Nieves Sebastián Mongares
Los pacientes que precisan de la asistencia en atención intermedia se enfrentan a patologías, incluso a la confluencia de varias de ellas, que cursan con dolor. Además, los ingresos fuera del entorno domiciliario pueden tener mayor vulnerabilidad. Por ello, como explica el Dr. Manuel Mejías, médico especialista en medicina familiar especializado en paliativos y socio fundador de la Sociedad Española Multidisciplinar del Dolor (Semdor), en este contexto, hace falta mayor formación y sensibilización así como aumentar la investigación para poder realizar un manejo óptimo del dolor en este nivel asistencial.
¿Cree que, en el marco de la atención intermedia, se realiza un correcto abordaje del dolor?
Uno de los objetivos por los que se desarrollan este tipo de recursos, que por cierto son muy variados dentro del territorio nacional, es tener una sensibilidad mayor para aquellas personas que padecen dolor y/o sufrimiento, ya que sabemos que el dolor crónico se agudiza fuera del contexto domiciliario, sobre todo en el ámbito hospitalario y/o convive con la presencia de un nuevo dolor agudo.
¿Qué tipo de dolencias o patologías ven con más frecuencia en el ámbito de la atención intermedia, ya sea en los centros destinados a este fin o bien en la atención domiciliaria, relacionadas con el manejo del dolor?
Las enfermedades crónicas, sobre todo cuanto más avanzadas, son las más frecuentes en ambos contextos. Se supone que una persona que está en una institución, como en un recurso de atención intermedia, que, por lo tanto, no es su hogar, puede tener mayor vulnerabilidad en cualquiera de las cuatro esferas principales de la persona.
“Una aparente situación igual de dolor o muy parecida, puede empeorar o mejorar según la relación entre las diferentes dimensiones o esferas de la persona”
Conviven frecuentemente varias enfermedades crónicas en las que el dolor crónico se potencia o perpetua por multitud de factores como la disminución de la movilidad o actividad física, el empeoramiento evolutivo de las enfermedades osteomusculares como la artrosis, etc., teniendo en cuenta la importancia de la dimensión emocional o psicológica (los trastornos de ánimo favorecen un afrontamiento más difícil del dolor), social (la soledad, por ejemplo, es un importante factor de riesgo para la vida y para las enfermedades crónicas) y espiritual (sobre todo con la senectud, el potencial deterioro del sentido de la vida, entre otros, puede favorecer el aislamiento social, soledad, etc.). Por lo tanto, una aparente situación igual de dolor o muy parecida, puede empeorar o mejorar según la relación entre las diferentes dimensiones o esferas de la persona comentadas.
En este contexto, ¿Cómo es el manejo del dolor concretamente en cuanto a los cuidados paliativos en este nivel asistencial?
La visión de los cuidados paliativos debe estar siempre que estemos ante una enfermedad incurable que evoluciona y que, con el tiempo, incluso años, puede llevar a la muerte. Esta mirada paliativa, permite afrontar los síntomas como las piezas de un puzle que intentamos ayudar a tener siempre lo más ordenado y con el mayor sentido posible para cada paciente en cada momento de su vida (la imagen del puzle puede cambiar según cada persona, momento y circunstancias). Y el dolor crónico, es el síntoma más frecuente, aunque, afortunadamente, el que más podemos mejorar.
“La visión de los cuidados paliativos debe estar siempre que estemos ante una enfermedad incurable que evoluciona y que, con el tiempo, incluso años, puede llevar a la muerte”
¿Qué tipo de profesionales están involucrados en el manejo del dolor en este nivel asistencial? ¿Cómo es esta atención multidisciplinar y cómo se coordina?
En el manejo de dolor deben estar siempre implicados todos los profesionales y de todos los niveles asistenciales. Es nuestra responsabilidad y un derecho reconocido universalmente, que el dolor debe ser tratado a toda persona que lo necesite. La atención multidisciplinar debería ser la realidad en todos los sitios, y para coordinarse solo se necesita que las personas implicadas quieran hacerlo. Para ello es imprescindible no anteponer los egos propios y poner al paciente y a su familia como prioritarios, sabiendo que también debemos cuidar a los profesionales.
¿Cómo es la interlocución entre los centros de agudos y de atención intermedia para garantizar que se ofrece una asistencia óptima a los pacientes con dolor?
Es una cuestión muy compleja porque hay tantos modelos no ya solo como comunidades autónomas, sino como instituciones implicadas. Actualmente disponemos de los medios tecnológicos para hacer esa comunicación segura, eficaz y beneficiosa para todos. Sólo falta que quienes toman las decisiones políticas favorezcan este cambio sanitario, porque hoy ya es posible.
“Actualmente disponemos de los medios tecnológicos para hacer esa comunicación segura, eficaz y beneficiosa para todos”
Desde la perspectiva de la atención intermedia, ¿Cuáles diría que son las principales necesidades no cubiertas o desafíos pendientes en cuanto al abordaje del dolor en este nivel asistencial?
Este nivel asistencial debería ser un importante foco de cambio para la mejora de la atención a pacientes con dolor crónico, que suelen además tener otras enfermedades crónicas, es decir, no se curan. Hace falta mayor formación y sensibilización del problema de salud pública que supone el dolor crónico para toda la sociedad. Si aplicamos investigación relacionada con innovación no solo para formar (incluidos a los profesionales sanitarios), sino para atender a los pacientes y familias, ayudaremos a conocer mejor la situación que tenemos en cada momento y cómo afrontarla de la manera más eficaz, eficiente y personalizada.










