Alfonso González
Un estudio del Instituto Nacional del Envejecimiento del Gobierno de de Estados Unidos, ha finalizado un estudio en el que demuestra que llevar una dieta saludable no es sinónimo de una mayor esperanza de vida, al contrario de lo que se presupone. Estos resultados han sido publicado por la revista «Nature».
El estudio, realizado con macacos porque son los animales más parecidos al hombre, concluye que no hay relación entre la mayor longevidad y la comida sana. El grupo de control estaba formado por 64 animales y la mayoría de los 57 animales que consumieron dietas restringidas de calorías mantenían corazones y sistemas inmunes más saludables y menores tasas de diabetes, cáncer y otras enfermedades pero sin ninguna recompensa en longevidad. Aunque los animales calóricamente limitados eran más saludables «no afecta a su longevidad», ha admitido Steven Austad miembro del Instituto de Estudios sobre Longevidad y Envejecimiento Activo Barshop de la Universidad de Texas, que también afirma que “si hay alguna forma de manipular la dieta humana para permitirnos vivir más tiempo no la hemos hallado o no existe».
Los resultados son la respuesta a la creciente comunidad de creyentes que piensan que una dieta a base de calorías recortadas puede generar una mejor salud y una vida más larga.
Los expertos en envejecimiento que han esperado el veredicto del NIA (Instituto Nacional del Envejecimiento) han quedado asombrados: «Los monos con dietas calóricas restringidas no vivieron más que los otros monos”, comenta Julie Mattison del NIA, directora del estudio.
Los animales más mayores de cada grupo tuvieron el mismo deterioro general y la misma incidencia de tumores y enfermedades cardiacas, solo los monos abstemios habían mejorado algunos indicadores de salud como los niveles de colesterol y triglicéridos, matizó Mattison, “lo que no se tradujo en una mayor supervivencia”.






