La salud de todos no puede depender de la ideología

Carlos Rus, presidente de la alianza de la Sanidad Privada Española (ASPE)

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Anuario 2024 iSanidad 
Carlos Rus, presidente de la Alianza de la Sanidad Privada Española (ASPE)
2024 ha sido el año en el que las cartas se han puesto sobre la mesa en el ámbito sanitario. La colaboración público-privada, un modelo que ha demostrado su eficacia durante décadas, ha estado en el punto de mira de una parte del Gobierno. No se trata de una cuestión de eficiencia se impone a la lógica, los perjudicados somos todos.

Tres grandes cuestiones han marcado la agenda sanitaria de este año. La primera, y quizá la más preocupante, ha sido el intento de desmantelamiento de Muface. Este modelo mixto, que permite a funcionarios públicos elegir entre la sanidad pública o la atención a través de aseguradoras privadas, ha demostrado su eficacia durante más de tres décadas. No solo ha ofrecido una atención sanitaria de calidad a millones de personas, sino que ha descargado de forma significativa la presión sobre el Sistema Nacional de Salud (SNS).

Sin embargo, su continuidad ha estado en jaque y el riesgo de desaparición ha sido real. El modelo Muface no es una «anomalía» ni un «privilegio», como algunos han querido presentar. Es un ejemplo de cómo la colaboración público-privada puede ofrecer soluciones eficientes y sostenibles. Pero en lugar de reconocer su éxito, se ha intentado dejarlo morir, asfixiándolo por falta de financiación. Esta insuficiente financiación, presente en los últimos años, había afectado la accesibilidad sanitaria del mutualista y aumentado los tiempo de espera, ya sea por la restricción de cuadros médicos por parte de aseguradoras o por la retirada de prestadores ante las tarifas actuales.

«El modelo Muface no es una «anomalía» ni un «privilegio», como algunos han querido presentar. Es un ejemplo de cómo la colaboración público-privada»

Otro frente ha sido el proyecto de la Ley de Universalidad del Sistema Sanitario, que introduce límites significativos a los conciertos con entidades privadas. Esta ley, aún en trámite, plantea restricciones a un instrumento que ha permitido reducir lista de espera, agilizar diagnósticos y ofrecer una atención más ágil a los ciudadanos. Parece que se olvida que las entidades privadas no son rivales del sistema público, sino aliados. Negar esta realidad es privar a la ciudadanía de opciones de atención sanitaria y de los beneficios de una colaboración que funciona.

Un tercer elemento que encendió el debate fue la difusión de una supuesta relación entre la colaboración público-privada y la «mortalidad evitable» por parte de la ministra de Sanidad Mónica García. Esta afirmación fue desmentida posteriormente por un exhaustivo informe de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Pero el daño ya estaba hecho. Una afirmación falsa puede acabar calando en la opinión pública y generar un daño injusto en la imagen de un sector comprometido, que es motor de empleo en este país y atiende y cuida la salud de millones de personas. De nuevo, la ideología se imponía a los datos.

«Parece que se olvida que las entidades privadas no son rivales del sistema público, sino aliados»

Frente a este panorama, la defensa de la colaboración público-privada debe ser firme y contundente por una cuestión de coherencia con la realidad: la colaboración público-privada no es una «alternativa», es una necesidad. Gracias a esta colaboración, miles de pacientes reciben atención más rápida y se descarga de forma significativa la presión asistencial sobre el SNS. Este modelo permite aprovechar lo mejor de ambos muchos: la garantía de acceso público a la sanidad y la eficiencia, la innovación y la agilidad del sector privado.

Es importante subrayar que la colaboración no significa sustitución. No se trata de «privatizar» la sanidad, sino de sumar esfuerzos para ofrecer una mejor atención. La sanidad pública no pierde, gana. El paciente no pierde, gana. Y el sistema en su conjunto no pierde, gana. Para 2025, esperamos un cambio de rumbo. Esperamos que las decisiones no se tomen desde trincheras ideológicas, sino desde la evaluación objetiva de los datos. Ya hemos visto lo que ocurre cuando se decide desde el dogma: se generan incertidumbres innecesarias, se tensan los recursos públicos y se pone en riesgo la salud de los ciudadanos.

«No se trata de «privatizar» la sanidad, sino de sumar esfuerzos para ofrecer una mejor atención. La sanidad pública no pierde, gana»

La colaboración público-privada no es una cuestión de derechas ni de izquierdas, es una cuestión de eficiencia y sentido común. No se trata de ideología, se trata de resultados. Las empresas de la sanidad privada no son el enemigo. Somos parte de la solución. El próximo año traerá nuevos retos, pero también nuevas oportunidades. Desde ASPE, seguiremos defendiendo un modelo sanitario en el que la colaboración entre lo público y lo privado no sea vista como un enemigo a combatir, sino como una herramienta para mejorar. Porque al final, lo que está en juego no es otra cosa que la salud de todos. Y eso, se mire por donde se mire, debería estar por encima de cualquier ideología.

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