“El porcentaje de pacientes con artritis reumatoide en remisión puede mejorar si pautamos la diana que controle adecuadamente la enfermedad”

Dra. Chamaida Plasencia, reumatóloga del Hospital Universitario La Paz de Madrid

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Anuario iSanidad 2023
Redacción
La artritis reumatoide es una enfermedad crónica y autoinmune que afecta a cerca de 400.000 personas en España. Estos pacientes presentan inflamación definida en al menos una articulación que no se explica por la presencia de otra condición o enfermedad. A pesar de los importantes avances conseguidos en artritis reumatoide en los últimos años, quedan retos pendientes para esta enfermedad que tiene un alto impacto en la calidad de vida de muchos pacientes. El principal objetivo terapéutico desde que se diagnostica es lograr la remisión de los síntomas, o en su defecto la baja actividad, y minimizar así el impacto en la calidad de vida del paciente, pero actualmente solo entre un 30-40% de pacientes la alcanza. La Dra. Chamaida Plasencia, reumatóloga del Hospital Universitario La Paz de Madrid, destaca que esta cifra podría mejorar con un seguimiento estrecho para un mejor control de la enfermedad, pautando la diana que controle adecuadamente la enfermedad y con cambios en factores de riesgo modificables asociados a peor respuesta al mismo.

“Los fármacos biológicos han cambiado totalmente el aspecto de la enfermedad y el control de la progresión del daño estructural”

¿Cuál es la prevalencia de la artritis reumatoide en España y cuáles son los principales factores de riesgo?
La prevalencia de la artritis reumatoide a nivel mundial es del 1%, pero en España oscila entre el 0,5 y el 0,8%. Dentro de los principales factores de riesgo, hay que tener en cuenta que la artritis reumatoide es una enfermedad multifactorial, más prevalente en el sexo femenino. El tabaco es un factor de riesgo que está muy relacionado. Los pacientes fumadores tienen de 1,5 a 2 veces más riesgo de desarrollar artritis reumatoide. Además, hay determinados factores ambientales que también se han asociado con esta enfermedad.

Otros factores de riesgo que se han relacionado con muchas enfermedades del sistema inmune son factores infecciosos como infecciones víricas (parvovirus o Epstein-Barr), que pueden ser a veces el desencadenante para el desarrollo de la artritis reumatoide. La enfermedad periodontal también es muy importante en esta enfermedad, ya que la bacteria Porphyromonas gingivalis se ha relacionado como factor de riesgo asociado a artritis reumatoide. También existen factores genéticos como determinados factores del complejo mayor de histocompatibilidad como el HLA-DR4.

¿Qué síntomas y signos alertan de un caso de artritis reumatoide? ¿Cuál es la media de edad de aparición de esta enfermedad?
En las fases muy iniciales en ocasiones la clínica del paciente no es muy específica. Los síntomas que nos tienen que alertar de una artritis reumatoide, son dolor e inflamación, principalmente en las manos de forma aditiva, ya que se van sumando articulaciones, y se asocia con sensación de rigidez matutina. Además, estos pacientes también suelen describir mucha astenia. En cuanto a la edad media de aparición de la artritis reumatoide, oscila entre los 40 y los 60 años.

“La artritis reumatoide es una enfermedad multifactorial, más prevalente en el sexo femenino, cuya prevalencia en España oscila entre el 0,5 y el 0,8%”

¿A qué aspectos de la calidad de vida de los pacientes afecta especialmente la artritis reumatoide?
En general, la calidad de vida de un paciente con artritis reumatoide que está con la enfermedad no controlada puede verse muy afectada en diferentes aspectos. Es una enfermedad que produce mucha limitación en las manos, los pies y en otras articulaciones. Por ello, muchas veces los pacientes están muy limitados para realizar las actividades básicas de la vida diaria como ducharse, vestirse o abrir un bote de leche. Así, cuando la artritis reumatoide no está controlada merma de manera significativa la calidad de vida. De hecho, en las visitas de seguimiento a los pacientes con artritis reumatoide siempre se les hace un cuestionario de calidad de vida para ver cómo impacta la enfermedad en su día a día.

El principal objetivo del tratamiento en la artritis reumatoide es lograr la remisión. ¿En qué consiste este concepto clínico y cómo se valora?
La reumatología es una especialidad donde algunos síntomas son difíciles de medir y, por tanto, es complicado saber cómo están respondiendo los pacientes al tratamiento. En general, en la evaluación de un paciente con artritis reumatoide se tienen en cuenta varios aspectos: la historia clínica, una exploración física, herramientas analíticas y pruebas de imagen. Para poder medir utilizamos índices de actividad que mezclan estos parámetros clínicos, analíticos y de actividad de la enfermedad según la percepción del propio paciente. De esta forma, podemos conocer si el paciente está en remisión o en baja, moderada o alta actividad.

El concepto de remisión es muy amplio y difícil. En general, se considera que un paciente está en remisión cuando con las escalas se obtiene una puntuación que valora que el paciente se encuentre bien, con el menor grado de actividad posible.

“Es clave mejorar al identificar qué tratamiento puede ser mejor para cada uno de los pacientes”

Actualmente, tan solo un 30% de los pacientes está en remisión. ¿Cómo se puede mejorar esta cifra?
Los estudios muestran que el porcentaje de los pacientes que alcanza remisión clínica medida por índices de actividad oscila entre el 30 y el 40%. Este parámetro se puede mejorar con una medicina más personalizada, pautando el tratamiento que controle adecuadamente la enfermedad, teniendo un seguimiento estrecho de la respuesta y, con un mayor control de factores de riesgo modificables que se asocian con peor respuesta. Aunque la artritis reumatoide tenga el mismo nombre para todas las pacientes es una enfermedad sistémica y muy heterogénea, por lo que muchas veces no sabemos cuál es el mecanismo de acción más adecuado para cada paciente. Es clave mejorar al identificar qué tratamiento puede ser mejor para cada uno de los pacientes.

¿Hasta qué punto influye una buena comunicación entre el reumatólogo y el paciente para alcanzar los objetivos terapéuticos?
En cualquier enfermedad crónica es crucial la comunicación entre el profesional sanitario y el paciente. Si un paciente crónico entiende bien su enfermedad y el motivo por el que se le administra un tratamiento, va a mejorar su adherencia al mismo. También es muy importante hablar con el paciente y concienciar sobre los factores de riesgo modificables. Por ejemplo, el hábito tabáquico y la obesidad son factores de riesgo de peor respuesta al tratamiento. Si se lo explicamos al paciente puede repercutir de manera positiva en el control de su enfermedad.

“El hábito tabáquico y la obesidad son factores de riesgo de peor respuesta al tratamiento”

¿De qué forma ha evolucionado el abordaje de la artritis reumatoide y cuáles son los principales desafíos pendientes de cara al futuro?
El tratamiento de la artritis reumatoide ha evolucionado muchísimo. Actualmente, además de un mayor conocimiento de la enfermedad y de los órganos a los que afecta y sin una detección precoz de las manifestaciones extraarticulares, incluso en las fases más iniciales de la artritis reumatoide, el tratamiento se ha modificado muchísimo. En el siglo XX hasta el año 1950, el tratamiento que existía prácticamente solo era un tratamiento sintomático con corticoides antiinflamatorios.

Posteriormente, llegaron los fármacos antirreumáticos modificadores de la enfermedad (FAME), que no solo modificaban los síntomas, sino también el daño estructural. Entre ellos se encuentra el metotrexato, que es la piedra angular del tratamiento de la artritis reumatoide. A partir del 1990-2000, empezaron los fármacos biológicos que han cambiado totalmente el aspecto de la enfermedad y el control de la progresión del daño estructural. En España, desde el año 2017 tenemos disponibles los inhibidores de JAK, que son unos fármacos sintéticos dirigidos a una diana específica. Por tanto, en la actualidad contamos con una amplia gama de opciones terapéuticas para el manejo de estos pacientes, pero muchas veces no sabemos cuál es la diana exacta para cada paciente. Tenemos identificado qué perfiles de pacientes pueden responder mejor a un determinado tratamiento, pero realmente no sabemos cuál es la diana exacta en cada enfermedad. Este es uno de los desafíos más importantes.

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