Juan León García
Fotografía: Gabriela Vázquez Vegas
La sedación consciente permite realizar tratamientos odontológicos complejos en consulta, sin necesidad de recurrir a un quirófano. Así lo explican los doctores Patricia Cid Boo y José María Requena, anestesiólogos y fundadores de Sedentia, en el nuevo episodio del podcast de iSanidad.
«Es una técnica anestésica muy común. Se hace mediante el empleo de una serie de fármacos que se administran de forma intravenosa y lo que logramos es que el paciente llegue a un estado de tranquilidad, relajación y sensación agradable», señala el Dr. Requena. A diferencia de la anestesia general, el paciente permanece consciente, lo que facilita su recuperación.
Dra. Cid Boo: «La principal ventaja de la sedación consciente para el paciente es el control de la ansiedad y del miedo»

Los beneficios también son evidentes para los profesionales. «Se encuentran con un paciente que está tranquilo, relajado, mucho más colaborador, con lo que pueden hacer el tratamiento en menos tiempo», explica la Dra. Cid Boo. En muchos casos, la técnica permite abordar procedimientos más largos y complejos en una sola sesión.
La técnica permite abordar procedimientos más largos y complejos en una sola sesión
Para aplicar sedación consciente, las clínicas deben contar con licencia específica que, como explica el Dr. Requena, en la Comunidad de Madrid «dura cinco años, y pasados esos cinco años es necesario volver a pasar una nueva inspección».
Además, en la Comunidad de Madrid, esto implica disponer de una unidad U35, cumplir requisitos arquitectónicos y contar con equipamiento como oxígeno y aspirador de secreciones. La seguridad es clave. «Es fundamental que haya todo el material necesario para que se pueda hacer con seguridad», afirma la Dra. Cid Boo.

Ambos médicos compatibilizan su trabajo en hospitales con la actividad en Sedentia. Su objetivo: llevar la seguridad hospitalaria al entorno de la clínica dental. «Nuestra idea era encontrar gente que lo compatibilizase, porque hay ciertas habilidades que, si uno deja de hacer, pierde», concluye el Dr. Requena.









