El potencial antiinflamatorio de la curcumina abre camino a la búsqueda de evidencia sólida sobre su impacto en salud

La evidencia disponible abre camino a nuevos estudios que profundicen sobre su conocimiento y confirme su impacto en las patologías con líneas abiertas de investigación

Nieves Sebastián Mongares
La cúrcuma es una planta herbácea sobre la que cada vez hay más investigaciones sobre su impacto en salud, principalmente por su potencial antiinflamatorio, aunque también se le atribuyen propiedades antioxidantes y antimicrobianas. A lo largo de los años se ha identificado que los curcuminoides, ingrediente activo de la cúrcuma, interfieren en diferentes vías de señalización celular y se ha ido profundizando sobre su posible uso en la prevención o el curso de diversas enfermedades. Sin embargo, desde la comunidad científica recuerdan que antes de recomendarla a nivel terapéutico, en la mayoría de áreas es necesario profundizar y generar evidencia sólida.

Beneficios potenciales de los curcuminoides

Teniendo en cuenta el alto nivel de polifenoles de la cúrcuma, una de las principales líneas de investigación gira en torno a cómo pueden impactar sus propiedades antiinflamatorias en diferentes patologías. Aquí, también es preciso aludir a la biodisponibilidad de este ingrediente, teniendo en cuenta que la piperina (capa externa de la pimienta negra) la aumenta y que su naturaleza lipófila hace que para beneficiarse de sus propiedades sea recomendable usarla junto a compuestos grasos.

En patologías musculares y articulares, en enfermedades como la osteoartritis por sus rasgos inflamatorios, las opciones farmacológicas se dirigen a tratar este aspecto. Pero, por los costes y efectos adversos de los mismos, una línea avanza en la recomendación de compuestos naturales o suplementos dietéticos, entre los que se incluye la curcumina. En estudios doble ciegos y aleatorizados en pacientes con artritis de rodilla, se vio una mejora significativa en dolor y funcionalidad administrando curcumina respecto al brazo de control, reflejando este beneficio en la expresión de diferentes marcadores. Además, en estudios de más duración y con muestras más grandes se vio que el efecto de la curcumina se asemejaba al de los antiinflamatorios no esteroideos, pero evitando efectos adversos como los digestivos. En personas sanas ha mostrado beneficios para la recuperación muscular después de la actividad física.

En patologías musculares y articulares, por sus propiedades antiinflamatorias, los suplementos que incluyen curcumina pueden mejorar el dolor y la funcionalidad

Por otra parte, en el caso de la enfermedad renal crónica, la combinación del carácter antiinflamatorio y antioxidante de la curcumina ha llevado a evaluar el uso de nutracéuticos con este compuesto (entre otros como ubiquinona, nitratos, nitritos, licopeno y resveratrol) para enfermedad renal crónica. Entre los efectos, se observó que ayudaba a aliviar el estrés oxidativo, regular la presión arterial y los niveles de lípidos -mejorando la salud cardiovascular- y, que contribuía a mantener el equilibrio electrolítico, previniendo algunas complicaciones asociadas a la enfermedad renal crónica y mejorando la calidad de vida de los pacientes.

Asimismo, en patologías neuropsiquiátricas, el estrés psicosocial puede producir alteraciones en el cortisol o afectar al sistema inmune. En esta línea, un estudio evaluó si la suplementación con curcumina durante 15 días podría ayudar a disminuir niveles relacionados con la ansiedad moderada; los resultados revelaron que en el grupo que recibió curcumina se redujo la sobreexpresión de cortisol y otros factores respecto al brazo de control.

Otra revisión apunta que, dado que la patogenia de los trastornos psiquiátricos involucra entre sus mecanismos el aumento en la respuesta inflamatoria y, atendiendo a su posible efecto neuroprotector, la curcumina podría ser útil en el control de la ansiedad, depresión, trastorno bipolar y esquizofrenia; no obstante durante el transcurso de los estudios se han hallado ciertas inconsistencias, por lo que los investigadores instan a impulsar nuevos estudios enfocados en las dosis, formulaciones y duración en cada patología para evaluar su eficacia y definir su uso óptimo.

Teniendo en cuenta que la patogenia de los trastornos psiquiátricos involucra el aumento en la respuesta inflamatoria, la curcumina puede ser útil, también por su efecto neuroprotector

Respecto a los estudios que evalúan su uso en cáncer, hasta el momento, datos preclínicos apuntan a sus propiedades preventivas en mecanismos relacionados con el desarrollo de cáncer de colon, oral o hepático; no obstante, están en fases muy iniciales y precisan de evidencia sólida que lo corrobore. En concreto, uno de los más avanzados apunta al beneficio al reducir factores de riesgo como el hígado graso, relacionado con el cáncer hepático. En cuanto a investigación clínica, hay estudios en fases iniciales que investigan la farmacocinética y farmacodinámica de la curcumina en seres humanos que mostraron que era bien tolerada, sin producir efectos adversos graves en estos pacientes.

Sin embargo, los estudios que se han llevado a cabo sobre diferentes tipos de tumores tienen muestras muy reducidas e incluso en cáncer colorrectal hay investigaciones que arrojan conclusiones contradictorias. Por ello, los investigadores inciden en la necesidad de generar evidencia sólida antes de recomendar su uso en cualquier fase del proceso oncológico.

Más allá de en patología concretas, una de las líneas en curso explora vías como la nanoformulación o el nanotransporte para mejorar la biodisponibilidad de la curcumina

En definitiva, existen numerosos estudios con curcumina, sobre todo en patologías relacionadas con la senescencia, por su impacto en la reducción del estrés oxidativo. Para garantizar su biodisponibilidad, se están explorando vías como la nanoformulación o el nanotransporte, para que actúe sobre las células diana específicas y aumentar su eficacia.

Riesgos asociados

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) fija la ingesta diaria admisible (IDA) de curcumina en 210 miligramos al día. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria (Aesan) también recoge la IDA y recoge posibles riesgos, como las interacciones con medicamentos.  Estudios preclínicos apuntan a que puede interaccionar con anticoagulantes como la warfarina y el clopidogrel, o con fármacos como los antagonistas de la vitamina K; no obstante, en estudios en humanos se apunta que estas pueden ser limitadas a ciertas isoenzimas. Lo que sí se ha observado es que puede disminuir las concentraciones plasmáticas de antidepresivos y antipsicóticos. La Aesan afirma que en todo lo anterior es necesaria más evidencia.

Otro aspecto a tener en cuenta es la hepatotoxicidad. Tanto en pacientes a los que se administra algún tipo de medicación como en individuos sanos se han descrito casos aislados de hepatitis inducida por un compuesto con curcumina. No obstante, si la curcumina se introduce en forma de aceite, se podrían sortear estos efectos.

Más allá de sus beneficios, la Aesan recuerda que puede producir interacciones con medicamentos, hepatotoxicidad o efectos adversos gastrointestinales y cutáneos en algunos casos

Por úlimo, la Aesan apunta al impacto gastrointestinal y cutáneo. Tanto en individuos sanos como con patología, se han identificado efectos adversos como náuseas, diarrea, flatulencias y dolor abdominal, así como erupciones y otras manifestaciones cutáneas. Por ello, una línea de investigación activa evalúa distintas formulaciones y revisa las cantidades de ingesta diaria admisible para evitarlo.

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