Sanidad en Cantabria: cambiar nuestro servicio de salud en una organización innovadora para garantizar el futuro

César Pascual, consejero de Sanidad del Gobierno de Cantabria

Sanidad-Cantabria

Anuario iSanidad 2023
César Pascual, consejero de Sanidad del Gobierno de Cantabria
Para un observador externo, es difícil creer que en el siglo XXI aún sigamos debatiendo la forma organizativa de los sistemas sanitarios para prestar servicios asistenciales de forma eficiente, a pesar del desarrollo de la sociedad, los avances técnicos, de los conocimientos en las organizaciones, etc. Pero, además, este observador no podría por menos que cuestionarse: ¿cómo es posible que no se modifique la configuración de las organizaciones sanitarias para hacerlas acordes a la realidad asistencial actual?, ¿quién se está realmente beneficiando de esta situación?, ¿por qué no se redefinen y se reestructuran?, ¿a quién interesa que esta situación siga así?

En términos generales, la estructura organizativa de los centros sanitarios públicos en nuestro país se ha configurado en torno a las funciones. Además, al formar par- te mayoritariamente de las administraciones priman las rutinas y las exigencias de seguridad jurídica y existen múltiples dificultades operativas. A día de hoy no podemos obviar que la estructura de las organizaciones sanitarias debe tratar de responder a una lógica de actividad orientada a resultados en salud y alinearse con la búsqueda de la eficiencia como mecanismo de redistribución de recursos y, por tanto, de justicia social. Y en Cantabria nuestra intención es dirigirnos ahí.

Resulta crítico que las organizaciones sanitarias cambien la cultura centrada en la producción y la eficiencia y reorienten sus esfuerzos en favorecer la creatividad, despertar la creatividad latente que tenemos en nuestro sistema sanitario

En nuestra hoja de ruta consideramos que en el modelo de las organizaciones sanitarias la innovación es una variable estratégica clave (un factor crítico de éxito) para asumir los retos de gran magnitud como son los cambios tecnológicos, el avance de la investigación, los cambios demográficos, sociales y medioambientales, el sistema de valores, los estilos de vida… Todos estos retos inciden en el devenir diario y en el futuro de los centros sanitarios lo que unido a las posibles tensiones financieras que aparecerán una vez superado el periodo de la llegada de fondos europeos genera un futuro de grave incertidumbre acerca de la sostenibilidad de nuestro sistema sanitario. Aunque también es justo señalar que la incertidumbre ha estado presente en nuestro sistema nacional de salud desde su creación.

Estamos, pues, en un momento en que no es necesario insistir en la importancia de la innovación como la principal palanca para avanzar en los cambios que nuestro sistema sanitario necesita. Más que nunca es ineludible ir más allá, avanzar en construir organizaciones sanitarias versátiles que lleven en su ADN el cambio. Ese es el gran reto que tenemos que afrontar y hacerlo decididamente. Ahora bien, adaptarse para crear valor, luchar contra esas burocracias que nos entorpecen es duro. Equilibrar los intereses de pacientes, profesionales y de la sociedad con la generación de resultados asistenciales de calidad es todavía más complicado.

Más que nunca, es ineludible ir más allá, avanzar en construir organizaciones sanitarias versátiles que lleven en su ADN el cambio

En nuestro país ciertamente sabemos producir muchos servicios sanitarios, y lo hacemos muy bien, producir. Pero como organizaciones todo hace entender que no tenemos aún muy claro que nuestra misión no es prestar asistencia sanitaria sino obtener resultados en salud. Porque obtener resultados no es fácil y además no estamos acostumbrados a ello. Entre otras consideraciones resulta crítico que las organizaciones sanitarias cambien la cultura centrada en la producción y la eficiencia y reorienten sus esfuerzos en favorecer la creatividad, despertar la creatividad latente que tenemos en nuestro sistema sanitario, que es mucha. Sólo así podremos llegar a generar la necesaria innovación.

En la Consejería de Salud sabemos bien que el camino para lograr sistemas de salud centrados en resultados y generar valor para los pacientes es muy complejo y requiere una transformación profunda a muchos niveles. Nos encontramos frente a una transformación de tal calado que, lógicamente, desconcierta a las instituciones públicas que no fueron concebidas para tener la necesaria flexibilidad que les permitan afrontar los cambios. Y en este contexto en el que debemos intentar reinventarnos como administración con las dificultades normativas que no ignoramos nos constriñen y la innovación se convierte en un imperativo para lograrlo.

La incertidumbre ha estado presente en nuestro sistema nacional de salud desde su creación

Como también somos muy conscientes que en este momento que nos ha tocado dirigir la sanidad de Cantabria promover el desarrollo de una sólida capacidad para innovar es un objetivo alcanzable, pero también que ello requiere tener la visión muy clara de nuestro objetivo y hoja de ruta y un cambio en la forma de dirigir y actuar. Enfrentamos una legislatura que es intención de este consejero se caracterice por tres aspectos: innovación, talento y ¿cómo no? sostenibilidad. Efectivamente uno de los propósitos, la sostenibilidad (desde las diferentes aristas que comprende un término tan amplio) constituye el elemento crucial para el que talento e innovación resultan sustanciales.

En definitiva, pretendemos generar una cultura innovadora en la que todos los que de una u otra manera participan en el Servicio Cántabro de Salud (profesionales, pacientes, gestores) tengan la posibilidad de hacer aportaciones y en la que los avances organizativos reconozcan dichas aportaciones en materia de creatividad e innovación. Solo así podremos avanzar.

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