Anuario iSanidad 2024
Dr. Manuel Rodríguez Piñero, presidente de la Sociedad Española de Angiología y Cirugía Vascular (Seacv) y Dr. José Ramón March García, vicepresidente de la Sociedad Española de Angiología y Cirugía Vascular (Seacv)
La importancia, severidad y consecuencias para pacientes y sistema de las enfermedades vasculares ha presentado un crecimiento exponencial en este primer cuarto de siglo. Y he dicho bien, vasculares, no cardiovasculares, apelativo en el que la importancia de nuestra práctica queda muchas veces enmascarada.
El incremento de la prevalencia de diabetes mellitus se sitúa en el rango “pandémico” y sabemos que al menos un 25% de estos pacientes van a presentar patología en el pie a lo largo de su vida. Cerca de un 30% de los mayores de 75 años presentarán cuadros de isquemia en las extremidades inferiores. La patología aneurismática parece haber sufrido un incremento súbito tras la pandemia y las varices siguen estando en las primeras posiciones del ranking de patologías que nutren las listas de espera quirúrgicas del sistema.
No solamente varices, el espectro de la patología venosa se está incrementando progresivamente, al amparo del desarrollo tecnológico y las demandas sociales. Además, la progresión tecnológica nos permite llegar a más pacientes y complejos, para los que hace no tantos años probablemente no tendríamos una solución efectiva.
La Angiología y Cirugía Vascular (ACV) tiene que afrontar una serie de retos de cara al futuro más inmediato: su visibilidad, el reto tecnológico y la definición de modelo de especialidad
Ante esta situación, la Angiología y Cirugía Vascular (ACV) tiene que afrontar una serie de retos de cara al futuro más inmediato, entre los que destacaría tres: su visibilidad, el reto tecnológico y, finalmente, la definición de modelo de especialidad que queremos llegar a ser. Sin duda, nuestra especialidad sufre un déficit de visibilidad. Este se inicia desde la formación de pregrado, donde hasta hace relativamente poco, nuestra disciplina estaba prácticamente ausente de los curricula formativos.
Aunque actualmente esta situación se ha revertido, la carga docente de nuestra patología sigue siendo inferior al peso que la misma va a representar en la actividad profesional de nuestros futuros egresados. Dicho déficit se va a perpetuar durante la formación especializada, donde un pilar tan importante del sistema como los médicos de familia, no cuentan con una rotación específica por nuestros Servicios, lo que provoca un desconocimiento global tanto de la especialidad, como de su patología.
Pero no solo debemos encontrar culpas externas. Posiblemente los cirujanos vasculares no hemos sabido hacer visibles nuestra actividad e importancia ante compañeros y autoridades ni hemos sido capaces de crear las sinergias necesarias en el ambiente extrahospitalario, para hacernos presentes y aportar nuestro valor.
Las últimas décadas, la práctica médica ha sufrido un cambio tecnológico singular, del que nuestra especialidad no ha sido excepción, reconvirtiendo nuestra disciplina en una nueva especialidad. La llegada de las terapias endovasculares a todos los niveles (patología isquémica, carotidea, aneurismática, venosa…) ha supuesto una auténtica revolución.
En las últimas décadas, la práctica médica ha sufrido un cambio tecnológico singular, del que nuestra especialidad no ha sido excepción
En España, los cirujanos vasculares quisimos y supimos desde el primer momento hacernos cargo de este cambio de paradigma y en la actualidad, la gran mayoría de estos procedimientos son realizados dentro de los servicios de ACV. Sin embargo, el acceso a sistemas de alta tecnología en forma de quirófanos híbridos, sistemas de monitorización intraoperatoria, etc… presenta gran variabilidad geográfica y existen importantes diferencias de dotación en función de las distintas comunidades autónomas. Sin ningún lugar a dudas, trabajar para conseguir dimensionar y homogeneizar adecuadamente la dotación de los servicios de ACV en todo el territorio es uno de los retos de cara los próximos años.
Y finalmente, el reto del futuro. Probablemente, tras el gran cambio que representó la “revolución endovascular” hace 3 décadas, actualmente nos encontramos en la encrucijada de definir qué modelo de especialidad queremos ser y desarrollar en el futuro más próximo.
A lo largo de los años, nos hemos movido entre dos almas u orientaciones, entre un modelo más centrado en la práctica quirúrgico o endovascular de alta complejidad, más cerrado en sí mismo y un modelo abierto, inclusivo en el que sin abandonar nada de lo anterior, seamos capaces de abarcar otras áreas de nuestra práctica.
Nuestra especialidad tiene los mimbres para tomar un aspecto central en el abordaje integral de la patología vascular
Creo con rotundidad, que nuestra especialidad tiene los mimbres para tomar un aspecto central en el abordaje integral de la patología vascular, en aspectos no solo quirúrgicos/ endovasculares, sino también diagnósticos, de tratamiento médico y profiláctico, estableciendo, además, sinergias imprescindibles con otras especialidades, entre los que los profesionales de primaria deben ser un punto central, para garantizar el cuidado de nuestros pacientes de forma rápida, eficiente y amigable para los ciudadanos.
Pero, para lograr estos objetivos, no solo es preciso la voluntad de emprender el camino, sino también el apoyo decidido desde las autoridades, reconociendo este papel de la especialidad y favoreciendo el adecuado dimensionamiento en personal de nuestros servicios. La voluntad sin medios nos llevaría una vez más a la melancolía.







