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Los Colegios van “con faldas y a lo loco”

“Con faldas y a lo loco” es una película en la que Tony Curtis y Jack Lemmon son dos músicos que se visten de mujer e intentan engañar a todos los que les rodean, casi se engañan incluso entre ellos mismos. Una alegoría muy utilizada comúnmente en un tiempo donde las personas se “disfrazan” de lo que no son para parecer otra cosa.

Es habitual ver como en los medios de comunicación se da una cierta publicidad cuando alguien toma esta actitud. Hemos visto cómo un joven actúa como si fuera un policía, cómo un agente del Mossad se hace pasar por agente de la CIA o incluso una página web falsa se ha hecho pasar por Megaupload, la más famosa página de descargas de películas legales e ilegales. Incluso Al Capone, una imponente figura emblemática de Chicago de los años 30, se hacía pasar por un honesto ciudadano, aunque de todos es sabido que era un delincuente, porque era el principal proveedor de licor de una ciudad en la que estaba prohibido beber y vender alcohol. Fue encerrado por evasión de impuestos. ¡Encerraron a uno de los gansters más importantes por no pagar impuestos! Hoy nos encontramos a demasiadas personas que fingen, ante la sociedad, ser lo que no son, que se utilizan algunas circunstancias para tomar un papel que no les corresponde.

Parece normal que un sindicato defienda los intereses económicos de sus médicos afiliados porque cuanto mejor hagan sus tareas más afiliados tendrán. Parece normal que una sociedad científica esté determinada a orientar investigaciones de su especialidad y formas de trabajo porque cuanto más interesantes sean sus estudios, la defensa de su especialidad o sus congresos, más asociados tendrán.

Pero, ¿quién entiende que un Colegio de Médicos haga de club privado y se dedique a ofrecer convenios de viajes, seguros de responsabilidad civil, oferta de telefonía o ropa de marca?, ¿quién entiende que un presidente le diga a la sociedad española cómo se gestiona el presupuesto de sanidad de una Comunidad Autónoma?. Los médicos están obligados colegiarse y pagar sus cuotas “a fondo perdido”, con el sueño de que el Colegio haga su labor, se centre en dirigir los trabajos de la Comisión Deontológica y registrar los títulos. No parece que las cuotas deban servir para inventar nuevas funciones. Ni político, ni financiero, ni abogado, el Presidente de un Colegio es un médico que debe representar a los colegiados en su profesión, salvaguardar los principios éticos y evitar el intrusismo tan habitual últimamente. No, no son la voz del médico en cada circunstancia, es una atribución que no les corresponde.

Tanto es así que Jack Lemmon ha tenido los mismos éxitos vestido de mujer que cualquier Presidente con los baremos de las aseguradoras y los sueldos de los médicos. No es su función y por eso no han conseguido nunca nada. Lo mejor es que se quiten la careta  y vuelvan a sus labores.

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