Redacción
Vivir en zonas socialmente desfavorecidas podría estar relacionado con una mayor inflamación cerebral y con la aparición temprana de biomarcadores asociados al alzhéimer. Así lo indica un estudio publicado en la revista Neurology, de la Academia Americana de Neurología, que apunta a una asociación entre la desigualdad y alteraciones biológicas vinculadas a la neurodegeneración.
El Centro Médico de la Universidad de Vanderbilt, en Estados Unidos, ha liderado la investigación. Esta se enmarca en el esfuerzo por entender los mecanismos que explican por qué las condiciones socioeconómicas pueden influir en el riesgo de demencia. Aunque el estudio no establece una relación causal directa, sus resultados sugieren que vivir en un entorno marcado por la desigualdad podría favorecer procesos inflamatorios y neurológicos relacionados con el alzhéimer.
El trabajo analizó a 334 personas con una edad media de 73 años, sin demencia en el momento de su incorporación al estudio. Todas ellas se sometieron a pruebas cognitivas, escáneres cerebrales y análisis de sangre, mientras que 190 participantes también proporcionaron muestras de líquido cefalorraquídeo a lo largo de un seguimiento de hasta nueve años, en evaluaciones programadas a los 18 meses, tres, cinco, siete y nueve años.
Las personas que vivían en vecindarios con mayores niveles de desventaja presentaban concentraciones más elevadas de tau en el íquedo cefalorraquídeo desde el inicio del estudio
La desventaja según el barrio se determinó mediante un índice compuesto por indicadores como el nivel de ingresos, desempleo, acceso a educación y tasas de discapacidad en el área de residencia. Así, los análisis mostraron que las personas que vivían en vecindarios con mayores niveles de desventaja presentaban, desde el inicio del estudio, concentraciones más elevadas de tau en el íquedo cefalorraquídeo, uno de los principales biomarcadores del alzhéimer. Además, también se observaron niveles aumentados de YKL-40, una proteína relacionada con inflamación cerebral y activación de la microligia.
Estos hallazgos se mantuvieron tras ajustar por variables como edad, sexo y nivel educativo. En el seguimiento longitudinal, los investigadores encontraron que la desventaja vecinal también se asociaba con incrementos más rápidos en los niveles de proteína C reactiva (PCR) de alta sensibilidad, un marcador de inflamación sistémica ampliamente utilizado en investigación clínica. Tanto es así que cada percentil de aumento en desventaja vecinal correspondía a un incremento anual de 0,05 mg/L en los niveles de PCR.
La desigualdad en el entorno residencial, factor a valorar para diseñar estrategias preventivas del alzhéimer
A partir de estos datos, los autores señalan que los profesionales de la salud podrían considerar las condiciones del entorno residencial como un factor más a la hora de valorar riesgos y diseñar estrategias preventivas. Intervenciones centradas en el estilo de vida, como el ejercicio regular o las técnicas de reducción del estrés, podrían ser particularmente útiles en personas expuestas a entornos de alta desventaja social.
Los autores subrayan, sin embargo, que el perfil sociodemográfico de los participantes representa una limitación importante: la mayoría eran personas blancas, con un nivel educativo alto y residentes en barrios menos desfavorecidos que la media de Estados Unidos, lo que limita la generalización de los resultados a poblaciones con mayor diversidad y exposición estructural a la desigualdad.
Pese a ello, el estudio contribuye a reforzar la evidencia de que los determinantes sociales no solo modulan el acceso a la atención sanitaria o los estilos de vida, sino que también pueden influir directamente sobre procesos biológicos clave en el desarrollo de enfermedades neurológicas. En el caso del alzhéimer, la desigualdad social podría estar actuando mucho antes de que aparezcan los primeros síntomas clínicos.








