Más de 1.000 millones de adolescentes enfrentarán problemas de salud prevenibles en 2030

La Comisión sobre Salud y Bienestar de los Adolescentes de 'The Lancet' alerta sobre el aumento de la obesidad y trastornos mentales entre jóvenes de 10 a 24 años

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Fátima del Reino Iniesta
La salud y el bienestar de los adolescentes están en riesgo de deterioro estructural a nivel global, según advierte este miércoles la nueva Comisión sobre Salud y Bienestar Adolescente. El estudio publicado en mayo de 2025 en la revista científica The Lancet, identifica una tendencia creciente de enfermedades no transmisibles, trastornos mentales y vulnerabilidades derivadas del cambio climático entre la población de 10 a 24 años. El documento alerta que, de no actuar con urgencia, en 2030 más de 1.000 millones de adolescentes vivirán en países que enfrentan múltiples cargas de enfermedad simultáneas.

El análisis, realizado por un grupo interdisciplinar de 44 expertos internacionales, subraya que la adolescencia, como etapa clave en el desarrollo humano, sigue siendo una de las fases más desatendidas de la salud pública global, a pesar de su impacto directo en la morbilidad adulta y la salud de futuras generaciones. Desde una perspectiva epidemiológica, la adolescencia representa un periodo crítico en la consolidación de conductas de salud, el inicio de enfermedades crónicas y la formación de factores protectores o de riesgo. No obstante, el informe señala que solo el 2,4% de la ayuda oficial al desarrollo en salud se ha destinado a este grupo etario entre 2016 y 2021, a pesar de que los adolescentes constituyen el 25,2% de la población mundial.

En 2030, se proyecta que más de 1.000 millones de adolescentes vivirán en países con múltiples cargas de enfermedad

Esta brecha estructural entre necesidades y recursos compromete la eficacia de las estrategias de salud global. La Comisión enfatiza que la inversión en salud adolescente produce un triple dividendo, al beneficiar a los jóvenes actuales, a los adultos en los que se convertirán y a la siguiente generación que ellos criarán.

En este sentido, Javier Sayavera, profesor del área de Educación Física y Deportiva de la Universidad Pablo de Olavide, valora que la información presentada en el estudio «pone de manifiesto la importancia de esta etapa de la vida y los diferentes desafíos que está afrontando. La situación incluso empeora para la salud y bienestar adolescente en países de bajo y medio nivel de ingresos, donde además se concentra una importante parte de la población adolescente mundial». 

La Comisión estima que en 2030 habrá 464 millones de adolescentes con sobrepeso u obesidad, lo que representa un aumento de 143 millones respecto a 2015

Las estimaciones desarrolladas por la Comisión indican que en 2030 habrá 464 millones de adolescentes con sobrepeso u obesidad, lo que representa un aumento de 143 millones respecto a 2015. Asimismo, se prevé que los trastornos mentales y el suicidio generen una pérdida total de 42 millones de años de vida ajustados por discapacidad, superando en dos millones los niveles de 2015. El informe advierte que la tendencia al alza en enfermedades no transmisibles persistirá, especialmente en contextos de urbanización acelerada y limitada cobertura de servicios preventivos.
En este sentido, Sayavera destaca especialmente estas áreas, al afirmar que «también cabe destacar la información proporcionada en relación con la salud mental o la obesidad, que causa graves problemas en una proporción importante de esta población».

Además, se proyecta que la mitad de la población adolescente del mundo se concentrará en países con múltiples cargas de enfermedad, incluyendo enfermedades infecciosas, desnutrición, obesidad, trastornos del ánimo, violencia y exposición a factores medioambientales adversos.

Determinantes sociales, comerciales y ambientales 

Los adolescentes actuales serán la primera generación en vivir toda su vida bajo el impacto sostenido del cambio climático. Esta condición, junto con fenómenos asociados como la inseguridad alimentaria, la pérdida de biodiversidad, la exposición a contaminantes y los desplazamientos forzados, aumenta significativamente los riesgos para la salud física y mental en este grupo de edad.

Las tasas de sobrepeso, obesidad y trastornos mentales seguirán aumentando si no se implementan políticas intersectoriales eficaces

Asimismo, el informe alerta sobre el papel creciente de los determinantes comerciales de la salud. Entre ellos se destacan la publicidad de alimentos ultraprocesados, bebidas azucaradas, productos nocivos como tabaco y alcohol, así como el acceso sin regulación a contenidos nocivos en entornos digitales. La Comisión subraya que la falta de regulación y el escaso control sobre estos entornos inciden directamente en el deterioro de la salud mental y el comportamiento social de los adolescentes.

Para revertir las tendencias descritas, la Comisión propone diseñar un objetivo específico de desarrollo centrado en la salud y el bienestar adolescente, respaldado por mecanismos robustos de medición, rendición de cuentas y coordinación a nivel global. También se requiere una mejora sustancial en los sistemas de información y vigilancia epidemiológica, con indicadores desagregados por edad, sexo y contexto socioeconómico, que permitan monitorear la evolución de los determinantes sociales y sanitarios que afectan a esta franja de edad.

«Esta población se enfrenta a un mundo constantemente cambiante que requiere de priorizar determinadas áreas de acción para abordar estos problemas»

Sayavera destaca que este grupo de expertos «proporciona una serie de acciones para tratar de resolver los problemas de salud y bienestar de la adolescencia, entre los que se encuentran el derecho de los adolescentes a participar para asegurar que las acciones que se lleven a cabo serán relevantes para esta población». Añade que «esta población se enfrenta a un mundo constantemente cambiante que requiere de priorizar determinadas áreas de acción para abordar estos problemas». 

Necesidad de una respuesta eficaz y coordinada

La Comisión propone una integración funcional entre los sistemas de salud y educación, que garantice intervenciones coordinadas en salud mental, prevención de violencia, promoción de actividad física, alimentación saludable y educación afectivo-sexual. La universalización del acceso a servicios sanitarios adaptados a adolescentes, tanto desde el punto de vista clínico como psicosocial, constituye otro eje prioritario.

Asimismo, se recomienda asegurar trayectorias educativas continuas hasta niveles postsecundarios, especialmente para adolescentes en situación de vulnerabilidad estructural, y reforzar los mecanismos comunitarios de protección ante situaciones de violencia, conflicto armado o encarcelamiento.

La Comisión aboga por una regulación efectiva de los determinantes comerciales que afectan a la salud adolescente, incluyendo las prácticas de marketing digital, la venta de productos adictivos y el diseño de plataformas tecnológicas que puedan tener impactos negativos en el bienestar psicológico. Se insta a promover un uso saludable de los entornos digitales y establecer mecanismos de prevención frente a la exposición a contenidos nocivos.

En paralelo, la salud adolescente debe integrarse en las estrategias de adaptación al cambio climático, incluyendo planes de acción específicos para mitigar los impactos sanitarios derivados de fenómenos extremos, pérdida de hábitat, migraciones ambientales y degradación ecosistémica.

La Comisión Lancet concluye que la salud y el bienestar adolescente deben convertirse en una prioridad estratégica dentro de los sistemas de salud pública y que el coste de no actuar es alto. Además, el informe hace un llamado urgente a los responsables de políticas sanitarias, investigadores, profesionales clínicos y organismos multilaterales a integrar este enfoque en sus agendas, reconociendo a los adolescentes como sujetos de derecho, actores de cambio y beneficiarios de un desarrollo equitativo y sostenible.

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