Anuario iSanidad 2024
Julio Agredano, presidente de la Fundación Freno al ictus
El pasado mes de octubre se presentó la actualización de la Estrategia en ictus del Sistema Nacional de Salud. La anterior estrategia publicada era del año 2009 y profesionales y pacientes llevábamos tiempo demandando una actualización profunda y adaptada a la nueva realidad del ictus, tanto científica como social.
Esta actualización además de contar con los diferentes profesionales y sus correspondientes sociedades científicas implicadas en “mundo ictus”, ha contado con la visión y la experiencia de las entidades sociales que trabajamos con los afectados y sus familias, ayudando de esta forma a enriquecerla. Esta actualización ha permitido crear una base común, para poder desarrollarla en los diferentes territorios y llegar a toda la sociedad.
En estos años se han conseguido grandes avances en el manejo de la enfermedad, pero hay todavía lagunas y puntos de mejora que la nueva estrategia quiere abordar
La anterior estrategia (2009) logró que se considerara el ictus como una emergencia médica y esto ya fue un gran avance, además se consiguió crear un consenso para el desarrollo de las unidades de ictus en el territorio y la implantación del código ictus, en estos años se han conseguido grandes avances en el manejo de la enfermedad, pero hay todavía lagunas y puntos de mejora que la nueva estrategia quiere abordar. Quiero tratar los tres puntos principales que desde las entidades sociales podemos aportar, prevención, fase hiperaguda, neurorrehabilitación y vida después de un ictus.
El primero es el relativo a la prevención. Por desgracia, la prevalencia del ictus sigue en crecimiento; ya el 50% de los casos de ictus son en gente en edad laboral (adultos jóvenes) y uno de cada cuatro personas tendrá un ictus en su vida. Por ello, tenemos que promover la creación de entornos más saludables, en educación, salud laboral, promover cambios culturales hacia una mejor salud cerebral que mejoren la prevención en nuestra sociedad, recordemos que el 90% de los ictus son prevenibles.
Por otra parte, está el abordaje de la fase hiperaguda. Una de las principales líneas de trabajo de las asociaciones de pacientes que trabajamos con ictus, ha sido la de divulgar y formar a la sociedad sobre la enfermedad, así como sobre sus síntomas para una detección precoz y activación rápida del código ictus. Como dice la estrategia hay que educar a la población como primer eslabón de la cadena de supervivencia ante un ictus, en esa línea nosotros trabajamos muy intensamente para que el ictus sea una enfermedad más y mejor conocida.
Hay que educar a la población como primer eslabón de la cadena de supervivencia ante un ictus, en esa línea nosotros trabajamos muy intensamente para que el ictus sea una enfermedad más y mejor conocida.
También hay que tratar la neurorrehabilitación y vida después de un ictus. Uno de los objetivos no cumplido de la anterior estrategia, y cito textualmente “tampoco se han logrado los objetivos relacionados con la atención y apoyo al paciente con discapacidad y a su familia”, claramente es el punto en el que tenemos un mayor margen de mejora.
Recordemos que estamos ante una enfermedad altamente discapacitante y los tratamientos de rehabilitación mejoran el pronóstico de los pacientes con ictus. Pero como indica la estrategia, el acceso es aún muy desigual por lo que reducir esa inequidad es un objetivo. Otro es el de facilitar la información necesaria para que las familias obtengan en el menor tiempo posible los re cursos del sistema sobre situación de dependencia, discapacidad, medidas de apoyo, u otros recursos que mejoran la evolución del paciente.
Hay que trabajar en la inclusión laboral de una persona afectada por un daño cerebral, proporcionarle rehabilitación emocional, planteando la pregunta: y después de un ictus, ¿qué?
Asimismo, hay que trabajar en la inclusión laboral de una persona afectada por un daño cerebral, proporcionarle rehabilitación emocional, planteando la pregunta: y después de un ictus, ¿qué? En esta misma línea, son de ayuda la creación de redes de apoyo, de pacientes para pacientes y que reduzcan el aislamiento social.
Las entidades sociales, los pacientes, somos un recurso que facilita la inclusión; podemos y tenemos que estar implicados en las diferentes etapas de la enfermedad, desde las fases más tempranas, hasta llegar a las fases de cronicidad. Actualmente cubrimos carencias del sistema y potenciarnos, ayudarnos, es una garantía para reducir entre todos el drama personal, familiar y social que representa ser un afectado de ictus en nuestra sociedad. Entre todos pasar del papel a los hechos.










