La demencia: una de las pandemias del siglo XXI con mayor necesidad de recursos para la discapacidad y la dependencia

Sara González, jefe médico del Grupo Amavir

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Sara González, jefe médico del Grupo Amavir
La demencia es uno de los problemas de salud pública más importantes y acuciantes a los que se enfrenta nuestra sociedad en la actualidad. Su prevalencia aumenta con la edad. Esta circunstancia, unida al envejecimiento de la pirámide poblacional y el alto grado de dependencia que acaba produciendo, provoca unas repercusiones sanitarias, personales, familiares, sociales y económicas que no podemos ignorar.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que más de 55 millones de personas en todo el mundo tienen demencia, de las cuáles, más del 60% viven en países de bajos ingresos. Además, los datos que maneja esta entidad internacional también han reflejado que cada año se diagnostican casi diez millones de casos nuevos. Las últimas investigaciones en materia socio-sanitaria prevén que la prevalencia de demencia aumente en las próximas décadas, haciendo que la cifra actual se multiplique entre dos y tres veces en el año 2050.

La demencia es un síndrome caracterizado por el deterioro de la memoria y de otras funciones cognitivas del ser humano como atención, orientación, lenguaje…con la repercusión que eso tiene sobre sobre las actividades de la vida diaria. Puede estar vinculada a diferentes enfermedades que afectan al cerebro, Alzheimer, enfermedades vasculares, Cuerpos de Lewy…

Más de 55 millones de personas en todo el mundo tienen demencia, de las cuáles, más del 60% viven en países de bajos ingresos

Actualmente, la demencia es la séptima causa de defunción y una de las principales causas de discapacidad y dependencia entre las personas de mayor edad en el mundo entero. Este síndrome puede deberse a causas reversibles como un proceso infeccioso o un tumor y puede cesar cuando desaparece el motivo, o a causas irreversibles generalmente enfermedades neurodegenerativas que, con el tiempo, destruyen las células nerviosas y dañan el cerebro, provocando el deterioro de la función cognitiva (la capacidad para procesar el pensamiento). Este deterioro, además, suele ir acompañado por cambios en el estado de ánimo, el control emocional, el comportamiento o la motivación.

La enfermedad de Alzheimer es la forma más común de demencia en la actualidad y puede representar entre un 60% y 70% de los casos. El segundo tipo de demencia más frecuente es la demencia vascular, debida a la lesión de vasos cerebrales cuando existe arteriosclerosis o hipertensión arterial, alterándose el flujo de sangre y por lo tanto de oxígeno al tejido cerebral.

Por ello, es de vital importancia realizar un diagnóstico temprano de las demencias y especialmente del Alzheimer, promover una adecuada valoración social y aplicar una asignación sólida de recursos de atención a la dependencia y la atención al cuidador, para un abordaje integral de la demencia.

Principales causas de la dependencia en personas mayores

Las causas de dependencia en mayores son múltiples y varían de forma notable según los casos. Estos son algunos factores que pueden causar dependencia en la tercera y cuarta edad. Determinados condicionantes físicos pueden ser causa de situaciones de dependencia, por ejemplo: fragilidad física. los problemas que afectan a la función y por lo tanto a la movilidad y a la autonomía, son unos de los problemas que más dependencia causan. Con la edad, se acusa el deterioro de los sistemas del organismo (como el respiratorio, cardiovascular…). Esto provoca una disminución de la fuerza física, la movilidad, el equilibrio y la resistencia, que suele ir asociado con la dependencia a la hora de realizar las actividades de la vida diaria.

La demencia es la séptima causa de defunción y una de las principales causas de discapacidad

Este declive del organismo biológico se produce en todas las personas, aunque existen diferencias en la forma en la que se afronta el envejecimiento. Esto es importante tenerlo en cuenta a la hora de plantear cómo cuidar a una persona mayor dependiente. Además, enfermedades crónicas como la artritis, la artrosis, la osteoporosis o, agudas como las fracturas provocadas por caídas, otro síndrome geriátrico de alta prevalencia, son otras de las principales causas de dependencia en el adulto mayor. El ejercicio moderado, cada uno según sus circunstancias, la alimentación adecuada, la actividad social y mental, ayudarán a enlentecer esta dependencia.

Limitaciones sensoriales. La pérdida de visión y de audición en la vejez pueden influir gravemente si no se toman las medidas adecuadas o bien si no son susceptibles de tratamiento, ya que producen aislamiento físico, social y emocional. Es imprescindible el control adecuado de estos déficit progresivos para ir poniendo las adecuadas correcciones en cada momento sin dejar que el aislamiento llegue a arraigarse.

Consumo de fármacos. Las enfermedades asociadas a la edad hacen que muchas personas mayores vayan acumulando un gran número de fármacos en su día a dia, lo que puede provocar efectos secundarios en cascada, que pueden llegar a aumentar la dependencia. La confusión, el deterioro cognitivo, los efectos sedantes, la toxicidad cardiaca y la hipotensión ortostática son algunos de ellos.

La enfermedad de Alzheimer es la forma más común de demencia en la actualidad y puede representar entre un 60% y 70% de los casos

Factores cognitivos

Algunas de las causas más problemáticas de dependencia en mayores vienen provocadas por los trastornos cognitivos, siendo la enfermedad de Alzheimer o las patologías sufridas tras un accidente cerebrovascular las principales. Estos problemas afectan de forma severa a la dependencia porque limitan la actividad intelectual y su capacidad de recuerdo, de comunicación y de realización de acciones cotidianas.

La depresión contribuye de manera significativa a la dependencia en la edad avanzada. Este padecimiento empuja al aislamiento social, provoca un aumento de quejas sobre uno mismo y empeora la salud física. Además, aumenta el declive cognitivo y funcional, causas todas ellas de dependencia en mayores. Uno de los beneficios de vivir en una residencia de personas mayores, es que estos centros cuentan con un modelo asistencial que fomenta la búsqueda de lo que el usuario necesita para intentar mejorar su difícil situación. A veces, estimulando la sociabilización que tienen tan olvidada.

Existen otros factores vinculados a la personalidad que pueden fomentar la dependencia en un adulto mayor. La forma negativa o positiva en la que se aceptan los cambios depende de las experiencias y aprendizajes que se han adquirido a lo largo de la vida. Con la vejez, las personas pueden transformar sus demandas y no recibir de buen grado el reconocimiento de su dependencia, rechazando cualquier tipo de ayuda que se le ofrezca. Por eso, es importante saber cómo cuidar, sabiendo que lo primero que tenemos que hacer es conocer a la persona a la que queremos ayudar, en todas las esferas.

El ejercicio moderado, cada uno según sus circunstancias, la alimentación adecuada, la actividad social y mental, ayudarán a enlentecer esta dependencia

La previsión a nivel mundial es que la prevalencia de la demencia aumentará en las próximas décadas, asociada al envejecimiento de la población. Además de la enfermedad de Alzheimer y la demencia vascular, anteriormente mencionadas, podemos hacer una breve descripción de las demencias neurodegenerativas más frecuentes:

Demencia con cuerpos de Levy. Este tipo de demencia neurodegenerativa, la segunda más frecuente después del Alzheimer, se identifica con el deterioro gradual y progresivo de la capacidad mental (cognitiva) que afecta, como el Alzheimer, a la memoria, los procesos del pensamiento, la conducta y la actividad física. Los pacientes que sufren esta enfermedad también pueden presentarlos síntomas físicos del Parkinson, entre ellos un leve temblor; dificultad para caminar; problemas para moverse; trastornos de conducta o alucinaciones visuales.

Demencia frontotemporal. Formada por un grupo heterogéneo de demencias degenerativas con profundos trastornos de conducta, alteraciones del comportamiento con donductas inapropiadas en público, cambio de la personalidad, impulsividad o indiferencia emocional. Algunos tipos tienen gran afectación del lenguaje. Sintomatología debida a la atrofia de al corteza frontal y temporal. Considerada el tercer tipo de demencia neurodegeneraiva.

Demencia en la Esclerosis Lateral Amniotrófica (ELA). Considerada una enfermedad neurodegenerativa rara por su baja frecuencia. Afecta a las neuronas del cerebro y a la médula espinal, y provoca que, de forma gradual, todos los músculos de control voluntario se vean afectados, provocando una pérdida progresiva de fuerza y de capacidades motoras. Por ello, su aparición repercute en el movimiento, el habla y la respiración del individuo. Cuando aparecen criterios de demencia suele ser del tipo de la frontotemporal.

“Los profesionales, las administraciones públicas y el conjunto de la sociedad debemos contemplar la demencia como una pandemia del siglo XXI”

Enfermedad de Parkinson. Constituye el paradigma de las enfermedades neurodegenerativas relacionadas con los trastornos del movimiento. El temblor, el enlentecimiento de los movimientos y la rigidez muscular son sus tres síntomas principales. El diagnóstico de esta afección también puede ir acompañado de alteraciones en el estado de ánimo o de la conducta, afectación del habla y de algunas funciones cognitivas, lo que conlleva una progresiva discapacidad para el paciente.

En conclusión, los profesionales sanitarios, sociales, sociosanitarios, las administraciones públicas y el conjunto de la sociedad debemos contemplar la demencia como una pandemia del siglo XXI, que implica una importante carga de medidas sociales y de apoyo a la dependencia, a medida que avanza la enfermedad y el individuo va perdiendo autonomía.

La mejora del diagnostico precoz, conseguir convencer de los beneficiós de un envejecimiento saludable que no empieza a los 80 ni 70 ni 60 años, si no antes, la combinación de tratamientos farmacológicos y no famarcológicos y una adecuada asignación de recursos de atención constituyen los pilares imprescindibles para el abordaje integral de la demencia.

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