Fátima del Reino Iniesta
En hospitales y centros de salud, el descanso adecuado se ha convertido en un lujo. El trabajo a turnos, las guardias de 24 horas y el estrés acumulado están generando una auténtica crisis de sueño entre los profesionales sanitarios. Pero más allá del cansancio acumulado, la falta de sueño está llevando a muchos a una peligrosa vía de escape: las benzodiacepinas.
«Cuando el insomnio se cronifica, muchos recurren a lo que sea para poder dormir, desde melatonina hasta benzodiacepinas»
«La falta de sueño afecta gravemente a la salud física, mental y laboral del profesional sanitario», ha afirmado la Dra. Carmen Bellido, coordinadora del Grupo de Trabajo de la Alianza por el Sueño, en una entrevista concedida a iSanidad. “Y cuando el insomnio se cronifica, muchos recurren a lo que sea para poder dormir, desde melatonina hasta benzodiacepinas. El problema es que esto no solo no soluciona el problema, sino que lo agrava», ha subrayado.
Un recurso accesible y adictivo
El consumo de hipnosedantes es una práctica cada vez más común en el entorno sanitario, muchas veces sin supervisión médica. Según el Dr. Carlos Roncero, profesor de Facultad de Ciencias de la Salud de la UEMC, presidente de la Sociedad Española de Patología Dual (SEPD) y miembro del grupo sanitario de la Alianza por el Sueño, alrededor del 30% de los profesionales sanitarios consumen psicofármacos, y de ese grupo, un 25-30% lo hace sin ningún tipo de control.
«A veces los profesionales se prescriben ellos mismos, o acceden directamente a los medicamentos»
«El acceso es fácil y el riesgo de automedicación muy alto. A veces los profesionales se prescriben ellos mismos, o acceden directamente a los medicamentos. Esto supone un gran peligro», ha advertido Roncero. Aunque los efectos sedantes de las benzodiacepinas alivien temporalmente el insomnio, su uso continuado conlleva tolerancia, dependencia y un difícil síndrome de abstinencia.
En este sentido, la Dra. Bellido ha señalado que las benzodiacepinas «no se toman por capricho», sino que se consumen porque hay ansiedad, sobrecarga y fatiga acumulada. Pero su uso genera tolerancia y dependencia, y además produce deterioro cognitivo a largo plazo, algo especialmente peligroso en profesiones que requieren alta concentración y toma de decisiones críticas. «Muchos sanitarios empiezan con melatonina o valeriana y acaban recurriendo a benzodiacepinas, generando dependencia», ha denunciado. De hecho, según un estudio el uso continuado de benzodiacepinas no está indicado más allá de dos a cuatro semanas, pero en muchos casos su consumo se cronifica, generando nuevos problemas en lugar de resolver la falta de sueño.
Las benzodiacepinas «no se toman por capricho», sino que se consumen porque hay ansiedad, sobrecarga y fatiga acumulada
Privación crónica de descanso y consecuencias a largo plazo
Una distinción clave que los expertos recalcan es que no se trata solo de la dificultad para dormir, sino de una privación voluntaria o estructural del sueño provocada por las condiciones laborales. «Nos hemos acostumbrado a que los médicos y enfermeros duerman poco y mal, como si eso fuera parte del oficio. Pero dormir cinco horas no es dormir poco, es dormir mal y poner en riesgo todo el sistema sanitario», ha sentenciado la Dra. Bellido.

«Las benzodiacepinas usadas a largo plazo provocan fallos de memoria, enlentecimiento del pensamiento y mayor riesgo de desarrollar demencia»
Entre los efectos más preocupantes, destaca el deterioro cognitivo progresivo. «Las benzodiacepinas usadas a largo plazo provocan fallos de memoria, enlentecimiento del pensamiento y mayor riesgo de desarrollar demencia», ha señalado Bellido. A esto se suman mayores tasas de ansiedad, depresión y un aumento del riesgo suicida, especialmente en contextos laborales tan exigentes como el sanitario.
Una de las paradojas que más preocupa a los especialistas es la normalización del uso de estos fármacos entre quienes deberían tener más conciencia de sus efectos secundarios. «Estamos viendo cómo profesionales con formación médica llevan años tomando benzodiacepinas sin pensar en sus efectos a largo plazo. Muchos compañeros llevan tomando lexatín o lorazepam desde la pandemia. Y no se lo plantean como un problema, porque piensan que como son médicos, controlan. Pero no es así», ha alertado la Dra. Bellido.
«Estamos viendo cómo profesionales con formación médica llevan años tomando benzodiacepinas sin pensar en sus efectos a largo plazo»
El problema, ha señalado, es doble. Por un lado, el acceso fácil a los fármacos y, por otro, la falsa sensación de control que da ser médico o enfermero. A esto se suma la dificultad para dejarlas. «Crean dependencia, y el síndrome de abstinencia es duro incluso para quien conoce bien el protocolo. Si no se actúa sobre la causa de la falta de sueño, el problema se cronifica», ha añadido Roncero.
¿Qué soluciones existen?
Los expertos coinciden en que abordar el problema desde la raíz implica cambios organizativos y no solo individuales. «No es suficiente con recomendar ejercicio o evitar el café. Hay que rediseñar los turnos, garantizar el descanso tras las guardias y ofrecer seguimiento psicológico real a quienes lo necesiten», ha planteado la Dra. Bellido.
También han pedido que se forme a los profesionales en higiene del sueño y que se implanten protocolos que eviten el abuso de psicofármacos. «Necesitamos un abordaje institucional, con medidas desde medicina laboral y salud mental. Lo que no podemos hacer es seguir dejando solos a los que cuidan. No basta con resistir», ha concluido Roncero.







