Nieves Sebastián Mongares
Fotografía: Gabriela Vázquez Vegas
A pesar de que se ha avanzado considerablemente en la visibilización y reconocimiento del papel de las mujeres en la ciencia, todavía queda camino por recorrer. Este fue uno de los mensajes principales que lanzó la Dra. Marina Pollán, directora del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) durante su paso por el podcast de iSanidad. “Recuerdo siendo niña que hubo un momento que quería ser chico, porque tengo tres hermanos, y el mayor ya estaba desarrollando un papel científico en la universidad; yo percibía en aquel momento que para hacer algo tan atractivo, había que ser hombre”, narra la Dra. Pollán. No obstante, la directora del ISCIII no expone esta idea desde una perspectiva negativa, sino optimista, opinando que “se ha avanzado mucho y las niñas de ahora no perciben igual esta situación”.
Cada 11 de febrero se conmemora el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, fecha que se estableció tras una resolución de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU) para reconocer el rol que juegan las mujeres en el ámbito científico, así como para visibilizar la necesidad de que niñas y mujeres puedan acceder -y se sientan capacitadas- a formación y capacitación en las carreras STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). En este sentido, la Dra. Pollán pone el foco en que “la educación tiene mucho que ver y aspectos como el papel que la sociedad atribuye a las mujeres en el ámbito de los cuidados influye en nuestro subconsciente y en la perspectiva de cómo nos vemos en un futuro, de ahí la necesidad de tener referentes”.
«La educación tiene mucho que ver y aspectos como el papel que la sociedad atribuye a las mujeres en el ámbito de los cuidados influye en nuestro subconsciente y en la perspectiva de cómo nos vemos en un futuro»
Esto es muestra de que todavía quedan cosas por hacer. Pero, al plantear de una manera concreta qué se debe hacer y desde dónde, la directora del instituto subraya que “es una pregunta muy difícil; la ciencia y los científicos no somos un ámbito separado de la sociedad; esto se traduce en las expectativas y el papel en que nos posicionamos, que tiene que ver en la cultura en la que vivimos”. Precisamente, por este motivo, la experta considera que “los cambios tienen que empezar pronto”.
Por ello, actividades como las que se llevan a cabo en el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, que hacen énfasis en el trabajo que realizan muchas mujeres en este ámbito y a través de acciones con niñas y adolescentes que recogen sus percepciones, pueden ayudar a visibilizar el trabajo de las mujeres en la ciencia y ver cómo trabajar desde edades tempranas para seguir reduciendo estereotipos. En carreras relacionadas con las ciencias sanitarias, las mujeres han avanzado a un ritmo mayor que el resto de áreas científicas. Para la Dra. Pollán, “en sanidad hemos recorrido un camino que todavía le queda por recorrer a otras carreras científicas que tradicionalmente no han estado ocupadas por mujeres”.
«En sanidad hemos recorrido un camino que todavía le queda por recorrer a otras carreras que tradicionalmente no han estado ocupadas por mujeres»
Al hablar de mujer y ciencia, otro tema es el relacionado con la representación en ensayos clínicos. Históricamente, las mujeres han estado infrarrepresentadas en los estudios, lo que ha dificultado entender que la sintomatología de las mujeres en determinadas enfermedades es diferente, o que la eficacia y seguridad de los tratamientos también pueden diferir en función del sexo. Aquí, al preguntar a la Dra. Pollán si el hecho de que haya más mujeres en ciencia puede, de alguna manera, ayudar a avanzar en la representación en este campo su respuesta es contundente: “sí, claramente”.
“Las mujeres percibimos esa necesidad y la inclusión de las mujeres y tener en cuenta cómo determinadas enfermedades no se producen de la misma manera, contribuye porque podemos ser mucho más conscientes”, desarrolla. En esta misma línea, la directora del Instituto de Salud Carlos III explica que en los proyectos de investigación que se evalúan en el centro también se tiene en cuenta la perspectiva de género, ya que “es muy importante para tener en consideración las diferencias de matiz entre cómo afectan los problemas de salud a hombres y mujeres”. No obstante, aquí la experta también percibe avance, aludiendo a las resistencias que observó durante los inicios de su carrera profesional.
«La inclusión de las mujeres y tener en cuenta cómo determinadas enfermedades no se producen de la misma manera, contribuye porque podemos ser mucho más conscientes»
Otra situación que se puso muy de relieve durante la pandemia de Covid-19 fue la relativa a las diferencias entre hombres y mujeres en la producción científica. Aquí, la Dra. Pollán expuso que uno de los motivos es “el papel que tiene la mujer fuera del ámbito del trabajo como responsable principal de la casa y el cuidado de hijos y personas mayores”. A este respecto es tajante y asevera que “mientras esto no sea una realidad absolutamente compartida, aunque cada vez en más hogares está siendo así, culturalmente se nos ha educado de este modo y eso deja menos tiempo”. Y es que la experta recuerda que la publicación de estos artículos requiere un tiempo de lectura y reflexión, por lo que cree que se debe dar un paso adelante para cerrar la brecha en este ámbito.
Por su parte, desde el ISCIII cuentan con un plan de igualdad, del que la Dra. Pollán resalta que «intenta recoger el sentir y las acciones que desde nuestros centros consideran necesarias”. Aquí, entidades como el instituto llevan a cabo acciones que incentivan este cambio, por ejemplo, dando premios a los institutos de investigación sanitaria que trabajan en términos de investigación responsable, en la que uno de los ejes es la igualdad, Así, el año pasado otorgaron este reconocimiento a ocho de los 25 institutos que están acreditados. Con estas acciones y colaboraciones activas como la que llevan a cabo con la Fundación Española de Ciencia y Tecnología (Fecyt), tratan de abrir camino para que la brecha de género y el techo de cristal que persisten en el ámbito científico.










