Anuario iSanidad 2024
Dra. Elena Urcelay, directora Científica del Instituto de Investigación Sanitaria del Hospital Clínico San Carlos (IdISSC)
Cuando hablamos de la investigación en el entorno sanitario, solemos reparar en grandes logros que benefician al paciente y evidencian que las fronteras entre la denominada investigación básica y la traslacional y clínica son ficticias. Baste como ejemplo la técnica de edición genética CRISPR, en cuyo descubrimiento se reconoce el mérito de un investigador español, Dr. Mojica, que permitió a otras alcanzar el Nobel.
La importancia de la investigación quedó patente en tiempos de pandemia. La atención se focalizó entonces en los profesionales sanitarios y el ciudadano comprendió que el desarrollo experimental de una idea hasta su aplicación no se improvisa, tanto más cuando intenta solucionar problemas de salud.
Pero pronto olvidamos el trabajo de los investigadores que propician esos avances, en especial aquellos del ámbito sanitario. A nadie escapa que los hospitales de reconocido prestigio siempre acompañan su actividad asistencial con una investigación internacionalmente competitiva.
En nuestro país, a menudo son los propios médicos quienes tratan de responder a las preguntas que les asaltan en el desempeño de sus funciones clínicas, añadiendo horas a su ya apretada jornada
Pero ¿sobre quiénes recae la responsabilidad de desarrollarla? En nuestro país, a menudo son los propios médicos quienes tratan de responder a las preguntas que les asaltan en el desempeño de sus funciones clínicas, añadiendo horas a su ya apretada jornada aun sabiendo que nadie lo valorará adecuadamente cuando opten a alguna promoción profesional.
¡Ojalá no se olvidara baremar correctamente estas actividades! También es clave el papel de la industria farmacéutica que, junto a los médicos, consigue aprobar nuevos fármacos rigurosamente examinados en ensayos clínicos. Estas colaboraciones del ámbito público con la empresa privada aceleran el acceso al paciente a los descubrimientos. No malinterpretemos estas colaboraciones con una privatización de la sanidad y sepamos promoverlas.
Pero la medicina avanza, las tecnologías que se emplean requieren una elevada especialización, la explotación eficiente de los datos y la aplicación de la inteligencia artificial (IA) a la resolución de problemas de salud deberían facilitarse y todo esto exige contar con equipos multidisciplinares que incluyan al personal investigador. Y aquí comienzan las dificultades…
Hace más de una década que el Instituto de Salud Carlos III trató de fomentar la investigación en los hospitales públicos
Trasladando modelos de éxito internacionales, hace más de una década que el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) trató de fomentar la investigación en los hospitales públicos instaurando su acreditación como Institutos de Investigación Sanitaria, con ya cerca de cuarenta en el territorio nacional.
Sin embargo, muchos años después siguen encontrándose problemas en la incorporación y financiación de su personal investigador. La inercia lleva a sobrecargar con nuevas tareas a los médicos, pretendiendo agregar a sus funciones asistenciales y docentes, las investigadoras. Y si bien son una pieza esencial, no creo que la investigación de los Institutos, de los hospitales públicos, deba pivotar sobre ellos.
¿Hasta cuándo seguiremos posponiendo el compromiso como país de alcanzar los niveles europeos de inversión en investigación? ¡No esperemos que los beneficios de la investigación lleguen de fuera y pongamos las piezas para acabar con el “que inventen otros”! porque la investigación es, en sí misma, una profesión a la que se debe otorgar el debido reconocimiento.
Mantener el grado de competitividad internacional que es inherente a la investigación de calidad exige una atención y dedicación completas
Aunque claramente vocacional, no debe ser reducida a un complemento voluntarioso del contenido laboral de otros profesionales. Mantener el grado de competitividad internacional que es inherente a la investigación de calidad exige una atención y dedicación completas, y por supuesto el gusto de asumirlas como reto vital. Como toda profesión requiere su oficio y adiestramiento, y debemos visibilizarla y hacerla atractiva para los que se plantean seguirla.
Cuando no ya el futuro, sino el presente laboral es incierto, es complicado atraer a los jóvenes a esta carrera. No nos sorprendamos entonces de que escojan otras profesiones mejor definidas. Ni nos escudemos en la búsqueda de la “excelencia” para justificar los reducidos recursos que otorgamos a la investigación.
Tampoco a la selección de un pretendido talento, sabiendo que la suma de capacidades diversas es lo que garantiza el éxito de cualquier equipo. No escatimemos recursos para finan ciar las distintas etapas y recordemos que los estudiantes predoctorales están culminando su trayectoria académica, un derecho que debería garantizarse. Admitamos que deben financiarse perfiles que sustenten la marcha.











