Rafael Belmonte Gómez, diputado a Cortes Generales por Sevilla del Grupo Parlamentario Popular y secretario Segundo de la Comisión de Sanidad del Congreso
La ministra de Sanidad, Mónica García, ha hecho de la expresión “poner pie en pared” una bandera frente al crecimiento de la sanidad privada. Es una consigna que ha calado entre quienes piensan como ella. Sin embargo, en estos días convulsos en el ambiente político, muchos profesionales sanitarios se preguntan: ¿y si también se pusiera pie en pared contra la corrupción?
¿Se puede poner pie en pared, como dice Mónica García, contra la corrupción?
La reciente implicación de altos cargos del PSOE en presuntos casos de corrupción ha sacudido la escena política. El informe de la UCO que afecta a principales dirigentes del PSOE ha tenido un efecto demoledor. Ante esto, Mónica García ha reaccionado con contundencia: ha pedido la dimisión y ha exigido explicaciones. Incluso ha llegado a declarar: “Malditos sean todos los corruptos”. Estas palabras son bienvenidas, pero no bastan.
Los médicos, que sostienen el sistema con jornadas interminables y guardias mal remuneradas, esperan más que declaraciones, esperan acciones. Esperan que esa misma firmeza que se aplica contra la privatización se traduzca en una lucha real contra quienes saquean lo público desde dentro.
La corrupción destapada hace que no llegue más financiación a las urgencias, a los centros de salud, a los programas de atención primaria o a la investigación médica
Hay que poner pie en pared contra cada euro desviado por la corrupción. Es un euro que no llega a las urgencias, a los centros de salud, a los programas de atención primaria o a la investigación médica. Es un euro que no mejora las condiciones laborales de los profesionales ni la atención a los pacientes. ¿Va a poner Mónica García pie en pared para que devuelvan el dinero? ¿Para que se refuercen las plantillas? ¿Para que se dignifiquen las guardias? ¿O solo se pone pie en pared cuando conviene ideológicamente?
La ministra a la que tanto le gusta alzar la voz, ahora tiene la oportunidad de demostrar que también sabe actuar. Que no basta con maldecir a los corruptos, sino que hay que traducirlos a hechos. Que no basta con señalar a las empresas privadas, sino también a los que, desde lo público, traicionan la confianza ciudadana. Es el momento de ser coherente. De poner pie en pared, sí, pero de verdad, contra los corruptos. La corrupción no entiende de ideologías, pero sí de impunidad. Mónica García tiene la oportunidad de demostrar que su cargo vale más que la ideología y que su no va a colaborar con los que han permitido la corrupción. Ahora sabremos si se aferra al cargo o quiere un futuro para el sistema sanitario.










