Fátima Del Reino Iniesta
El consumo de pornografía entre niños y adolescentes se ha convertido en una preocupación creciente para profesionales de la salud, educadores y familias. Según el estudio (Des)información sexual: pornografía y adolescencia, publicado por Save the Children en 2020 y basado en datos de 1.753 chicos de entre 13 y 17 años, los adolescentes ven pornografía por primera vez a los 12 años, “antes incluso de haber iniciado sus prácticas sexuales, cuando aún no tienen ninguna experiencia previa”, destaca la Dra. Idoia Jiménez, coordinadora del Grupo de Trabajo de Atención al Adolescente de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (Semfyc).
Además, el estudio revela que el 54,1% de los adolescentes, en su mayoría los chicos, cree que la pornografía ofrece ideas para sus propias experiencias sexuales, mientras que un 54,9% manifiesta interés en reproducir lo visto, incluso cuando incluye contenido violento. Esto plantea un riesgo para su desarrollo psicoafectivo y sus futuras relaciones interpersonales.
«La inmensa mayoría de los menores consume porno con ese tipo de características de violencia sexual en internet«

Por otro lado, Unicef publicó en 2021 una encuesta realizada a 41.509 adolescentes españoles que cursaban la ESO donde se destacaba que el 4,7% de los encuestados estaban accediendo a la dark web (el internet clandestino) en la que los riesgos relacionados con el robo de información, los delitos sexuales, la violencia o el tráfico de sustancias se multiplican.
El informe de Save the Children también refleja que uno de cada siete adolescentes consume pornografía, siendo el móvil el medio principal de acceso (94%). Este fenómeno, propiciado por la facilidad de acceso y la falta de supervisión, tiene un impacto significativo en el desarrollo emocional y cerebral de los menores.
Consecuencias en la salud mental y el desarrollo cognitivo
La exposición precoz a contenido pornográfico afecta áreas clave del cerebro como el sistema de recompensa y la corteza prefrontal, dificultando la gestión de impulsos y la capacidad de autorregulación. La Dra. María Salmerón, coordinadora del Plan Digital Familiar de la Asociación Española de Pediatría (AEP), explica en una entrevista concedida a iSanidad que «el visionado de pornografía a edades tempranas genera una alteración en el desarrollo emocional, lo que puede derivar en problemas como la ansiedad o el aislamiento social«.
El consumo de pornografía en menores afecta el sistema de recompensa cerebral y la capacidad de autorregulación

Asimismo, insiste en que hay algunos especialistas españoles que, en torno a una cuarta parte de jóvenes, antes de los 20 años podría ver entre 1.000 y 5.000 horas de pornografía con diferentes dosis de violencia. “Esto tiene consecuencias e influye de manera decisiva en un cerebro que se encuentra en construcción, excitado con la dopamina y obnubilando la parte cognitiva”, subraya el psicólogo clínico.
Relación con otros trastornos
El consumo de pornografía está vinculado a trastornos como el TDAH, el TOC y el insomnio. Además, puede exacerbar problemas de apego inseguro y aumentar la probabilidad de desarrollar trastornos sexuales o conductas agresivas. La exposición constante también reduce la sensibilidad a estímulos normales, lo que genera una necesidad de contenidos cada vez más extremos para alcanzar los mismos niveles de excitación e incrementa el riesgo de desarrollar trastornos como la adicción comportamental.
“La pornografía tiene un carácter adictivo comparable a otras drogas más conocidas«
«La repetición constante de este tipo de estímulos afecta al desarrollo de las áreas del cerebro relacionadas con el control de impulsos, incrementando la impulsividad y disminuyendo la capacidad de planificación«, indica la Dra. Jiménez.

“El uso problemático de pornografía (UPP) se define desde la perspectiva de la salud mental como el consumo de pornografía que perturba el funcionamiento de una persona y se asocia a comportamientos incontrolables y adictivos, asemejándose a las características habituales de otras adicciones”, explica la Dra. Jiménez. Actualmente, señala que existe un debate sobre si este comportamiento es similar a una adicción comportamental, a una conducta compulsiva, consecuencia de la impulsividad o una conducta aprendida y condicionada.
La exposición temprana a la pornografía afecta el desarrollo emocional y cognitivo, incrementando el riesgo de trastornos mentales y conductas problemáticas
Por otro lado, la Dra. Idoia Jiménez agrega que «el consumo temprano también se asocia con trastornos del sueño, lo que repercute negativamente en la capacidad de aprendizaje y en el estado de ánimo de los adolescentes«. Estas alteraciones, si no se abordan a tiempo, pueden generar un impacto prolongado en la vida adulta, exacerbando problemas como la depresión y la ansiedad crónica.
Finalmente, la coordinadora del Grupo de Trabajo de Atención al Adolescente de Semfyc resalta la importante labor de los médicos de familia “como punto de entrada en el sistema sanitario” para el abordaje de la pornografía en niños y adolescentes. “Debemos seguir formándonos en el avance de nuevas tecnologías y en los riesgos-beneficios que estas suponen, así como estar coordinados con servicios como pediatría y sistemas educativos”, concluye.










