Gema Maldonado Cantero
¿Sientes que el trabajo en la empresa te ocupa tanto tiempo que perjudica a tus tareas domésticas y familiares?, ¿con qué frecuencia se le requiere empezar a trabajar antes o acabar más tarde de lo que establece su horario laboral?, ¿estás preocupado por si te despiden o no te renuevan el contrato?. Son algunas de las preguntas que propone el Ministerio de Sanidad para que los médicos hagan a los pacientes que acudan a la consulta con problemas de salud mental, con el fin de recabar información que ayude a saber si pueden estar originados por su trabajo. Y, si es así, incorporen esa información a la historia clínica y puedan comunicar la sospecha a los servicios de prevención o a las autoridades competentes en salud labora, si el paciente consiente.
Es una de las medidas que incluye el Informe Trabajo y Salud mental: una hoja de ruta para las administraciones sanitarias, que han presentado este miércoles las ministras de Sanidad y de Trabajo, Mónica García y Yolanda Díaz. El documento, elaborado por una cuarentena de académicos de distintas áreas, analiza y reconoce el trabajo como un determinante social de la salud mental y propone mecanismos clínicos y organizativos para detectar, notificar y vigilar los trastornos mentales relacionados con el trabajo. Y para esto, quiere reforzar el papel del sistema sanitario en su identificación y abordaje.
La hoja de ruta quiere reforzar el papel del sistema sanitario en la identificación y abordaje de los trastornos de salud mental originados por el trabajo y visibilizar este problema
«Cuando el trabajo se desarrolla en contextos de precariedad, inseguridad, sobrecarga, violencia o falta de reconocimiento, se convierte en una fuente persistente de malestar psíquico», ha apuntado la ministra de Sanidad en su intervención. Una de las medidas para identificar esta fuente de malestar emocional es que «en las consultas preguntemos por las condiciones laborales y que parte de la historia clínica tenga en cuenta esas condiciones«, ha añadido.
Una medida que también se aplique a los problemas de salud mental vinculados al trabajo que pueden sufrir los médicos. «Si tenemos un sanitario que no es capaz de poder diagnosticar y tratar bien la patología, con una agenda de 60 pacientes y no puede ejercer su profesión como querría, esto es importante. No podemos ignorar lo que no encaja en una categoría clásica diagnóstica«, ha defendido.
El documento incluye otros aspectos y traza una hoja de ruta que se completará, según ha adelantado la comisionada de Salud Mental, Belén González, con formación a los equipos sanitarios, alianzas con otros ministerios y el desarrollo de un sistema de vigilancia epidemiológica para poder medir algo que ahora se desconoce: los efectos del trabajo en la salud mental y en qué medida influyen en las bajas laborales. «Las bajas de larga duración por salud mental han aumentado desde 2018 casi un 400%, pero no sabemos cuántas de estas bajas se originan en problemas laborales», ha señalado.
Belén González: «Las bajas de larga duración por salud mental han aumentado desde 2018 casi un 400%, pero no sabemos cuántas de estas bajas se originan en problemas laborales»
El informe ofrece una revisión de la evidencia científica disponible que indica que las personas expuestas a inseguridad laboral (temor a perder su trabajo o a cambios en sus condiciones) tienen un 61% más de probabilidad de tener depresión, un 77% más de trastornos ansiosos y un 30% más de probabilidad de consumir psicotrópicos.
«En la Unión Europea, el 41% de las personas trabajadoras tiene problemas de salud mental con causa en el trabajo», ha afirmado la ministra de Sanidad, Yolanda Díaz, que ha echado mano de uno de los datos del reciente informe elaborado por su ministerio sobre precariedad laboral y salud mental, que indica que «terminar con la precariedad acabaría con 170.000 casos de depresión al año». «No podemos medicalizar el sufrimiento ni reducir la salud mental a una pastilla», ha defendido.
«No podemos reducir la salud mental a una pastilla, ha dicho la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, que defiende que las malas condiciones de trabajo «tienen que incorporarse como una variable clínica»
Díaz ha añadido que el coste económico de las patologías de salud mental en España supone el 1,5% del PIB, un coste «del que no se habla nunca». La titular de Trabajo ha defendido que las malas condiciones de trabajo «tienen que incorporarse como una variable clínica» y dejar de responsabilizar a las personas con problemas de salud mental vinculados a su trabajo.
¿Qué tendrán que hacer los médicos?
Uno de los objetivos de la hoja de ruta que ha presentado Sanidad es establecer las bases para que los médicos puedan comunicar la sospecha de un problema de salud mental a causa del trabajo y, de esta forma, pueda llegar a reconocerse como enfermedad profesional en el caso de necesitar una baja. «Cuando consigamos esto, habremos ganado esta batalla», ha afirmado Díaz.
Además de reconocer el trabajo como un determinante social «clave» de la salud mental, la hoja de ruta del Ministerio establece los riesgos psicosociales laborales y su relación con salud mental para, a continuación, centrarse en el abordaje clínico del problema, la parte que más concierne a los médicos. Primero, con recomendaciones para hacer una evaluación clínica de lo que le ocurre al paciente con perspectiva laboral a través de la anamnesis y, segundo, con instrucciones para hacer una valoración de la sospecha de origen laboral.
El documento establece el abordaje clínico de los problemas de salud mental de origen en el trabajo con recomendaciones para la evaluación clínica y la valoración de la sospecha
El texto indica que cuando los síntomas de la persona coinciden con condiciones laborales de riesgo y se establece una relación temporal o contextual con el entorno de trabajo, debe establecerse la sospecha clínica de que el trabajo está contribuyendo al problema de salud mental. Esta valoración también servirá al médico para orientar cómo va a manejar el caso y le ayudará a tomar decisiones más ajustadas.
A continuación, especifica el proceso de codificación y comunicación de la sospecha clínica, esto es, cómo debe registrarse en la historia clínica mediante los códigos de Clasificación Internacional de Enfermedades. El objetivo es mejorar la atención, contar con datos agregados que puedan servir al futuro sistema de vigilancia y comunicar esta sospecha a los servicios de prevención o a las autoridades competentes en salud laboral (cada comunidad tendrá que designar una), si el paciente da su consentimiento. El fin último de comunicar esta sospecha es conseguir que los problemas de salud mental que se deriven del trabajo se reconozcan como enfermedad laboral.
El documento especifica el proceso de codificación y comunicación de la sospecha clínica de un trastorno de salud mental causado por el trabajo
Por último, la hoja de ruta establece la puesta en marcha del sistema de vigilancia de los trastornos mentales de posible origen laboral para contar con datos y visibilizar el problema. Las fuentes de información de este sistema, que formará parte del Red Estatal de Vigilancia en Salud Pública, vendrán de los datos que faciliten los médicos de atención primaria y los de otras especialidades, como salud mental, los de inspección de los servicios sanitarios y los de medicina del trabajo de los servicios de prevención.







