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Prevención secundaria y rehabilitación, retos frente al ictus

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..Redacción.
Un 30% de los pacientes que ha sufrido un infarto cerebral queda en una situación de dependencia funcional. Los sistemas sanitarios han potenciado la asistencia en la fase aguda del ictus. La atención de los supervivientes presenta hoy el principal margen de mejora. La prevención secundaria, el seguimiento y la rehabilitación de estos pacientes se han convertido en los grandes retos de los sistemas sanitarios en lo que se refiere al abordaje del ictus.

Esta enfermedad cerebrovascular supone la principal causa de discapacidad adquirida en el adulto y la segunda de demencia en nuestro país, de acuerdo a una encuesta impulsada por Freno al Ictus con la colaboración de la Alianza BMS-Pfizer. Hasta un 30% de los pacientes desconoce qué hacer para prevenir un nuevo episodio de ictus.

La actuación sobre los hábitos de vida resulta clave para frenar el desarrollo de la enfermedad. El Grupo de Estudio de Enfermedades Cerebrovasculares de la Sociedad Española de Neurología (SEN) aborda esta necesidad en el documento Recomendaciones de la Sociedad Española de Neurología para la prevención del ictus. Actuación sobre los hábitos de vida y la contaminación atmosférica, publicado en la revista Neurología.

Un 30% de los pacientes que ha sufrido un infarto cerebral queda en una situación de dependencia funcional, lo que incrementa la importancia de la prevención secundaria y la rehabilitación

De acuerdo con la evidencia científica existente, el trabajo pone de manifiesto que los fumadores tienen el doble de riesgo de sufrir un ictus isquémico y entre dos y cuatro veces más de padecer un ictus hemorrágico. El estudio advierte también que el humo de tabaco pone en riesgo a las personas no fumadoras. Las estimaciones muestran que una persona que deja de fumar reduce a la mitad posibilidad de sufrir un ictus después de un año. A los cinco años el riesgo se iguala al de los no fumadores.

Esta enfermedad cerebrovascular, especialmente el ictus hemorrágico, se asocia también con el consumo excesivo de alcohol. Una ingesta elevada de bebidas alcohólicas durante periodos cortos de tiempo se relaciona, además, con el desarrollo de ictus isquémicos.

La obesidad es otro de los grandes factores. Una persona obesa que consiga disminuir un 10% de su peso original, reducirá un 21% del riesgo de sufrir un ictus. El trabajo del Grupo de Estudio de Enfermedades Cerebrovasculares de la SEN advierte también sobre los peligros del estrés crónico. El estrés psicosocial supone un riesgo tan elevado de ictus hemorrágico como la diabetes. El estrés laboral, en cambio, se relaciona con la posibilidad de padecer un ictus isquémico. El estudio apunta también hacia la contaminación medioambiental. Se atribuye a la contaminación atmosférica el 19% de la mortalidad vascular y el 21% de las muertes por ictus.

Una persona obesa que consiga disminuir un 10% de su peso original, reducirá un 21% del riesgo de sufrir un ictus

En la actualidad, se calcula que uno de cuatro adultos mayores de 25 años sufrirá un ictus a lo largo de su vida. Un 90% de estos episodios cerebrovasculares se podría evitar con estilos de vida adecuados. No obstante, el envejecimiento progresivo de la población es uno de los factores del aumento de la prevalencia cada año.

La pandemia de Covid-19 comienza a tener también un impacto en estos pacientes. En una entrevista reciente con iSanidad, el director de la Unidad de Ictus y Hemodinámica Cerebral del Hospital Universitario Vall d’Hebron, el Dr. Carlos Molina, destacó que, debido a retrasos en la activación del código ictus durante la primera ola, el inicio de tratamiento de reperfusión se retrasa hasta 40 minutos. Esto implica un incremento del 15% de la posibilidad de desarrollar una discapacidad grave.

En colaboración con Pfizer

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