Anuario iSanidad 2024
Begoña Benito directora del Vall d’Hebron Institut de Recerca (VHIR)
En una era en la que escuchamos repetidamente que el futuro depara una crisis en los sistemas de salud europeos, en los que no conseguimos decantar el peso de la balanza hacia la prevención sobre la terapéutica, y en los que la situación se agrava por el envejecimiento progresivo de la población, el aumento de la cronicidad y la escasez de profesionales sanitarios, oigo en ocasiones poner en cuestión el beneficio que aporta que los profesionales sanitarios se involucren en investigación. Se podría pensar que emplear tiempo del personal clínico a investigar en lugar de a atender pacientes es un lujo que no podemos permitirnos. En las siguientes líneas, me gustaría despejar las dudas al respecto.
El personal sanitario desempeña un papel central en la sociedad, buscando el bienestar físico y mental de las personas a través de la asistencia clínica. La participación en investigación, como complemento a la práctica asistencial, no sólo preserva este principio, sino que lo estimula y lo enriquece, lo cual tiene un impacto beneficioso en el avance de la medicina y la atención al paciente, el desarrollo profesional del personal sanitario y la evolución de los sistemas de salud.
Uno de los principales beneficios es la generación de nuevo conocimiento altamente aplicable que puede transformar la práctica clínica. Los médicos, enfermeras y demás personal sanitario trabajan en la primera línea del cuidado de la salud, lo cual les permite identificar retos y cuestiones clínicas no resueltas óptimamente a día de hoy. De forma muy relevante, además, el contacto directo con los pacientes les permite conocer de primera mano cuáles son las necesidades y las prioridades de estos últimos en lo que concierne a su salud. Por lo tanto, la involucración tanto del personal sanitario como de los pacientes es necesaria para plantear las preguntas adecuadas que deben resolver la investigación y la innovación en salud.
«La involucración tanto del personal sanitario como de los pacientes es necesaria para plantear las preguntas adecuadas que deben resolver la investigación y la innovación en salud»
Los beneficios van más allá de proporcionar la idea inicial. Participar e involucrarse en investigación promueve el pensamiento crítico respecto a los estándares de actuación clínica, que en ocasiones no se respaldan por evidencia científica sólida, y fomenta una mentalidad de aprendizaje continuo, incentivando a los clínicos a mantenerse actualizados en un campo que evoluciona rápidamente. Además, la investigación y la innovación abren las puertas a la colaboración interdisciplinaria, permitiendo a los profesionales trabajar junto a científicos y especialistas de otros ámbitos, lo cual enriquece el aprendizaje y diversifica las perspectivas. Todo ello contribuye al crecimiento profesional del personal sanitario, pero más importante es el impacto que ello tiene sobre los pacientes. La investigación despierta en los clínicos la inquietud de perfeccionar las prácticas médicas establecidas para contribuir a que la medicina progrese y, como siempre, ello se traduzca en una mejora de la atención al paciente.
Por su parte, merita preguntarse qué espera el paciente del personal sanitario que lo trata. Por supuesto, desea que tenga la más alta calidad humana y técnica, pero también que esté al tanto de los avances más novedosos, y que tenga acceso a ellos dentro de lo posible. El liderazgo científico es un polo de atracción para los pacientes, que buscan, especialmente en las enfermedades con pocas opciones terapéuticas, ser tratados por aquellos profesionales que les puedan ofrecer los tratamientos más vanguardistas, aún en fase de investigación. Además, conocer que el equipo sanitario que lo trata está directamente comprometido con la búsqueda de soluciones científicas para su problema de salud refuerza la confianza y la relación profesional-paciente.
«Participar e involucrarse en investigación promueve el pensamiento crítico respecto a estándares de actuación clínica, que en ocasiones no se respaldan por evidencia científica sólida, y fomenta un aprendizaje continuo»
Los beneficios de la investigación trascienden al individuo y se extienden al sistema sanitario y a la sociedad en su conjunto. Los profesionales sanitarios que investigan e innovan contribuyen a construir un sistema de salud más eficiente. Los avances en medicina personalizada nos enseñan, por ejemplo, a tratar mediante una determinada estrategia sólo a aquellos pacientes que se beneficiarán de la misma. En el polo opuesto, la investigación en salud pública es de gran valor para orientar decisiones presupuestarias y mejorar la distribución de recursos, asegurando que estén alineados con las necesidades reales de la población, y nos puede alertar sobre problemas sanitarios futuros a los que el sistema debe prepararse.
En definitiva, la participación en investigación e innovación por parte del personal sanitario sea cual sea su rol y su grado de dedicación, es necesaria para el avance de la medicina y fundamental para poder afrontar los retos de salud futuros. Los sistemas sanitarios que realizan más investigación e innovación son también los que tienen mejores resultados en salud. La pandemia COVID-19 es el mejor ejemplo de por qué asistencia e investigación deben ir de la mano. Además del esfuerzo titánico realizado por los profesionales sanitarios para atender a los pacientes, fue fundamental la investigación interdisciplinaria para comprender mejor los mecanismos de la enfermedad, buscar opciones terapéuticas y desarrollar vacunas en tiempo récord.
Por tanto, mantengamos todo lo expuesto presente y no dudemos más.










