La situación de los pacientes mayores polimedicados en España

La revisión periódica del tratamiento en personas mayores es clave para evitar la polimedicación inapropiada y sus riesgos asociados

Prof. Juan Antonio Vargas Núñez, jefe de Servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario Puerta de Hierro Majadahonda, catedrático de Medicina de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid y académico correspondiente de la Real Academia Nacional de Medicina de España (RANME).
Las cifras de polifarmacia en mayores de 65 años en España siguen en aumento, independientemente de la franja de edad y del sexo. ¿Pero qué es exactamente un paciente polimedicado? Es aquel que toma cinco o más medicamentos de forma continuada durante un periodo de al menos seis meses. Esto puede influir fármacos prescritos por un médico, complementos nutricionales, productos de herbolario o automedicación. No obstante, más que la cantidad, importa la calidad tomando relevancia el término de “polimedicación apropiada”. Este término reconoce que los pacientes pueden beneficiarse de múltiples medicamentos siempre y cuando que la prescripción se base en la mejor evidencia posible, refleje las condiciones clínicas de los pacientes y considere las posibles interacciones.

Las principales enfermedades que estos pacientes mayores tienen pueden ser de muy diferente índole y con frecuencia se solapan, tales como enfermedades vasculares (HTA, diabetes mellitus, dislipemia), cardiorrespiratorias (insuficiencia cardiaca, EPOC), neurológicas y psiquiátricas (trastornos cerebrovasculares, enfermedad de Parkinson, demencia, depresión), urológicas (incontinencia, prostatismo), musculoesqueléticas (poliartrosis, osteoporosis) y/o nutricionales (obesidad, malnutrición).

“La cascada de prescripción puede agravar el estado del paciente si no se identifican correctamente los efectos adversos de los medicamentos”

En cuanto a las principales categorías de fármacos que suelen tomar los mayores, pueden ser de los siguientes grupos: benzodiazepinas, neurolépticos, esteroides, antiinflamatorios, anticoagulantes, antiagregantes, anticolinérgicos, corticoides, betabloqueantes, diuréticos, hipotensores, hipoglucemiantes, antidepresivos, laxantes, antibióticos u opiáceos, entre otros.

En estas situaciones es necesario reconocer los efectos adversos de cada uno de los medicamentos para evitar la cascada de la prescripción, o explicado de otra forma, es importante impedir esa sucesión encadenada de prescripciones donde un fármaco produce una reacción adversa que no se reconoce como tal y se decide tratar con otro fármaco, lo que dirige a la polimedicación.

Son muchas las consecuencias clínicas que se han asociado a la polifarmacia. Entre ellas se encuentran las farmacológicas (interacciones y efectos adversos), alteraciones de la función cognitiva (deterioro cognitivo y delirium), síndromes geriátricos (incontinencia urinaria y fecal, caídas), deterioro funcional, visitas a Urgencias, ingresos hospitalarios, institucionalización, fragilidad y mortalidad, entre otras.

“La polimedicación no siempre es negativa, pero debe basarse en criterios clínicos sólidos y ajustarse a las necesidades reales del paciente”

La clave para conseguir una buena adherencia por parte del paciente no solamente dependerá del número de fármacos prescritos, sino que el propio médico también deberá jugar un papel clave a través de una buena comunicación que permita ganar la confianza del paciente. Si durante el tiempo de consulta se sustituye la palabra por la tecnología, el silencio o la indiferencia, es evidente que el cumplimiento terapéutico se verá afectado.

¿Y quiénes son los especialistas que suelen manejar a los pacientes mayores polimedicados? Son principalmente geriatras, internistas y médicos de familia, por lo que la colaboración es imprescindible a través de la continuidad asistencial. Los internistas, los geriatras y los médicos de familia comparten una formación multidisciplinaria y una visión integradora de la medicina. Esta polivalencia y versatilidad propia de clínicos generalistas, nos permite ser garantes de la atención integral de estos pacientes.

Como conclusión, el término polimedicación suele tener una connotación negativa, aunque no siempre lo es, puesto que hay pacientes que toleran bien varios medicamentos y que experimentan beneficios en términos de supervivencia y mejora de su calidad de vida. Una adecuación de la polifarmacia puede disminuir el aumento del gasto sanitario directo, en relación al coste de los fármacos, como el indirecto, en cuanto a demanda de atención en Atención Primaria y servicios de Urgencias, así como hospitalizaciones. Lo más importante es reevaluar las medicaciones de forma frecuente durante la edad adulta y suspender aquellas que ya no son necesarias, para evitar la polifarmacia en años posteriores. Es normal acumular años, pero no fármacos.

 

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