El estado no puede ser el único proveedor de asistencia sanitaria de la mayoría de los españoles

Lola Granada
Junto a las necesidades de la sanidad han crecido todo tipo de movimientos y algaradas “calientes” que nada tienen que ver con ella y se han aprovechado de su notoriedad e influencia. Parece que ya se ha olvidado el diseño inicial que tuvo el SNS, llegó a ser considerado –no hace mucho tiempo- como uno de los mejores del mundo, despertando cierta envidia en países próximos. En cambio, ahora, como consecuencia del acoso y derribo que contra ella están realizando numerosos sectores profesionales, sindicales e institucionales, se está colmando el vaso de los abusos.

El Dr. Vicente Ortín, decano y profesor de la Universidad Pampeu y Fabra de Barcelona e investigador y fundador del CRES, Centro de Investigación de Economía y Salud, que la esperanza de vida en las mujeres españolas es actualmente la tercera más alta del mundo, a pesar de que España es uno de los países que menos gastan en salud pública. Solo un 7,1 % de nuestro PIB, frente al 7,4 % de Italia o el 8,2% del Reino Unido. Estados Unidos, uno de los países  en los que mayor peso específico tiene  la gestión privada, cuyo gasto público en este apartado es del 8,3%, su gasto total equivale al 17,4%  y si se le suma el correspondiente a la sanidad privada, este capítulo se eleva al 8,4 %, frente al 9,8% del Reino Unido o el 11,8 % en Francia, según ha recogido recientemente la comentarista Cristina Simón Aguilar  en un prestigioso semanario madrileño.

El Dr. Ortín afirma a la vez que la sanidad española, en general, es corresponsable del problema en que está lamentablemente inmersa. Se refiere con ello a las graves consecuencias que tiene la “desbocada” utilización de los servicios sanitarios públicos que la sociedad española está haciendo. Basta un solo dato para corroborarlo. Los ciudadanos españoles utilizan una media de 9,5 consultas al año por habitante. Un 50 % más que en Francia y el doble que en el Reino Unido. Las recetas por persona aumentaron un 30%. En cambio, el número de personas que prestan sus servicios en el sector sanitario se amplió solo en un 20% y su salario creció en un 21%.

Para el Dr. Pérez Miranda todas estas cuestiones y otras similares están generando un problema que hay que solucionar. No se puede permitir que se rebaje más aún el presupuesto de la financiación sanitaria.

El economista Luis Zayas sostiene que, hoy por hoy, todo está surgiendo porque el Estado se ha convertido en el único  proveedor de asistencia sanitaria de los españoles. Una circunstancia real que está provocando su quiebra, además de una atrofia en la iniciativa social y la solidaridad. Por tanto no hay otro remedio que recortar. El problema se acrecienta porque,  por lo general, los recortes que, hasta ahora, se están realizando y anunciando son poco razonables al estar centrándose fundamentalmente en sanidad, educación y pensiones, y no en  lo que afecta a los políticos, a las subvenciones a ciertas entidades o a determinados medios de comunicación, especialmente la televisión. Es evidente que “la vida no puede estar al servicio de la rentabilidad”.

Las protestas de los “médicos en pie de guerra” deben dejar de ser políticas, a pesar de que algunos sectores lo deseen. El Dr. Pérez Miranda también afirma que “se puede pensar  que la intervención privada en lo público es algo malo, cuando lo realmente malo es que haya menos financiación para la sanidad”. El problema es de pura pedagogía. Antes de proponer nada, por muy novedoso y sencillo que pueda parecer, hay que dar claramente a conocer a los ciudadanos qué garantías públicas van a ofrecer los centros que se gestionarán de modo privado y dejar claro también que la incursión privada en lo público no significa el desmantelamiento de este, o que se va a impartir una calidad peor en la prestación de servicios.

Las protestas no deben centrarse pues, como sostiene el Dr. José Jara -especialista en ética y gestión y miembro de un equipo quirúrgico en un hospital de Madrid-: en la confrontación  entre dinero público y dinero privado. Los dos sistemas conviven  en paz desde hace años y lo seguirán haciendo. Prueba de ello es que buen número de profesionales de la medicina simultanean su trabajo sin ningún problema en ambos sistemas económicos.

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