Paula Baena
La política de Donald Trump y los recortes anunciados por su Administración en materia de ciencia han llevado al 75% de los investigadores estadounidenses a plantearse la idea de emigrar del país. Así lo indica una encuesta realizada por Nature, que analiza el impacto del actual contexto político sobre la investigación pública en Estados Unidos (EE.UU.). De los 1.608 investigadores encuestados, la mayoría reconoce que la reelección del Gobierno republicano ha influido directamente en sus planes y expectativas profesionales.
Actualmente, las decisiones presupuestarias del Ejecutivo estadounidense ya están teniendo un efecto directo sobre el tejido investigador. Más de 200 subvenciones destinadas a proyectos sobre VIH y sida se han cancelado y también se han aplicado recortes a la financiación de investigaciones sobre el Covid-19. Además, se ha retirado una partida de 400 millones de dólares (casi 350 millones de euros) a la Universidad de Columbia, en respuesta a las protestas por la situación en Gaza. Estas medidas, sumadas a la incertidumbre generalizada, han contribuido a generar un clima de desconfianza en el sistema científico federal.
El impacto no se limita a casos puntuales. Según datos publicados por Nature, el valor total de las subvenciones que han dejado de asignarse a través de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) asciende ya a unos 8.000 millones de dólares. A ello se suman los recortes previstos para el presupuesto de 2026: cerca de 18.000 millones menos para los NIH y otros 5.000 millones de reducción en la Fundación Nacional de Ciencia (NSF), dos de las principales vías de financiación para la investigación pública en Estados Unidos.
Un giro en las búsquedas de empleo
En paralelo, se ha producido un aumento llamativo del interés por trabajar fuera del país. La plataforma Nature Careers registró en marzo un incremento del 32% en las solicitudes enviadas desde Estados Unidos a instituciones europeas, en comparación con el mismo mes del año anterior. Las visitas a ofertas internacionales crecieron aún más, un 41%. En dirección contraria, el interés por oportunidades en EE.UU. ha disminuido: las solicitudes procedentes de investigadores europeos cayeron un 41% en el mismo periodo.
Detrás de este cambio de tendencia está, en gran medida, la precariedad. «La gente no sabe cuánto va a durar su contrato y eso lo complica todo: pedir ayudas, organizar un proyecto, incluso hacer planes de vida», señaló Valerie Niemann, ingeniera química que se ha trasladado de la Universidad de Stanford a la Universidad de Berna (Suiza) a Nature. No obstante, cabe señalar la influencia del momento profesional. Los perfiles más jovenes, doctorandos, postdocs y científicos sin plaza fija tienen más posibilidades de trasladarse que cualquier perfil senior.
Las cifras de la movilidad científica reflejan un cambio de rumbo
Ante esta situación, la Unión Europea y varios países del continente han activado mecanismos para atraer a quienes buscan continuar su carrera fuera de Estados Unidos. A la financiación ya existente del programa Horizonte Europa, con un presupuesto de más de 93.000 millones de euros, se han sumado iniciativas específicas centradas en la captación de talento internacional.
Una de las más visibles es Choose Europe, fondo conjunto dotado inicialmente con 500 millones de euros para apoyar la incorporación de investigadores extranjeros. Al margen de esta estrategia común, algunas universidades y gobiernos nacionales han lanzado programas propios.
España refuerza el programa Atrae con el objetivo de atraer científicos internacionales
En España, el Ministerio de Ciencia ha destinado 45 millones de euros dentro del programa Atrae 2025 a la captación de investigadores internacionales de alto nivel. Además, ha previsto ayudas complementarias de hasta 200.000 euros por proyecto para instituciones que incorporen científicos procedentes del extranjero, especialmente desde Estados Unidos.
Bélgica, Noruega, Países Bajos, Francia y Alemania han seguido líneas similares. En Francia, la Universidad de Aix-Marsella presentó en marzo la iniciativa Un lugar seguro para la ciencia, con 15 millones de euros destinados a atraer a 15 investigadores internacionales en áreas como salud, medio ambiente o ciencias sociales. La convocatoria recibió casi 300 solicitudes en pocas semanas, el 70% procedentes de Estados Unidos.
Alemania, por su parte, prepara una estrategia activa para atraer a científicos estadounidenses descontentos con la política científica de EE. UU., ofreciendo un «refugio seguro», en un marco de inversión pública reforzada, según declaró Lars Klingbeil, vicecanciller y ministro de Finanzas. En paralelo, la Sociedad Max Planck ha anunciado un programa transatlántico de colaboración con instituciones estadounidenses, así como nuevas plazas para jóvenes investigadores y posiciones de liderazgo para científicos consolidados que abandonen su país.
La brecha salarial, un inconveniente considerable
Aunque Europa se presenta como una alternativa atractiva en muchos sentidos, con mayor estabilidad institucional, menor coste de vida y acceso a servicios públicos como la sanidad o la educación, la brecha salarial con respecto a Estados Unidos sigue siendo considerable. Un postdoctoral en una universidad puntera como Stanford puede percibir cerca de 6.000 euros al mes, mientras que en Francia la cifra ronda los 3.600 euros (antes de impuestos). La diferencia, sin embargo, se compensa parcialmente con otros factores. «Cuando sumas matrícula, seguro médico y costes de vida en EE. UU., la distancia real no es tan grande como parece», apuntó el economista Jean-François Huchet en Nature.
Un postdoctoral en Stanford puede percibir cerca de 6.000 euros al mes, mientras que en Francia la cifra ronda los 3.600 euros
Aun así, hay dudas sobre la capacidad del sistema europeo para absorber un volumen elevado de científicos extranjeros sin tensión interna. La Asociación Europea de Universidades ha advertido recientemente de una ralentización de la inversión pública en ciencia en varios países del bloque, lo que podría dificultar la sostenibilidad de esta estrategia si no se acompaña de reformas estructurales.
Por otro lado, Europa no es el único destino que ha reaccionado ante la desafección creciente en EE. UU. Países como Canadá y China también han intensificado su captación. Según datos de Nature Careers, las solicitudes desde Estados Unidos a ofertas laborales en Canadá crecieron un 41% en el primer trimestre del año; en el caso de China, el interés ha subido un 30% en visitas y un 20% en solicitudes formales.
Europa no es el único destino: Canadá y China intensifican su captación
En Estados Unidos, mientras tanto, la incertidumbre se consolida como parte del día a día en los entornos académicos. Según una encuesta de la Asociación Nacional de Postdoctorados, el 43% de los investigadores consultados considera que su puesto está en riesgo, y más de un tercio afirma que su trabajo se ha visto retrasado o comprometido por falta de fondos.
Así, Europa observa el debate como una oportunidad, pero también con cautela. En un comunicado de la Asociación Euromediterránea de Economistas (EMEA), su presidenta, Rym Ayadi, alertó de que «sin fuentes de financiación predecibles, salarios competitivos y apoyo institucional, Europa corre el riesgo de convertir una posible ventaja en frustración y desperdicio de cerebros».
Por ahora, el flujo de solicitudes se mantiene al alza y la gran incógnita sigue siendo si ese movimiento se consolidará en forma de migración real y sostenida o quedará, simplemente, como un síntoma más de un sistema que se está reconfigurando.










