Redacción
Una investigación publicada en la revista Nature en la que ha participado el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) ha desvelado que los macrófagos reciclan las bacterias fagocitadas para alimentar las respuestas inmunometabólicas. Esto abre la puerta a impulsar investigaciones para luchar contra las resistencias a los antibióticos o a avanzar en aproximaciones innovadoras en el campo de las vacunas.
Los macrófagos son células defensivas que limpian el organismo destruyendo patógenos, como bacterias y virus, a base de ingerirlos. Para los autores del artículo que han colaborado con Alejo Efeyan, del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) estos hallazgos son sorprendentes. Además, Johan Garaude, principal autor del artículo e investigador del instituto nacional francés de investigación, el Inserm, explica que «es la primera vez» que se ha descrito esta capacidad de los macrófagos. Los macrófagos son células del sistema inmunitario con la capacidad de ingerir desechos (como células dañadas y patógenos de gran tamaño) mediante un fenómeno conocido como fagocitosis. Su papel es clave en el mantenimiento y buen funcionamiento de los tejidos del organismo.
Todavía quedan puntos en los que profundizar ya que no es posible técnicamente dilucidar cuán importante es para el organismo la energía que obtienen los macrófagos al digerir agentes infecciosos. No obstante Garaude precisa que el trabajo sugiere que esta es importante para los macrófagos aunque todavía queda por profundizar la relevancia para el sistema inmunitario.
Es la primera vez que se describe esta función de los macrófagos y aunque queda profundizar sobre algunos puntos, abre vías para investigar soluciones en resistencias antimicrobianas o aproximaciones innovadoras en vacunas
En condiciones normales los macrófagos comen solo algunas bacterias a modo de ‘muestra’ de la composición del microbioma pero, in vitro, se ha visto que en casos de infección los macrófagos pueden comer hasta cien bacterias sin problema.
Otro de los hallazgos que muestra el trabajo publicado en Nature es que los macrófagos extraen los nutrientes más eficazmente de las bacterias muertas que de las vivas. Para llegar a esta conclusión, los investigadores compararon el metabolismo de los macrófagos en entornos con bacterias vivas y muertas, así como con un componente de la membrana bacteriana conocido por activar los macrófagos.
Aquí, los los resultados muestran que los macrófagos que han fagocitado bacterias enteras, vivas o muertas, tienen un metabolismo muy diferente de los que se han activado solo por la membrana bacteriana. Esto, apunta Garaude, indica que «los macrófagos usan a las bacterias como fuente de nutrientes para mantener su propio metabolismo y también para asegurar la especificidad de su función en el sistema inmunitario”.
Aportación del CNIO
Dentro de esta investigación el grupo del CNIO ha contribuido a desvelar los factores moleculares involucrados en la maquinaria de digestión de los macrófagos. Alejo Efeyan, jefe del Grupo de Metabolismo y Señalización Celular del CNIO, explica que este trabajo descubre que cuando los macrófagos desguazan un patógeno también “reciclan sus componentes, en forma de nutrientes y energía que son luego utilizados por la célula inmune”. Así, el papel del centro español ha sido “ayudar a entender cómo la maquinaria de digestión celular y de la detección de los nutrientes reciclados son importantes para que este proceso de reciclaje funcione, y para tunear la respuesta inmune”.
Estos hallazgos que han ayudado a entender que el reciclaje varía en función de la bacteria ingerida esté viva o muerta, según Efeyan son «de suma importancia, porque para el sistema inmunitario es mucho más alarmante una infección activa que una ya controlada«. «Al digerir una bacteria viva, los macrófagos producen mensajes que atraen más células defensivas«, agrega.






