Trovatore, Luisa Miller y La forza del destino.

Como complemento artístico a las16 representaciones previstas hasta el 6 de octubre, se han programado una serie de interesantes y variados actos culturales paralelos a los que se han sumado instituciones tan significativas como la Biblioteca Nacional, el Museo Arqueológico Nacional, la Casa Árabe, el Museo Naval y el del Monasterio de Yuste, entre otras.

Puesta en escena
Los tres responsables de la presentación escénica – David Mcvicar, director de escena; Robert Jones, escenógrafo y Brigitte Reiffenstuel, figurinista-para recoger con todo su esplendor la fuerza, importancia y el significado del poder político y religioso que tan bien se reflejan en su libreto, han optado para la presentación de este “Don Carlo” por la utilización de un espacio suntuoso, amplio y nada significativo en el que puedan desenvolverse debidamente las sicologías de los grandes personajes históricos que se mueven en la obra, reforzado por la utilización de un vestuario suntuoso, brillante y atractivo, que ha servido para que la acción esté dotada de un mayor verismo, pero demasiado monótono, que solo alcanzó un buen resultado en el citado “momento de la fe”. Una idea general que no ha funcionado adecuadamente debido a su exceso de frialdad escénica y monotonía que, únicamente, puede superarse gracias a la extraordinaria fuerza y belleza general que tiene la melodía, que en esta obra se refleja mejor que en cualquiera de los demás títulos similares del compositor.

Nicola Luisotti, uno de los habituales directores musicales invitados del Real, tras su éxito en temporadas anteriores en las que dirigió cuatro grandes títulos, ofreció una interesante versión de este difícil Don Carlo en el que han intervenido tres interesantes repartos, de los que cabe destacar a; Dimitry Belosselsky –un gran Felipe II por la profundidad de su voz y sus grandes cualidades dramáticas -,Marcelo Puente – muy convincente y claro en las variadas matizaciones que requiere el personaje principal de la obra y su bello timbre – y una dulcísima María Agresta (Isabel de Valois), espléndida en todas sus facetas sonoras y dramáticas, muy apacible en los tonos medios-, sin que los demás; Luca Salsi (Marqués de Posa), Mika Kares (Inquisidor) o Ekaterina Semenchuk (Princesa de Éboli) -una excelente mezzosoprano que afrontó con fuerte naturalidad las grandes coloraturas que tiene su personaje – tuvieran menos calidad que los anteriores, igual que los integrantes de los demás repartos, las del coro y la orquesta que gracias a las precisas matizaciones de Luisotti configuraron una espléndida versión de este denso Don Carlo, empañada únicamente por la monotonía general de la citada parte escénica.

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