Redacción
Un grupo de cirujanos del Centro Médico Hadassah Ein Kerem (Israel) han conseguido unir la cabeza de un niño de nuevo a su cuerpo tras haber sufrido una decapitación interna debido a un accidente de tráfico.
Los cirujanos han conseguido unir la cabeza del niño a su cuerpo tras haber sufrido una decapitación interna en un accidente de tráfico
El joven palestino de 12 años fue atropellado a principios de junio mientras montaba en bicicleta y fue trasladado en avión a la unidad de traumatología del hospital israelí donde, según explicaron los médicos, llegó con el cráneo separado de las vértebras superiores de la columna en lo que se conoce como una «dislocación bilateral de la articulación atlantooccipital» y tuvo que ser sometido a una cirugía «extremadamente rara» para volver a unir su cabeza a su cuello.
“Esta no es una cirugía común en absoluto, especialmente en niños y adolescentes. Un cirujano necesita conocimiento y experiencia para poder realizarla”, explicó el Dr. Ohad Einav, especialista en ortopedia y quien se encargó de dirigir la operación, ya que había regresado recientemente de una estancia en Toronto (Canadá), donde había realizado esta cirugía en adultos.
Tanto la operación como la recuperación han transcurrido según lo previsto y el paciente ha sido dado de alta recientemente
Tanto la operación como la recuperación han transcurrido según lo previsto y el paciente ha sido dado de alta recientemente, aunque tendrá que llevar una férula cervical y seguirá siendo controlado por el personal médico encargado del caso, que ha preferido esperar un mes para hacer públicos los resultados.
«El hecho de que un niño como él no tenga déficits neurológicos o disfunciones sensoriales o motoras, y que esté funcionando y caminando sin ayuda después de un proceso tan largo, es algo significativo«, destacó el Dr. Einav.
La tasa de supervivencia de quienes sufren decapitación interna es baja y gran parte de los pacientes acaban falleciendo a causa de esta lesión. Además, tal y como afirma el Dr. Einav, «los niños de entre cuatro y diez años son más susceptibles que los adultos, puesto que tienen cabezas grandes en relación con sus cuerpos».









