La medicina que transmitimos

Dra. Marta de Diego Suárez, presidenta Sociedad Española de Cirugía Pediátrica (Secipe)

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Anuario iSanidad 2023
Dra. Marta de Diego Suárez, presidenta Sociedad Española de Cirugía Pediátrica (Secipe)
Este concepto de “salud mundial” tiene muchas ramificaciones, a nivel macro y micro. A este nivel, más de “a pie”, cuando un profesional sanitario pisa el continente africano, por experiencia propia, de las primeras cosas que llama la atención es la petición continua e insistente de medicinas para cualquier tipo de dolencia, necesarias o no. No parece importar el problema en sí, sino la sensación del paciente de que, con esa medicina, se está haciendo algo por él, aunque no sea estrictamente necesario o bueno, ni esté especialmente bien indicado. Y, eso, suponiendo que los fármacos que se venden a nivel local están indicados para la dolencia que se espera tratar. ¿Es esta la cultura sanitaria que queremos transmitir a estos países?

También en nuestro entorno estamos viviendo ese cambio sociosanitario. Cada vez más, pierden valor una buena anamnesis, una exploración física detenida, el diálogo y la interlocución con el paciente. Se nos pide inmediatez, traducida en exploraciones complementarias, a veces nada más entrar en la consulta: “si no le hace una ecografía a mi niña, me voy”.

Es como si el paciente que no sale con una medicación en la mano, o una prueba en su cuerpo, no está tratado. ¿Quién no ha oído el comentario: “no me ha hecho nada; sólo me ha visitado”? Parece olvidarse que, con frecuencia, lo importante es descartar lo que sí necesita medicación o tratamiento, y dejar que un proceso banal, siga su curso y se resuelva espontáneamente.

Si el paciente que no sale con una medicación en la mano, o una prueba en su cuerpo, no está tratado

Por supuesto, la mayoría de las dolencias hay que diagnosticarlas y tratarlas adecuadamente y para ello disponemos de un arsenal diagnóstico y terapéutico cada vez más completo. Simplemente parece que, a veces, la medicación o la prueba diagnóstica son el objetivo en sí mismo, no la consecuencia de un ejercicio previo de análisis y decisiones, para llegar a un diagnóstico y cura. También porque los usuarios buscan una solución inmediata. Es difícil hoy día cuidar a un familiar enfermo durante varios días o estar a pie de cuna toda la noche con un lactante febril. La sociedad ha dado un giro y la medicina, la buena medicina, podría verse comprometida.

El acto médico requiere tiempo, al igual que muchos pequeños males. No olvidemos nuestra esencia, por el bien del paciente. Nuestros jóvenes colegas podrían contagiarse de esta cultura. Exploraciones complementarias de alcance fácil y rápido, empiezan a sustituir a lo más básico, quemando etapas. Con frecuencia confiando más en una de ellas que en la semiología o la anamnesis. Pero no olvidemos que los resultados tampoco son infalibles y pueden llevar a engaño. En el ámbito quirúrgico existen otras tentaciones: la tecnología sanitaria y los procedimientos novedosos de mínima invasión resultan muy atractivos, a la hora de indicar un procedimiento quirúrgico o una técnica invasiva. No por ser más fácil, o más elegante, la indicación es más válida. No hay que hacer un tratamiento sólo porque se puede hacer.

Cada vez más, pierden valor una buena anamnesis, una exploración física detenida, el diálogo y la interlocución con el paciente

El gasto sanitario en nuestro país se ha incrementado, este año, casi un 4%. Y está previsto que seguirá creciendo durante los próximos 5 años, seguramente más allá…. En parte, por los nuevos productos que van apareciendo en el mercado; sobre todo oncológicos y de inmunoterapia. Entre estos dos campos, se estima la aparición de unos 300 nuevos medicamentos hasta 2026. Una buena noticia, que genera esperanza en patologías serias y con compromiso vital.

Pero también hay un consumo desmesurado de productos de los que, a priori, no se comprende tanta necesidad. Cada vez gastamos más recursos en fármacos para adelgazar, por ejemplo. Así que volvemos a lo mismo del principio; se incide en el control medicamentoso de la obesidad, una de las plagas de la época contemporánea, más que en su prevención y en el fomento de los patrones de vida saludables. ¿Dónde está nuestra famosa dieta mediterránea? ¿Por qué no se subvencionan actividades físicas, y cumplimento de dieta, más que un tratamiento farmacológico, cuanto menos discutible, de una obesidad que ya ha aparecido? ¿Por qué vamos por detrás del problema, alimentando beneficios farmacéuticos?

En nuestras manos está el cumplimiento de las guías de práctica clínica y los algoritmos terapéuticos, el no ceder a la presión social y a las prisas, mantenernos fieles a la esencia del acto médico y buena praxis y el reconducir el gasto, para utilizarlo allá donde más se necesite, realmente.

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